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Esta historia es parte de una serie de entrevistas que tiene mas de 20 años escondida en mi Libro de las Sombras, fue una de mis primeras investigaciones mágicas, cuando apenas asumía que algo en mi era diferente. Disculpen mi arrogancia al escribir, pero vivía yo esa época de adolescente en que uno esta convencido que el mundo es una porquería y uno esta ahí para arreglarlo. Copio Textualmente el original:

«Nuevamente debíamos ir a los llanos, allá donde vive mi tía, es un lugar olvidado por el mundo, no sé como aún vive gente allá. La mayoría de las calles son de tierra, las casas de bahareque, después del infernal calor del medio día la gente sale con su silla a la puerta de su casa a conversar, o a ver pasar los carros por la carretera.

Con el paso lento de la tarde te enteras quién está enfermo, de los nuevos amores y desamores, quién se fue y quién regreso. Pero no es sino hasta entrada la noche y con la llegada de la brisa fresca que te enteras de los cuentos de fantasmas.

Una de esas noches igual de aburridas que la anterior llegó un «Comadre» que venía de un pueblo vecino, para contar que el «Fantasma de Doña Carmelita» aun habitaba en su casa, y que sus herederos por temor la habían abandonado. Me dije:  Por fin una buena noticia en un pueblo donde sólo se ve un canal de televisión.

Sin rodeo pregunté quién era Carmelita y cómo había sido su vida. Inmediatamente la «Comadre» me contó que Carmela había sido una mujer fuera de su época, siempre vanguardista, extrovertida y muy alegre, pero que lamentablemente había puesto sus ojos en un hombre que nunca la amó.

Carmela fue la tercera hija de una familia de cinco hijas, pero sin duda la más hermosa de todas. Llegó a ser Reina de Carnaval como era de esperarse, puesto que siempre muy hermosa.

Aunque sus risas llenaban las salas de bailes y las fiestas del pueblo en el fondo guardaba un gran secreto, estaba perdidamente enamorada de su vecino, quien no le ponía atención a ninguna de sus actividades. Es que a Teófilo poco le agradaban los joropos o fiestas patronales, él prefería quedarse en casa a leer un buen libro o conversar sobre política hasta ya bien entrada la noche.

Un buen día y después de una lluvias torrenciales llegó al pueblo una familia de color que buscaba colocarse en una casa ofreciendo sus servicios de limpieza o jardinería, y consiguieron plaza a las afueras del pueblo en una granja de pollos, donde se acomodaron y comenzaron a trabajar. Pero al poco tiempo se comenzó a comentar que la señora de color era bruja, que no sólo predecía el futuro, sino que cocinaba pócimas de diferentes tipos.

Carmela, que ya no encontraba la forma de llamar la atención de Teófilo, decidió ir a visitar a la señora de los rumores, y una tarde mientras su familia hacia la siesta se escapó a la finca de pollos, alquilando un caballo se fue bordeando la carretera principal para no ser vista.

Logró dar con la señora en cuestión que con una tapara llena de agua le leyó su destino, y le dijo que un hombre llegaría al pueblo, se enamoraría de su belleza y su encanto y se la llevaría lejos para darle la vida en la que ella podría ser feliz, pero que ella estaba empeñada en otro hombre que jamás la amaría ni la haría feliz. Sin embargo la obstinación de Carmela fue mayor que la razón, y le pidió que le hiciera «algo» para cambiar las cosas, puesto que ella quería a ese hombre que ya conocía, y no al que estaba por llegar.

La mujer de las pócimas trató de hacerla cambiar de opinión, sin embargo no  lo consiguió, cuando a Carmela se le metía algo en la cabeza, era mejor seguirle la corriente y dejarlo así.

La mujer de preparó algo rápidamente pero le advirtió que si ella quería mantener a ese hombre a su lado por el resto de su vida, tendría que hacerle brujería todo el tiempo y hasta el día de su muerte, porque ese hombre no era para ella y que en cualquier momento las cosas se volverían en su contra. Sin embargo a Carmela eso no le importó, era lo que quería y punto, después vería como enfrentaría las consecuencias, por ahora lo más importante era conseguir a Teófilo a como diera lugar.

Carmela puso tres gotas de la pócima en el café de Teófilo en la primera oportunidad que tuvo, realmente nada importante sucedió. Otro día en que un grupo de jóvenes conversaban en su casa de cosas banales, llegó Teófilo y Carmela le sirvió otro café con tres gotas más, esa tarde el joven caballero conversó animadamente con Carmela.

