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@KaremBarratt

Una de las cosas que impide a muchos a ver el lado positivo de las cosas es la creencia, usualmente falsa, de que en el pasado todo era mejor y que con los años la calidad de vida se ha ido perdiendo. La razón es una mescla de selección de recuerdos e ignorancia. Cuando miramos al ayer lo hacemos como si fuera un álbum fotográfico. Normalmente en los álbumes ponemos fotos de momento especiales en donde, en teoría por lo menos, la pasamos bien –o por lo menos sonreímos ampliamente para la cámara. Al hojear dicho álbum, la impresión que tenemos es que la vida hasta la última página fue una larga fiesta, todos nos veíamos bonitos, arreglados y educaditos y nuestro ambiente era  más alegre y “tecnicolor.” Pero la verdad verdadera es que un álbum es un registro incompleto de nuestra vida. Entre foto y foto hubo días de aburrimiento, días de tensión, días de tristezas, días de amargura, días de rabias.

Ahora, veamos que hemos perdido con nuestra era presente. Para muchos quizás hay una pérdida de vitalidad con el paso de lo años, es cierto. Pero el nuevo siglo le ha dado nuevo ímpetu a la edad madura y a la vejez. Entre información sobre alimentos y ejercicios, suplementos nutritivos,  acceso a técnicas de relajación y avances médicos, las años dorados son más brillantes en ciertos aspectos. Quizás haya que trabajar más lo de de las relaciones, la necesidad que hay que trabajar más tiempo. Pero los estudios y la experiencia demuestran que mientras más activa se mantengan las personas más felices son, así que la idea de la mecedora contemplando al gato se puede quedar, en mi opinión, bien en los 50s y 60s.

Algunos se quejan de la perdida de los valores actuales. De nuevo habría que ver esta afirmación con cuidado. Si bien es cierto que el divorcio y la facilidad de obtenerlo parecen romper más familias, también es cierto que de manera algo diferente esto igual ocurría en el ayer. La diferencia era que normalmente el hombre abandonaba el hogar (aunque también lo hizo más de una fémina) y dejaba a la familia desamparada o tenían segundas y hasta terceras familias “secretas” sobre las cuales todo el mundo sabía. Chicas  y chicos sexualmente liberados siempre ha habido siempre, solo que en el pasado eran, por necesidad, más discretos y quizás hasta hipócritas.

Por otro lado, la sociedad de hoy en día ha ganado ciertos valores, como es la aceptación de las personas independientemente de su color, religión, recursos económicos y, en algunas comunidades, de su tendencia sexual. Nos preocupamos mas por el bienestar del planeta y las diferentes especies; respetamos mas a los chicos y a las personas  vulnerables; hemos conseguido grandes logros en la igualdad entre los hombres y las mujeres; estamos más dispuestos a ayudar y colaborar con el bienestar de personas en otros países; a pesar del consumismo, estamos comenzando a tomar conciencia sobre la manera en que nuestros hábitos de compra afectan a ciertas comunidades, condiciones sociales y equilibrio ambiental. Lo que quizás se ha perdido en el número de personas llenando las iglesias el domingo se ha ganado en personas trabajando su espiritualidad individualmente.

Luego tenemos el tema de la violencia y las guerras. Algunos ven estos tiempos modernos y juran que nos acercamos al Armagedón. Pero de nuevo, a pesar de la potencia destructora de las armas contemporáneas, si vemos la historia militar de la humanidad veremos que casi que nos chupamos el dedo comparados con la ferocidad de los conflictos anteriores. ¿Qué tanto sabes de los etruscos? Imagino que poco porque la Roma de la antigüedad los destruyó hasta el punto, según las palabras de un escritor romano, “no les quedaron ni los ojos para llorar.” Poca cosas buena hay que decir sobre la guerra. Pero en estos tiempos la cuestionamos mas, nos horrorizamos más y hasta entendemos un poco más que las guerras poco tienen que ver con los pueblos y si mucho con los intereses económicos y políticos de unos pocos.

También tenemos el tema de la economía. De nuevo, para muchos que fuimos jóvenes en los ochentas (particularmente en Venezuela) poco se compara a los viajes a Disney, la compra del carro para el  día de parada y una Tv en cada  habitación. Pero si nos vamos un poquito más atrás, a los setentas, veremos que muchos nos contentábamos con relativamente poco. Uno recibía un par de juguetes en Navidad y el día del cumpleaños. Entre una y otra fecha, con suerte y si te portabas bien, te compraban muñecas de papel y te daban dinero para comprar suplementos de comiquitas, los cuales cambiabas por otros usados. La ropa y zapatos nuevos se adquirían para el 31 de diciembre y tenías que durar todo el año. Solo había una TV por familia y había que aprender el sutil arte de la negociación para decidir que se iba a ver. Nuestros DS y Gameboys eran el parque, los juegos de futbol con los chicos de la cuadra, los desfiles de modas con la ropas de mama, los cuentos de terror que nos echábamos alumbrados con una linterna, los arboles que trepábamos como monos. Éramos felices en nuestra sencillez.

Aun así, algunas quejas eran las mismas: las madres llegaban del mercado hablando del alto precio de la carne; cada cierto tiempo desaparecía un artículo de “primera necesidad” (todavía recuerdo cuando desapareció la harina pan y comí arepas amarillas por primera vez) y había que ir de cacería por todos los abastos a encontrarlos; la quincena no alcanzaba y había que pedir fiado; las mam s hacia “sanes” para ayudar a pagar las cuentas y la idea de reciclar estaba muy de moda a nivel de la ropa de chicos, la cual pasaba del mayor al menor y de ahí a los primos, amigos hasta que terminaban o de coleto o de mantita para un juguete. Es ese sentido, quizás el pasado fue mejor porque nos está sirviendo de maestro, recordando que se puede vivir bien con menos y que algunas cosas, como el precio del aceite, siempre van a levantar ronchas.

Si escarbamos lo suficiente veremos en la historia de la humanidad grandes manchas obscuras. Pero también hay mucha luz. Y esa luz incluye a nuestros tiempos. Hoy estamos exigiendo más respuestas y acciones que creen igualdad y justicia social; estamos ejerciendo nuestro poder político, económico y social para presionar por cambios que beneficien a la mayoría. Muchos estamos comprendiendo la necesidad de trabajar juntos para sacar la comunidad adelante, limando asperezas y practicando el respeto y la tolerancia. Estamos viendo los resultados de nuestros errores en muchos ámbitos, incluyendo el ambiental y estamos dando pasos para enmendarlos. Estamos en medios de grandes cambios, tanto a nivel del planeta como a nivel de ideales y pensamientos y vemos como, aunque hay algunos rindiéndose al pesimismo hay otros dejando que su creatividad abra la puerta a soluciones inesperadas y originales. En su libro, Historia de Dos Ciudades, Dickens describió a su época como: eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos. Y esa es una gran verdad que se aplica a todos los tiempos.