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Los profundos lagos escoceses han sido desde siempre cuna de leyendas de todo tipo. Bajo la gélida belleza de sus aguas yacen  según las historias, criaturas que se arrastran en silencio tramando planes contra los habitantes de la superficie. Los más peligrosos de todos son los kelpies, espíritus del agua con forma de caballo, siempre hambrientos de carne humana.

Los habitantes de las Highlands, las tierras altas escocesas, saben bien que jamás deben acercarse a un lago al anochecer, seguramente encontrarán a un caballo negro como el azabache o de un blanco luminoso, tan bello que ninguno en la tierra podría igualársele. Cuenta la leyenda que los viajeros al encontrarse ante esta visión son incapaces de resistir la tentación de montar al animal y se acercan imprudentemente a él. El caballo, extrañamente manso, acepta su presencia y permite al caminante que suba sobre su grupa, pero una vez que han logrado su propósito galopan justo hacia el centro del lago, donde se sumergen sin que su jinete pueda hacer nada por evitarlo. Tendrá suerte si muere ahogado, pues lo más común es que el kelpie lo devore vivo.

Sólo si el jinete puede cambiar las bridas de su diabólica montura por otras, se salvará, consiguiendo además el control total sobre él. Dice el folclore escocés que así consiguió el señor de Morphie someter a uno. Con ayuda del kelpie logró construir su castillo, pero pagaría un precio por ello. Cuando el trabajo hubo terminado, liberó a la criatura, que furiosa por el trato recibido, le maldijo a él y a toda su descendencia.

En ocasiones, los kelpies pueden presentarse en otras formas. Les gusta mostrarse como humanos, aunque la presencia de plantas acuáticas entre su pelo puede delatarles. Habitualmente toman la forma de hombres, aunque de vez en cuando también se disfrazan de mujeres. En esta forma, tratan de ganarse la confianza de algún paseante descuidado para que se acerque al lago y poder tirarle al agua. En el noroeste de Escocia se habla de la aparición de una mujer alta y muy delgada vestida de verde, siempre con una mueca maligna que desfigura su rostro. Otros dicen haber visto sin embargo a un kelpie en forma de anciano sentado sobre un puente, murmurando para sí mismo como un demente mientras cose pantalones. Un vecino del pueblo cercano le vio y sospechó de su verdadera naturaleza. Tras golpearle en la cabeza, el anciano se transformó en un caballo, que se lanzó al río y desapareció de la vista.

Se dice que es posible matar a un kelpie con una bala de plata (igual que a los hombres lobo) aunque cuenta la leyenda que una vez hubo un herrero cuya familia estaba en constante peligro por el kelpie que vivía en el lago cercano a su propiedad. Para acabar con él, el hombre calentó dos garfios al fuego durante toda la noche. A la mañana siguiente, salió hacia el lago acompañado por su hijo y una oveja que utilizaría como cebo. El kelpie, atraído por el olor a sangre fresca de la oveja recién sacrificada, salió del agua y se acercó a la orilla, donde el herrero y su hijo esperaban con los garfios preparados. Cuando se aseguraron de que la terrible bestia estaba muerta, ésta se convirtió de repente en una masa gelatinosa similar a una medusa antes de disolverse y desaparecer.

FUENTE: Ab Aeterno