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Por @virginiaescobar

Concheta Barone era hija de inmigrantes Italianos que llegaron a los llanos venezolanos en busca de una mejor vida, como muchos inmigrantes que llegaron a Venezuela a principios del siglo XX.

Para ese momento las actividades petroleras prometían, pero el campo seguía siendo la mayor fuente de riqueza del país.

Concheta llegó en barco a los 5 años, y tuvo que realizar junto a su familia un largo viaje desde la Guaira hasta los llanos, dónde los esperaba el tío Guiseppe, quien había llegado unos años antes y después de mucho trabajo había logrado montar una Pulperia.

Su tío, sus padres, sus 5 hermanos y ella se acomodaron en la parte superior de la tienda donde vivieron por un largo tiempo.

Concheta, al igual que el resto de los niños, la inscribieron en el colegio y fue ahí donde conoció a Jordi Rovira, un chico de su misma edad que era hijo de catalanes.

Desde el primer día Concheta y Jordi se hicieron los mejores amigos, y eso siguió así hasta que llegaron a la adolescencia y entonces se hicieron novios, todos sabían que Concheta y Jordi algún día no muy lejano se casarían y formarían una hermosa familia. De hecho algunos jugaban diciendo que los niños que algún día tendrían serían italo-catalanes y otros decían que serían catalo-italianos, a lo que la Abuela Concheta y Jordi decían que serían venezolanos.

Concha sabía que su suerte en el amor se debía al «Tótem» que le había regalado su «Nona» antes de partir a América, que consistía en un caballito de madera el cual le había garantizado buenos maridos a las mujeres de su familia, y todas habían logrado un marido trabajador, no había ninguna soltera.

Concha le tenía mucha fe a su caballito de madera, puesto que tenía a Jordi y eso la hacía muy feliz.

Pero en 1918 llegó a Venezuela la Gripe Española y los pueblos rurales representaron un cultivo magnífico para la propagación de la misma, y a principios de 1919, Jordi y otros miembros de su familia cayeron enfermos, sólo que Jordi no se recuperó y murió. Concheta de la rabia y la impotencia lanzó el caballito al río, porque definitivamente había perdido su poder.

Esta peste junto a la creciente industria petrolera terminó con el auge de los llanos y la familia de Concha, como muchos otros, migraron al Oriente de Venezuela.

Después de dos oscuros años de aquel fatídico día de la muerte de Jordi, su mamá le dijo que hora de reponerse y comenzar a pensar en buscar un esposo, porque ya sus hermanos y hermanas se habían casado, y la gente empezaba a hablar de ella como la solterona, o la que se quedaría a vestir santos.

Pero la verdad es que a Concheta no le habían faltado buenos pretendientes, sólo que ella aún no había elaborado su luto, no tenía cabeza para pensar en otro hombre y mucho menos poner corazón y sentimientos de nuevo.

Una tarde de domingo que la pulperia estaba cerrada, el tío Guiseppe los invitó a una feria ambulante a ver animales exóticos, y toda la familia fue a divertirse, fue ahí en uno de los kioscos que le pareció ver su caballito, ese mismo que le había regalado hace muchos años atrás su nona y que en un momento de desesperación había lanzado al río. Al acercarse se dio cuenta que no era el mismo, que no era el suyo, sin embargo eso le alboroto la nostalgia y una mezcla de tristeza y alegría de recordar la invadió súbitamente.

Ese mismo día, el tío Guiseppe les presentó a Pietro, un marino mercante que era hijo de un amigo de la infancia.

Pietro era un joven muy guapo y extrovertido, hacia reír a todos, y para su corta edad ya era capitán de un buque, y aunque le costó un poco pudo hacer que Concheta se riera nuevamente.

La familia se emocionó sólo de pensar que Concheta podía reír y ser feliz otra vez, así que planearon varios encuentros con el Capitán Pietro.

Una tarde antes de partir nuevamente a la mar, Pietro y Concheta fueron a pasear al malecón, y aunque el Capitán siempre estaba alegre ella notaba un alo de nostalgia o tristeza en su mirada, así que ese día le pregunto:

– Capitán, usted se ha enamorado alguna vez? Ha sentido que ama a alguien tanto que hasta le falta el aire?.

Pietro perdió su acostumbrada sonrisa y simplemente se quedó mirando el mar, así que Concheta ya sabía de dónde venía esa tristeza, así que le dijo:

– Pues entonces vaya hasta donde ella está, dígale cuanto la ama y cásese con ella, porque la vida es muy corta y los momentos de felicidad hay que vivirlos plenamente porque son efímeros- Concheta tomó aire y observó a su interlocutor un rato, para decir:

– Usted sabe lo que a mi me pasó, porque me imagino que mi familia se lo contó, no pierda el tiempo conmigo, y vaya por lo que realmente quiere, si hay vida, hay esperanza.

