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Por @virginiaescobar

Es evidente que los wiccanos mantienen un vínculo muy especial con la naturaleza y el medio ambiente. Esta relación se caracteriza por la veneración y la responsabilidad. No podemos venerar al espíritu de la naturaleza si hacemos caso omiso del impacto muchas veces negativo que la humanidad ejerce sobre la Tierra. Muchos de nosotros consideramos la gran red terrestre, las hebras que conectan entre sí todos los seres y elementos del planeta, como un ser íntegro. En ocasiones le damos a este biosistema interconectado el nombre de «Gaia», la Madre Tierra primordial que parió sin inseminación de las aguas, el cielo y las montañas. Tanto si creemos en Gaia como entidad unitaria, como si la consideramos un símbolo de la interdependencia de los seres del planeta, nos sentimos responsables del bienestar de la Tierra.

Como sistema, Gaia tiene problemas y, por consiguiente, nosotros también los tenemos. El agujero creciente de la capa de ozono, los cambios rápidos en el sistema metereológico y el calentamiento del planeta son claras señales de peligro. Sabemos lo que debemos hacer: promover la biodegradabilidad, abandonar los combustibles fósiles, conservar las selvas tropicales, reducir la contaminación del aire, tierra y agua, y buscar formas de energía seguras y sostenibles. Dependemos de la supervivencia de la Tierra, y la salud de nuestro planeta influye en todos los habitantes. Como brujas y brujos, nuestros poderes y nuestro espíritu se alimentan del contacto con el mundo natural. Observar cómo nuestro planeta está cada vez más contaminado nos angustia mucho. Ver cómo nuestros compañeros, los árboles, campos, ríos y animales se enfrentan a la destrucción nos entristece. Todos esos seres son nuestros familiares: para los wiccanos, son nuestros vecinos y amigos, con los que intentamos convivir.