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Por @karembarratt

Deméter, la diosa de la agricultura y fertilidad, tenía una preciosa hija llamada Koré,  cuyo padre era el gran Zeus. Koré era literalmente la niña de los ojos de Deméter: ella representaba la alegría, la juventud, la inocencia y la esperanza para su madre y ambas estaban muy unidas. Un día, cuando Koré estaba recogiendo flores con unas amigas en el campo, se abrió una gran brecha en la tierra, y de esta salió Hades, el dios del inframundo, quien rapto a Koré. Al momento del suceso, no había nadie cerca, así que lo único que las amigas pudieron informar a Deméter es que Koré había desaparecido. Desesperada, Deméter recorrió la tierra, buscando a su hija: envió mensajes para todas partes, pero nadie podía darle información sobre el paradero de Koré.

Ahora, Zeus, por razones medio machistas que solo él comprende, si sabia en donde estaba Koré, ya que él había dado la mano de su hija a Hades, sin consultar primero con Deméter. Quizás no pensó que la diosa iba a tomar la desaparición tan a pecho; quizás le dio miedo enfrentarse con la ira de una madre, pero lo cierto es que por mucho tiempo se quedó callado. Por su parte, presa de la tristeza y la depresión, Deméter olvidó sus deberes con la tierra. Las plantas dejaron de producir frutos y la humanidad comenzó a padecer una gran hambruna. Escuchando los gritos de los hombres, Zeus decidió que era hora de enfrentarse a Deméter y contarle la verdad. Al enterarse de lo ocurrido, Deméter exigió que se le devolviera a su hija de inmediato. Zeus dijo que ella era ahora esposa de Hades y reina del inframundo y que la cosa no era  tan sencilla. El dios envió un mensaje a Hades, el cual replicó que, aunque él quisiera (y no quería), Koré, llamada ahora Proserpina, no podía regresar a la tierra de los vivos, porque había comido 6 semillas de granada, fruta de dedicada a Hades. Deméter contestó diciendo que si no le devolvían a su hija, la humanidad entera se podía morir de hambre, así de sencillo.

Después de algunas negociaciones, se acordó de que en vista que Proserpina solo había comido seis semillas, entonces podía pasar seis meses en la tierra con su madre y los otros seis meses en el inframundo, con su esposo. De ahí la idea que la primavera y el verano representan los meses en que Proserpina vuelve a ser la virginal Koré y trae alegría al corazón de su madre y que otoño  e invierno representan los meses en que Proserpina regresa con su esposo, sumiendo a su madre en eventual tristeza y obscuridad.

Los misterios eleusinos tomaban este mito para proponer la idea de la vida después de la muerte. Se dividían en misterios mayores y menores. En los menores participaba un gran número de personas y se realizaban en diversos días. Contaba con una ceremonia de purificación, en que la gente «pasaba» sus errores y pecados a un cerdo (algo así como el chivo expiatorio de los judíos) y luego lo sacrificaban a la diosa Deméter. También incluía una procesión nocturna, donde la gente tomaba el rol de la diosa en su busqueda de Koré y llamaban a esta a gritos  y luego había una ceremonia y un festín comunal. Desde esta perspectiva, Koré representaba al alma humana, renaciendo del inframundo.

Los misterios mayores eran un proceso de iniciación. Como dije en el artículo sobre los misterios de Odín, aunque en teoría todo lo que pasaba era «secreto,» quedaron suficientes comentarios y sugerencias para elaborar teorías sobre de que se trataban estos misterios mayores. La mayoría de los estudiosos están de acuerdo que la experiencia incluía una especie de encuentro con la Divinidad, aunque la opinión se divide en cuanto si este encuentro se daba a través de un teatro sagrado, el uso de algún psicotrópico o técnicas espirituales que conllevaran a un momento místico. Igualmente hay divergencia de opiniones sobre cuál era el fin de los misterios mayores. Aquí voy a compartir la teoría que mas sentido tiene para mí.

De acuerdo a esta idea, el fin de los misterios mayores no era solo demostrar que era alma era inmortal o sugerir la reencarnación. Eso más o menos era aceptado en la comunidad griega en general. Para los griegos, al morir el espíritu de la persona tenía tres posibles lugares a donde ir en el inframundo o Hades: a una especie de infierno  castigador si había actuado mal y sido condenado por los dioses, a una isla de verano y eterna juventud si había sido un héroe o a una especie de limbo, donde las alma o dormían o se movían casi de manera sonámbula, como sombras, sin sufrimientos, ciertos, pero tampoco sin alegrías. Pero en los misterios mayores parecía darse otra opción: si el alma era al mismo tiempo Koré y Proserpina, una joven «del mundo» y una diosa «vencedora de la muerte», entonces no importara en donde estuviera, el alma iluminada reconocía y actuaba desde esa verdad divina. No solo se sabía inmortal, si no que en esta vida, en la siguiente, en Hades, en donde fuera, el alma despierta llevaba consigo su propia luz y hacia su propio paraíso, aquí en la tierra y en el mas allá. Por eso, el iniciado en los misterios mayores veía a la vida de una manera diferente, se relacionaba con el mundo y las experiencias humana de manera más optimista y alegre. Como Koré, se sabía hija de dioses y como Proserpina se aceptaba como ama del inframundo, con el poder de vivir plenamente en cualquier dimensión.