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Por @virginiaescobar

La momificación no se practicaba en tiempos predinásticos. De hecho, se acostumbraba a cortar los cuerpos de los muertos en trozos. Esta costumbre encuentra eco en la historia del cuerpo de Osiris que fue al parecer dividido en catorce trozos y reensamblado por su esposa y hermana, Isis, quien pronunció sobre él palabras, mágicas (enseñadas por Thoth), convirtiéndole así en inmortal.

Pero posteriormente adoptaron la esta extraña costumbre más esotérica llena de rituales y oraciones; en el cual el cuerpo del difunto estaba compuesto por una serie de entes que debían ser atendidos por separado. Tal vez, por esa razón los rituales funerarios del antiguo Egipto nos parecen tan complicados y engorrosos, ya que para el siglo XXI el difunto es solo cuerpo y alma, por lo menos para la mayoría de las culturas.

¿Qué es lo que creían y cómo representaban esas creencias?

La ceremonia espiritual constituía algo así como un «entou-rage», e implicaba «varios vehículos», cada uno de los cuales desempeñaba una función específica en el esquema metafísico de las cosas.

SAHU

En primer lugar tenemos el «sahu», que era una forma de cuerpo etéreo. Después de la muerte podía ser utilizado por el espíritu para trasladarse a planos superiores, pero el estado desahu sólo podía alcanzarse si, sobre el cuerpo de la persona muerta, se pronunciaban determinadas oraciones. El sahu podía ascender entonces al paraíso y vivir allí con los dioses. Se trataba de hecho de un vehículo inmortal, y en él vivía el alma.

EL KA

El cuerpo físico se denominaba khat; es decir, el cuerpo susceptible de descomposición y que sólo podía conservarse mediante la momificación.

El ka era una personalidad abstracta en posesión de la forma y atributos del hombre a que pertenecía y, aunque su lugar habitual de residencia era en la tumba junto con el cadáver, podía vagar de un sitio a otro a voluntad. Al ser independiente del cuerpo podía dar alma a algún objeto inanimado, tal como una estatua, o realizar un buen trabajo de caza. Según creían los antiguos egipcios, al ka le gustaban las comidas sabrosas y un buen vaso de vino, por lo que había que tener cuidado de tenerle bien abastecido ya que, en caso de que pasara hambre y se dedicara a buscar comida entre las sobras y por los vertederos, podía volver a la tumba con gérmenes nocivos que contagiasen a su momia, tan limpia y agradable.

EL BA

Pasamos ahora al ba, o alma, que de alguna forma inexplicable estaba relacionada con el ka, en quien, o con quien, se suponía que vivía dentro de la tumba. Se trataba de muy buenos compañeros, pues parece ser que, cuando no estaba visitando a Osiris en regiones más elevadas, al ba le gustaba compartir una buena comida con su amigo ka. El ba podía visitar el cuerpo siempre que quisiera. EL AB

A continuación tenemos el ab, o corazón. Estaba estrechamente relacionado con el alma, y se consideraba la fuente tanto de la vida animal como del bien y el mal en el ser humano. La conservación del corazón se consideraba de la mayor importancia y, en las autopsias egipcias se extraía para someterlo a un examen especial. Algunas veces se consideraba incluso como el centro de la vida espiritual y del pensamiento, así como el órgano a través del cual se revelaban las manifestaciones del vicio y la virtud. Otra forma de llamarlo podía ser «conciencia»

EL KHAIBIT

A continuación viene el khaibit, o sombra. Estaba a su vez relacionado con el ba o alma, y era considerado como parte integral del conjunto humano. Parece ser que, al igual que el ka, se alimentaba por medio de ofrendas y libaciones y que contaba con una existencia aparte del cuerpo. Todo esto se presta a cierta confunsión, ya que todos los elementos hasta ahora descritos se consideraban como parte y componente de la momia. EL KHU

El khu, o espíritu, suele mencionarse en relación con el ba o alma, y parece haber sido considerado como un objeto brillante que vivía junto con el alma en el sahu o cuerpo espiritualidad

EL SAKHEM

Viene a continuación el sekhem, o poder, del que se decía que era la personificación de la fuerza vital del ser humano. El sekhem vivía en el paraíso entre los khus o espíritus. EL REN

Tenemos finalmente el ren o nombre. Los egipcios se tomaban grandes molestias para conservar su nombre, ya que existía la creencia extendida de que, al menos que se conservara el nombre de un hombre, dejaría de existir.

Esto es algo sobre lo que se puede reflexionar; pues, aunque es posible que no nos desvanezcamos en algún universo paralelo si alguien no nos saluda de vez en cuando, la importancia numérica de un nombre tiene un notable significado, y lo mismo puede decirse del sonido de la propia palabra.

Las modernas enseñanzas esotéricas mantienen la creencia de que la vibración de un nombre es de la máxima importancia y puede contribuir a la armonía o desarmonía de una vida. Estos jeroglíficos, más los que representan las formas de los dioses, son los más corrientemente hallados en tumbas y cámaras funerarias.

Existen por supuesto otros muchos relacionados con las contingencias de la existencia cotidiana y con las formas de vida de las personas que los empleaban. Aunque bastante devotos, los egipcios no eran muy inventivos en el sentido científico de la palabra; las habilidades que pudieran poseer en tiempos primitivos no llegaron hasta las últimas dinastías, y en la mayoría de los casos parecen haber sido aprendidas de alguna civilización más avanzada de colonos que se establecieron en Egipto en tiempos predinásticos procedentes de algún lugar desconocido y que muy pronto (o al menos así parece) volvieron a él.

Fuente: Magia Egipcia. Murry Hope. 1983.