El ruiseñor. Cuento para niños de Hans Christian Andersen sobre la libertad

@addais Este es un cuento infantil que nos deja una valiosa enseñanza:

“En un lejano país de Oriente en un palacio de cristal recubierto de piedras preciosas y adornado por majestuosos jardines, manantiales, lagos y fuentes bellísimas, vivía Samara, la hija de un comerciante rico. Hermosa y solitaria había crecido rodeada de lujos y consentida de todos los caprichos, tal vez por eso no mostraba ilusión por nada y nadie conseguía hacerla feliz, acostumbrada a que la agasajasen con caros y extravagantes regalos, los desdeñaba sin ni siquiera llegar a abrirlos.

Pero un día mientras Samara paseaba ensimismada por los jardines del palacio, escucho el mas extraordinario canto que jamás había oído, un sonido mágico que llenaba de vida su corazón, intrigada por esta música que parecía ser de otro mundo, la fue siguiendo hasta llegar a la sala donde era depositados, los valiosos regalos de caballeros, comerciantes o lugareños que visitaban el palacio y allí descubrió su procedencia, una delicadísima jaula de plata de línea sencillas, muy hermosa, en la que habitaba una pequeña criatura, el pajarillo que interpretaba esa música sublime.

Una tarjeta acompañaba el inesperado presente: Este pájaro es un ruiseñor, espero que te deleite con su canto. La joven acogió de muy buena gana el obsequio. Qué maravilla de la naturaleza era aquella ave fantástica. Era un placer escucharlo y observarlo, pero con el paso del tiempo, la joven descubrió algo en los ojos del pajarillo que la tenía preocupada, parecían esconder una profunda tristeza.

Samara cuido mucho y bien al ruiseñor y llego a quererlo como nunca había querido a nadie, ni animal, ni persona. El la hacía muy feliz, pero no parecía sentir lo mismo en su situación, aquella mirada llena de melancolía.

¿Qué te ocurre, querido amigo? Decía Samara. Pasaron los días y el ruiseñor comenzó a ponerse enfermo, no comía, no conseguía cantar, estaba muy abatido, casi sin vida, la situación empeoraba.

Después de consultar médicos, hechiceros, curanderos y un sinfín de personas, sin obtener un remedio para la enfermedad del ruiseñor, la joven presa de la más absoluta desesperación, ofreció una recompensa a cualquiera que ayudara a recuperar la salud y la alegría de su ruiseñor.

Fueron muchos los que se acercaron, pero ninguno logro resultados. Un día se presentó un hombre mayor que decía poseer la facultad de comunicarse con las aves y también que podía averiguar cuál era el mal que le aquejaba al pajarillo. Escéptica, pero con una débil esperanza, la joven lo acompaño a la habitación en la que se encontraba el ruiseñor.

Al acercarse el experto lo miro detenidamente y lanzo un silbido suave, al que de inmediato respondió el animal piando débilmente. Enseguida pareció que conversaban, porque durante varios minutos se sucedieron los gorjeos de ambos lados.

De repente, el hombre se volvió hacia la joven y le dijo: El mal que aqueja al ruiseñor es grave, pero tiene cura, siempre que tu estés dispuesta a poner de tu parte.

Por supuesto, dime que tengo que hacer, debemos actuar cuanto antes., dijo Samara.

Escúchame atentamente- dijo el hombre- Tu fiel compañero te quiere tanto como tú lo quieres a él. Durante este tiempo que habéis convivido, lo has cuidado y mimado y está muy agradecido. Me ha contado como lo capturaron, cuando era joven y todo lo que ha sufrido desde entonces. Y cuanto te agradece el cariño recibido, pero echa de menos su hogar y esto ha hecho mella en su pequeño corazón. Está aquejado de nostalgia, añora a su familia, a sus amigos, su antigua vida, su libertad.

No obstante, es la nobleza de esta criatura que no te pide que lo liberes, sino que le permitas, aunque solo sea una vez, volar hasta la que fue su casa a reencontrarse con su familia. A cambio el promete por el afecto que te tiene, regresar y seguir a tu lado para siempre. Así que su curación esta en tus manos. ¿Estas dispuesta a dejar volar a tu ruiseñor?

Se hizo el silencio. El hombre conocedor de la fama de la joven, dudo de su compasión, pero cuando la miro a los ojos y vio las enormes lágrimas que corrían por sus mejillas, pensó que tal vez había esperanzas.

Por supuesto que abriré la puerta dela prisión en la que jamás debiste entrar, – dijo Samara -mirando al ruiseñor. Que ciega he estado, solo pensaba en mí y lo único que realmente quiero ahora, es tu felicidad.

Abrió la puerta de la jaula y le dijo: Vuela, eres libre, libre en todos los sentidos, incluso para no regresar jamás, si es lo que deseas. Me has enseñado lo más hermoso, que, para amar de verdad, hay que amar de forma desinteresada. Te quiero ruiseñor hasta siempre.

El pajarillo le dedico una última melodía y se alejó volando con las pocas fuerzas que le quedaban.

Cuentan que el ruiseñor volvió al año siguiente, apareció en la ventana de la habitación de Samara y la despertó con su canto. La alegría fue inmensa para ambas partes. El ruiseñor nunca más vivió en jaula y siempre regresaba a visitar a Samara y pasaban tiempo juntos. Samara y el ruiseñor fueron amigos para siempre y supieron que el amor verdadero no pone frenos, ni barreras. Es puro y libre, feliz y extenso. El amor es respeto, sin limitar libertades. “ @addais