Etiquetas

, , , , , ,

Por @virginiaescobar

Cuando se habla de las brujas en una conversación coloquial rápidamente sale a relucir el asunto de si volaban en sus escobas o con cualquier otro artilugio. Hoy, por suerte, tenemos mucha información al respecto y sabemos lo que podía pasar por la mente de aquellas mujeres que creían volar físicamente hacia sus aquelarres.

Es curioso: nadie nunca las vio volar, pero a partir de una época determinada todos estaban convencidos de que podían hacerlo.

Aunque ya el Canon Episcopi (del siglo X) hablaba por primera vez de la facultad de volar de las brujas, negaba toda realidad a este hecho considerándolo una fantasía, un sueño. No se dio crédito a estas historias hasta bien entrado el siglo XIV donde se empezó a considerar la realidad de estos transportes sobrenaturales y más cuando alguna bruja, bajo tormento, lo confesaba con todo lujo de detalles.

Hoy se sabe que hay una relación directa entre esos vuelos y las sustancias que se untaban por el cuerpo antes de emprender esos viajes alucinantes. Y la realidad es que eran alucinantes porque se trataba de viajes alucinógenos. Se desprende de miles de declaraciones que figuran en los procesos inquisitoriales.

Uno de los primeros que se dio cuenta de tal hecho fue el médico español Andrés Laguna, que a mediados del siglo XVI ya advertía de que estas mujeres untaban su cuerpo con cicuta, hierba mora, beleño y mandrágora. Hizo la prueba con la esposa del verdugo de Metz, que tenía fama de reputada bruja, y al poco rato cayó en un trance, un profundo sueño que duró 36 horas, al cabo de las cuales volvió en sí y se quejó de que la hubieran despertado en pleno goce de los sentidos, mientras estaba retozando con un apuesto jovenzuelo, con el consiguiente mosqueo del verdugo. Esas sustancias y otras son las que componen el famoso «ungüento volador de las brujas».

Recientemente, el doctor M. J. Harner ha estudiado a fondo la composiciónde estos ungüentos y ha descubierto que todos ellos llevan atropina, un poderoso alcaloide, así como mandrágora y beleño. Estas sustancias producían un letargo y generaban unas experiencias psicodélicas que les hacia sentir como algo real el vuelo a sus aquelarres.

Fuente: Breve Historia de la Brujería de Jesús Callejo.