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Por @virginiaescobar

Entre los griegos de Tesalia y Macedonia, cuando dura una sequía demasiado tiempo, se acostumbra enviar una procesión de niños alrededor de todos los pozos y manantiales de la vecindad. Al frente de la procesión marcha una muchacha adornada con flores y a la que sus compañeros arrojan agua en todos cuantos sitios se detienen, mientras cantan una invocación, parte de la cual es lo que sigue:

«Perperia, cubierta de rocío, refresca todo el barrio, por los bosques y el camino, por donde vayas, reza a Dios;¡Oh, Dios mío! sobre el llano, mándanos un chaparrón, para que los campos sean fértiles y veamos las vides en flor para que el grano sea bueno y abundante y toda la gente de por aquí prospere.»

En tiempo de sequía los servios desnudan a una muchacha de toda su ropa y la visten recubriéndola de cabeza a pies con yerbas, plantas y flores y hasta tapándole la cara con un velo de viviente verdor. Así disfrazada y denominada Dodola, marcha por la aldea al frente de un grupo de muchachas, parándose ante cada puerta, dando vueltas y bailando mientras las chicas que la acompañan forman un círculo a su alrededor cantando alguno de los «cantos de Dodola», y después las amas de casa vuelcan un cubo de agua sobre ella. Uno de los cantos es como sigue:

«Nosotras vamos por la aldea las nubes van por el cielo; nosotras vamos ligeras, más de prisa van las nubes: ellas nos han adelantado y han mojado las mieses y las viñas.»

En Poona, India, cuando necesitan que llueva, los muchachos visten a uno de ellos solamente con hojarasca y le llaman el rey de la lluvia. Van todos en grupo dando vueltas por entre las casas de la aldea, donde sus dueños o sus mujeres remojan con agua al rey de la lluvia y les dan cosas variadas para comer. Cuando han recorrido todas las casas «deshojan» al rey de la lluvia de su cubierta foliácea y meriendan lo que han ido reuniendo.

Tomar un baño como hechizo para la lluvia, se practica en algunas partes de la Rusia meridional y occidental. Después de su servicio en la iglesia, los feligreses tiran al suelo al sacerdote revestido y le vierten agua encima. Otras veces son las mujeres las que sin quitarse la ropa se bañan juntas el día de San Juan Bautista y, mientras, hunden en el agua un muñeco hecho de ramas, yerbas y verduras que suponen representa al santo. En Kurs, provincia de la Rusia meridional, cuando las lluvias se hacen esperar demasiado, las mujeres cogen al primer forastero que pase por allí y le tiran al río o le mojan bien de la cabeza a los pies. Ya veremos después que el forastero que pasa es frecuentemente tomado por alguna deidad o personificación de algún poder natural.

En documentos oficiales se hace constar que durante una sequía, en el año de 1790, los campesinos de Scheroutz y Werboutz reunieron a todas las mujeres y las obligaron a bañarse para que lloviera. Un encantamiento de lluvia en Armenia consiste en tirar a la mujer del sacerdote al agua para que se empape bien. Los árabes del norte de África cogen a un santón y quieras que no le zambullen en una fuente como remedio contra la sequía. En Mínahassa, provincia del norte de Célebes, se bañan los sacerdotes como un hechizo para la lluvia.

Fuente: La Rama Dorada. James George Frazer. 1890 (primera edición).