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@KaremBarratt

wiccan necklace

Debo confesar que me acabo de familiarizar con esta tradición, practicada por algunos aquelarres ingleses (una de sus integrantes es compañera de seminario) y para ser sincera, no sé si llegado el momento la adapte, porque ya sabemos lo mamita que podemos ser las venezolanas. Pero la idea es buena y quizás cuando la muchacha mía llegue a la adolescencia, le busque a su Madre Luna. Si algo tiene el wiccanismo es que es sumamente practico y acepta con naturalidad los diferentes ciclos de la vida -incluyendo los años malhumorados de la adolescencia, cuando muchas pasan de «linda mama» a «la señora esa.» Esto no quita que las adolescentes necesiten una adulta de confianza con quien hablar, expresar sus inquietudes, contar esos problemas que ni muerta le contarían a la madre biológica. Y para ello tienen, a la Madre Luna.

La Madre Luna es una combinación de tía favorita, amiga de la familia y madrina. La chica la conoce desde hace algún tiempo y siente  afecto hacia ella o por lo menos admiración. Aunque al final es la madre quien la elige, tomando en cuenta las opiniones de la adolescente, normalmente funciona mejor si no es la «amiga intima de mami,» o si, lo es, la adolescente debe tener confianza en el honor de la Madre Luna, porque ella también es una especie de cura confesor: a menos que  sea una situación de vida o muerte, la Madre Luna no cuenta lo que a ella se le ha confiado, ni la madre biológica se molesta por esos secretos.

La Madre Luna también da su opinión cuando la madre biológica y la adolescentes están tratando de llegar un acuerdo, ya sea sobre privilegios, castigos, el futuro y demás. Por ello hay que elegir a la Madre Luna con mucho cuidado y no caer en amiguismos. La Madre Luna debe  ser una persona dispuesta a tomar en serio este papel y tener la madurez, compasión y sabiduría necesaria para ejercerlo bien.

Normalmente la ceremonia de la Madre Luna se da poco después de que la chica ha pasado por su primera menstruación. Como lo demostró mi amiga wiccana, es una celebración comunal, entre familia y amigos. Se va a un claro del bosque que ya ha sido previamente elegido y que está arreglado con mantas, cojines, y antorchas. Las mujeres de la familia se sientan en un circulo con la adolescente. Los hombres (al  menos cuatro) hacen un círculo alrededor de ellas o se colocan en las cuatro esquinas, dándoles la espalda. Su misión es cuidar el espacio sagrado y proteger el ritual de interrupciones o peligros. A veces las chicas impúberes de la familia asisten, fuera de los círculos, como testigos y para que se familiaricen con la ceremonia.

Las mujeres de la familia, comenzando por la madre, toman una cuenca, una cristal, una pepa o algo ensartable, entre las manos y le dan una bendición o un consejo a la adolescente. Luego pasan un cable o hilo por la cuenca. La idea es que se arme literalmente un collar con cada bendición o consejo sabio. La última es la Madre Luna, quien hace su voto o juramento a la adolescente y luego le amarra el collar, ya terminado, alrededor del cuello. Luego se dice una oración de agradecimiento, se deja una ofrenda al espacio sagrado y se agradece a los hombres por su protección. Después de eso, se recogen las cosas y se regresa a la casa para una alegre comida comunal.

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