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Fuente: Cuentos Celtas, Cuentos Folklórico. Traducción, prólogo, selección y notas de Jorge Finderbrider y Gerardo Gambolini.
Y dice así:
Nota del Autor.
«De acuerdo con Miss Letitia Maclintock, no existe pueblo en Irlanda en el que las brujas no hayan robado la leche de alguna vaca. William Butler Yeats señala que el hechizo puede contrarestarse calentando al rojo la reja del arado, con lo cual la bruja saldrá corriendo y gritando que se quema»
Cuento.
«No lejos de Rathmullen, en Dineral, vivía una familia llamada Hanlon. Muy cerca los Hanlon vivían los Dogherty. Ambas familias tenían buenas vacas, pero los Hanlon tenían la fortuna de poseer la vaca de Kerry que daba más leche y una manteca más amarilla que la de otras vacas.
Grace Dogherty, una muchachita a quien todos los vecinos admiraban pero no querían, se interesó vivamente por la vaca de Kerry. Así, una noche se apareció en la puerta de Mrs. Hanlon y le preguntó:
– ¿Me dejaría ordeñar la vaca?
– ¿Y por qué deseas ordeñar mi vaca, Grace querida? -Preguntó Mrs. Hanlon.
– Oh, porque usted se ve muy cansada -respondió la muchacha.
– Muchas gracias, Grace, pero no estoy tan cansada que no pueda hacer mi propio trabajo. No voy a molestarte para que ordeñes mi vaca.
La muchacha se alejó con aire disgustado, pero a la noche siguiente (Y todas las otras noches) volvió a insistir con el mismo pedido. Finalmente,  Mrs. Hanlon,  no sabiendo cómo persistir en su negativa, le permitió a Grace que ordeñara la vaca de Kerry.
Pronto lo lamentó. La vaca dejó de darle leche a su dueña.
Ese estado de las cosas duró por tres días. Entonces, muy preocupados, los Hanlon recurrieron a un tal Mark McCarrion, que vivía cerca de Binion.
– Esta vaca fue ordeñada por alguien que la ojeó -dijo Mr. McCarrion.
– ¿Qué haremos para que vuelva a dar leche? -Preguntó Mr. Hanlon.
McCarrion entonces murmuró unas palabras y consiguió extraer una pinta de leche de la vaca de Kerry. Luego, tendió el cubo a los Hanlon y les dijo:
– Traben la puerta, busquen nueve alfileres que nunca hayan sido usados en las ropas, póngalos en una cacelora con la pinta de la leche, colóquenla en el fuego y hagan que hierva.
Pronto los nueve alfileres empezaron a hervir en la leche de la vaca de Kerry.
Entonces se oyeron pasos rápidos que se acercaban a la casa seguidos por golpes nerviosos en la puerta cerrada. Cómo nadie contestó, enseguida se oyó la voz de Grace Dogherty que decía:
– ¡Por favor. Mes. Hanlon, déjeme entrar! ¡Por favor, saque la cacerola del fuego! ¡Los alfileres me lastiman! ¡Se me clavan en el corazón! ¡Le juro que nunca más volveré a tocar su leche!