Pietro le beso la mano, se despidió y zarpó esa misma tarde, dos o tres meses después se enteraron que el Capitán se había casado en Santo Domingo con una nativa cuya piel era tan oscura que parecía azul, todos comenzaron a criticar sus gustos, pero Concheta estaba feliz porque ahora entendía por qué no lo había hecho antes, y que bueno que le había hecho caso a su consejo.

Un año más tarde Concheta seguía solterona, sus padres se habían mudado a la capital junto con sus hermanos por el negocio de la construcción, pero ella se había quedado con su tío en Oriente, y siempre decía que los solteros necesitaban un espacio aparte. Su tío Guiseppe era tremendo y ella llegó a calcular como 25 primos no reconocidos, pero su tío era así un eterno soltero.

Un día llegó una carta de Pietro para ella, su tío se alarmó porque el Capitán era un hombre casado, así que ella leyó en voz alta su contenido y después la dejo sobre la mesa para que la revisara.

En la carta le daba las gracias por su valioso consejo, porque fue su fuente de inspiración para hacer lo que tenía que hacer, ser feliz. Pero no era lo único que le informó, también le contó que su amada esposa que esperaba a su hijo había muerto, no especificó la razón de la muerte, pero cerró su carta diciendo: «la vida es muy corta y los momentos de felicidad hay que vivirlos plenamente porque son efímeros, sólo usted y yo conocemos el valor de esas palabras»

Su tío se avergonzó de haber dudado de ella, y la animó a que le respondiera una carta para darle ánimo, ella lo pensó unos días y le escribió, pasado un tiempo él le respondió y la comunicación entre ellos se hizo constante. El tío Guiseppe no comentó con nadie el asunto, porque veía como su sobrina disfrutaba de las cartas del Capitán.

Un años más tarde el Capitán Pietro regreso a las costas venezolanas de sorpresa, y cuando Concheta entró a la cocina de su casa se encontró al tío Guiseppe y al Capitán sentados en la cocina, en la mesa había una pequeña cajita de regalo con un hermoso lazo. Se saludaron, cenaron y convenientemente el tío Guiseppe se sintió mal y se fue a recostar al chinchorro de la sala, no tan cerca cómo para oír la conversación, pero lo suficiente para ser un buen chaperon.

El capitán tomó la cajita de regalo en sus manos y le dijo:

– El Día que te conocí en la feria vi como veías algo parecido a esto, sentí que tú espíritu voló tan alto que yo debía comprartelo, pero no lo hice, sin embargo cuando llegue a Santo Domingo encontré uno parecido y lo compré para ti, sabía que algún día te lo daría.

Cuando Concheta abrió la caja pudo ver el caballito de madera, sólo que este si era el suyo, las lágrimas se acumularon en sus ojos y por alguna razón sintió que Jordi le decía que era momento de seguir adelante, porque lo único que necesitaba para sentir amor era estar viva, y ella lo estaba.

El Capitán le preocupó sus lágrimas, pero ella después de reponerse le explicó qué era el caballito de madera, que su abuela se lo había regalado y que después de la muerte de Jordi ella lo había lanzado al río, por lo tanto no entendía cómo había llegado hasta Santo Domingo.

El Capitán le dijo que la vida tiene muchos puertos, pero uno al final siempre llega a puerto de partida, a lo que ella le preguntó:

– A qué viniste? Que haces aquí?

A lo que él le respondió:

– Una amiga me dijo que la vida es muy corta y los momentos de felicidad hay que vivirlos plenamente porque son efímeros, vine a pedirte que te cáscaras conmigo.

A lo que ella le contestó que sí.

Después de esto el tío Guiseppe tuvo muchos problemas con los padres y los hermanos de Concheta, porque la boda fue al día siguiente de la pedida de mano, dos seres que saben la importancia de tiempo no dejarían para después cosas tan importantes como la felicidad.

La Abuela Concheta y su Capitán murieron con un mes de diferencia, pero ya estaban muy viejitos cuando eso sucedió. Uno de sus hijos me contó la historia y cuando le pregunté por el caballito me dijo que lo habían lanzado al mar después de casarse.

Así que sí encuentra un caballito de madera en alguna playa es porque la Abuela Concheta y su Capitán desean que no pierda el tiempo y aproveche la felicidad que es efímera porque la vida es muy corta.

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