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Por@virginiaescobar

Cornelius Agrupó fue profesor en la universidad de Flandes, y se cuenta que su esposa se hizo amante de uno de sus estudiantes (al que se le conocería como “Fonske”) Éste convenció a la mujer de Agripa para que le dejara ojear los libros de magia negra que guardaba con gran celo el maestro Agripa. Un buen día que el maestro había salido, entró en su estudio y comenzó a leer en voz alta uno de ellos, que le había llamado la atención por no estar escrito ni en latín ni en griego… cuando de repente se abrió la puerta de golpe y apareció un demonio que le dijo: “Me llamo Quasiloco ¿qué debo hacer, señor?”. Fonske solo pudo balbucear: “¡Fue un accidente!”, a lo que el demonio respondió: “¿No sabes que los demonios no pueden ser convocados a la ligera y que no les gusta que les molesten?”. El demonio lo tocó y con el roce lo mató.

Cuando volvió el maestro Agripa se encontró el cadáver con el demonio Quasiloco sentado sobre él. Asustado de que sus vecinos volvieran a acusarlo de brujería, ordenó al demonio que se introdujera en el cuerpo del estudiante y se fuera a caminar bien lejos de su casa, y que entonces saliera del cuerpo. El demonio así lo hizo, y de esta forma pareció que el muchacho había muerto en mitad de la calle.

Pero el demonio ya liberado y tras abandonar el cuerpo de Fonske poseyó otro, y luego otro, y otro… Y de esta forma el terror del demonio llegó a la ciudad de Lovaina.

Un jesuita español que también era profesor en la universidad, Martín Antonio del Río, acusó a Cornelius Agripa de haber traído al demonio a la ciudad, y éste tuvo que huir también de Lovaina.

Esta leyenda es una de las más conocidas de Lovaina, y ha hecho famosas a las figuras del demonio Quasiloco y del estudiante Fonske, que tiene una estatua en el centro de la ciudad, como os conté en el especial “Los habitantes perennes de Lovaina”, en la que, ávido de saber, se escancia una jarra de “sabiduría” en su propia cabeza.

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