Después de eso se convirtió en costumbre que el joven Teófilo visitara todas las tardes a Carmela para tomar el café. Pero como ella aun no tenía lo que deseaba, que era una declaración de amor del joven en cuestión, decidió visitar nuevamente a la mujer de las pócimas, quien le dio una nueva pócima y le advirtió que ese no era su destino. Carmela nuevamente no la escuchó.

Con la nueva pócima Teófilo se veía más alabador de las cualidades de Carmela y un buen día y de sorpresa se arrodilló y le pidió matrimonio a Carmela, quien gustosamente aceptó. El matrimonio fue organizado bastante rápido por la prisa que tenía Carmela por casarse con ese hombre, y de luna de miel fueron a los Andes, a un pueblito muy tranquilo y frío. Ella no pudo convencer a Teófilo que la capital era más emocionante y atractiva para la luna de miel.

Después de la boda comenzaron el viaje por carreteras solitarias y llenas de obstáculos, por lo tanto las dos primeras noches no pudieron consumar el matrimonio, puesto que los lugares no eran los más adecuados para «Una Primera Noche». Pero cuando por fin llegaron al lugar de destino, tampoco paso nada. Teófilo prefería dar largas caminatas en compañía de su esposa y le decía a Carmela que no había apuro, que todo llegaría a su momento.

Carmela sólo penaba en el día que regresara a su casa para visitar a la mujer de las pócimas para que arreglara esa situación, pero Teófilo por su parte había pensado en comprar un terreno en el pueblo de los Andes para dedicarse al cultivo de flores y algunas hortalizas, decía que nunca se había sentido tan bien y que ese lugar al igual que el matrimonio le había sentado muy bien. Por lo tanto la Luna de Miel se extendió de dos semanas a cuatro meses.

Durante ese tiempo Carmela casi enloqueció en medio de la nada y después de muchos berrinches su marido accedió a regresar al pueblo, con la advertencia que regresarían a su nuevo hogar en dos o tres semanas a más tardar.

Cuando llegaron muchas noticias les aguardaban, entre ellas que la hermana menor de Carmela se había comprometido con el sobrino del gobernador y que se casarían pronto porque el joven debía terminar sus estudios en Paris, por lo tanto mientras Carmela viviría en un pueblo en medio de la nada, su hermana menor viviría en Paris.

Aun virgen y con un destino indeseable se apresuró a visitar a la mujer de las pócimas, quien de entrada le dijo: Yo te lo advertí, y todo lo que te espera es un futuro incierto que deberás ir arreglando para soportarlo a través de la magia, de lo contrario quedarás a mercedes de un destino que no te corresponde.

Después de un rato Carmela le dijo: Quiero eliminar todo lo que hice y volver a mi destino inicial. Pero la mujer de las pócimas le dijo que ya era demasiado tarde, porque se había casado con un hombre que no la amaba porque él no amaba a las mujeres, sino a los hombres y que la única forma de deshacer todo era dando en sacrificio la vida de su hermana, porque de esa manera ella podría recuperar al hombre que inicialmente le correspondía por destino, pero que igual nunca se casaría con él, porque el hombre que ella había elegido jamás la soltaría, por lo tanto ella se convertiría en la deshonra de su familia al huir con él.

Como Carmela no respondía la mujer de las pócimas agregó: Muchas veces nos empeñamos en algo que no es para nosotros por simple capricho, o porque nos sentimos inmunes al destino, pero el creador tiene un plan perfecto para cada uno de nosotros, y somos nosotros quienes arruinamos todo. Toma esta pócima, tu esposo te amará por varios días, dile que lo alcanzarás después porque aun tienes cosas que hacer aquí. Al poco tiempo sabrás que estas embarazada, serán dos varones, tú esposo nunca regresará y tu nunca conocerás el verdadero amor de un hombre, ni el destino que había para ti. Él te regalará una casa y mucho dinero, pero jamás te dará amor y tu terminarás enamorada de tu casa, hasta el punto que después de tu muerte seguirás ahí.

Carmela hizo todo lo que la mujer de las pócimas le dijo, sus dos hijos le alegraron la vida por un tiempo, pero muy jovenes se fueron a vivir su propio destino. Carmela se quedó en el pueblo y convirtió su casa en su gran amor. Siempre fue bella y alegre, fue buena amiga y hermana, pero jamás conoció su verdadero amor.»

Los trabajos de Magia de Amor no son juegos, a veces es mejor esperar a que llegue lo que tenga que llagar. Somos humanos imperfectos en busca de la perfección, en el fondo queremos muchas cosas e ignoramos lo que necesitamos.