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@KaremBarratt

forgivness

He notado últimamente en Facebook una serie de afiches con mensajes, que en principio parecieran dar un buen consejo. Normalmente dicen algo así como  que «no perdones/ames porque el otro merece perdón/amor, si no porque tu mereces paz» o algo parecido.

En principio diría que estoy de acuerdo: perdonamos, amamos, aceptamos en parte por el bienestar que hacer eso nos provee a nivel mental y espiritual. Pero no entiendo eso de que el otro «no merece» el perdón/amor/aceptación. Puede que haya casos en que la ofensa sea tan grande y el dolor causado tan profundo que uno piense que el ofensor no merece nada bueno de nuestra parte. Pero la verdad verdadera, como dicen por ahí, es que todos merecemos perdón y amor y aceptación.

Empecemos con el perdón. Partir de la premisa de que todos merecemos perdón nos recuerda, entre otras cosas, que nadie es perfecto; que dada las circunstancias bien podemos terminar actuando como aquel que nos hirió; que ya en nuestra historia hemos cometido suficientes errores como para que alguien esté en posición de perdonarnos.

Merecemos perdón porque todos somos uno, y si nos erigimos por sobre los demás, no solo nos auto engañamos creyéndonos mejores, si no que dificultamos la toma de consciencia de dicha unidad espiritual.

Merecemos perdón porque la vida es eso: meter la pata y rectificar. Esa es una de las cosas que me gustan del maestro Jesús: ofrece un Dios de segundas oportunidades, al igual que el Maestro Buda y el Profeta (bendito sea su nombre) Mahoma. En el libro sagrado de los paganos, la madre naturaleza, vemos constantemente estas segundas oportunidades en el morir y renacer de los ciclos.

Perdonar «no porque los otros lo merezcan» es olvidar que nosotros somos ya los «otros» de alguien. Perdonar porque todos merecemos perdón, es encontrarnos y hermanarnos en nuestra debilidad y vulnerabilidad, y en eso que aparentemente nos rebaja, encontrar grandeza y luz. Y no olvidemos que perdonar al ofensor no es olvidar la ofensa ni abandonar el derecho de justicia.

En cuanto a lo de «amar» o  «aceptar» a gente, no porque se lo merecen, si no porque tu mereces paz…qué clase de aceptación o amor es ese? Quien eres tú o yo o fulanita para decidir quien merece amor o aceptación? Es mas  «aceptar a alguien que no merece aceptación» es una contradicción. O se acepta o no se acepta. Así de simple.

En cuanto al amor, si ya nos estamos colocando en escalón superior, ese que dice: «bueno, tu no vales gran cosa, pero como yo soy tan chévere, te voy a amar, para no amargarme la vida» lo más probable es que ahí no exista a amor. Existirá conveniencia, una situación difícil de romper, lo que sea, pero el amor verdadero no se erige por sobre lo amado. Al contrario, el amor engrandece a lo amado, lo sube, lo soporta, lo adorna. El amor verdadero se siente privilegiado de amar a lo amado. Y en ese privilegio se entrega por complete y encuentra la aceptación incondicional de la naturaleza de lo amado.

Quizás a nivel intelectual, a nivel de ego, existan desacuerdos y desencuentro. Pero a nivel del alma jamás el amor vera al amado como algo que sirve para hacerte sentir bien, si no algo para servir y venerar desde el fondo del Corazón. Como dijo Julieta, parafraseando a San Francisco, el amor es como el mar, mientras más se da, mas se tiene y el amor, como la eternidad, es infinito.