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Por @virginiaescobar

Bien dicen por ahí que si la brujería vas a usar, la misma debes terminar, porque un ritual incompleto te dejará tan mal que jamás lo querrás volver a intentar.

Este es el caso de la Abuela Carmela, la hija mayor de Doña Josefina, quien tuvo cinco hijas, y en el pueblo decían: «a cada una casó pero Carmela le costó»

A principios del siglo XX la costumbre consistía en casar a las niñas por orden de edad, sin embargo Doña Josefina casó primero a su segunda hija, después a la tercera, luego a la cuarta y seguidito a la quinta, pero a Carmela no la había podido casar, ella era una muchacha hermosa, sencilla y callada, pero nunca nadie la había pretendido.

Doña Josefina siempre se preguntaba qué tenía su hija de malo?, por qué ningún joven se fijaba en ella? Pero por más que le echaba cabeza no daba con alguna respuesta.

Carmela por su parte no decía nada aunque en el fondo deseaba un amor como toda chica de su edad. Todas las noches se acostaba en su cama y soñaba con un hombre que se enamoran a de ella y la hacia muy feliz.

Cierto día leyendo una novela que no había visto antes en la biblioteca de su casa se enteró de que existía un Ritual de la Luna para pedir amor, aunque era algo atrevido porque la protagonista se desnudaba a la luz de la luna para pedirle que le permitiera conocer el verdadero amor.

Carmela convencida de que se quedaría a vestir santos pensó que a estas alturas ya no tenía nada que perder, ya pronto cumpliría 30 años y su encanto juvenil pronto iba a desaparecer.

Estudió muy bien cada paso del ritual que exponía la novela, la misma hablaba de 4 lunas y todo comenzaba la noche de Luna Nueva, en la cual justo a media noche ella debía pararse totalmente desnuda bajo el cielo abierto y presentarse a la «Gran Madre» como su hija, exponerle su problema y hacer la petición para finalizar diciendo: Luna nueva, luz apremiante convierte mi deseo en una realidad naciente, por Diana, por Lilith, por Ariadna, por Hecate, por Artemisa, por Juno, y por todos los nombres de la Diosa yo te conjuro, para que el verdadero amor llegue a mi.

La abuela Carmela esperó a que llegará la Luna Nueva y ya casi a media noche subió a la terraza del segundo piso de su casa, predio una vela blanca, se desnudó y repitió tres veces su hechizo, tal y como lo había hecho la protagonista de la novela, se vistió y con sumo cuidado y silencio regresó a su cuarto, se metió en la cama y se propuso dormir. Sin embargo, sueños malvados se apoderaron de ella esa noche, recurrentemente aparecían perros negros que la asustaba y se despertaba de golpe. Fue una noche terrible y se despertó muy cansada.

A la mañana siguiente su madre pensó que estaba enferma, porque tenía muy mal aspecto. Carmela sabía que su malestar se debía al ritual que había hecho la noche anterior, pero no dijo nada y se preparó para acompañar a su madre al centro a comprar algunos cierres y botones.

Pero cuando llegaron al centro había mucha gente, y a la abuela Carmela le pareció que ese día el Sol brillaba más que nunca, le costaba respirar y transpiraba mucho, su madre preocupada le preguntó si se sentía bien, y a la abuela Carmela no le quedó otra que decir lo mal que se sentía.

Muy cerca vivía una amiga de familia y Doña Josefina decidió llevar a su hija hasta allá, pero en ese preciso instante la Abuela Carmela se desmayó y perdió el conocimiento en plena calle.

Despertó en una habitación que no conocía, y sólo podía recordar a una mujer muy alta y blanca vestida de negro, y a la que la acompañaban en todo momento dos perros negros, aunque también le pareció ver una serpiente y un cuervo.

Cuando cayó en cuenta que no sabía dónde estaba instintivamente gritó: Mamá, e inmediatamente apareció Doña Josefina con otra señora, y entre ambas la tocaban para saber si estaba caliente, y la obligaban a beber agua o jugos naturales. Después de seguir al pie de la letra todo lo que las mujeres le indicaban pidió explicaciones, y fue Doña Josefina quien le explicó que había perdido el conocimiento en medio de la calle, y que gracias a los Ángeles pasaba por ahí el hijo de la señora Dolores que iba a su trabajo en el banco y la auxilio, pero que no la pudo llevar al hospital porque había un desfile en la Av. Bolívar, así que el joven las había llevado a su casa porque su padre era médico para que la revisará, y que todo había sido una insolación, mala alimentación, falta de líquido y mal dormir.

Cuando miró por la ventana vió un hilo de luz, era la Luna naciendo después de la oscuridad, y repentinamente se sintió fuerte y sana, trató de levantarse pero ambas mujeres se lo impidieron porque el médico había recomendado reposo y Doña Josefina le explicó que su padre estaba al tanto de lo que había pasado y hasta se había acercado a casa de Doña Dolores y que esa noche se quedarían ahí por petición del médico, que era el esposo de Doña Dolores.

Al rato apareció un señor que se presentó como el Doctor Peña y esposo de Doña Dolores, quien la revisó y le hizo varias preguntas sobre su alimentación, para repetirle que debía descansar y evitar exponerse directamente al sol, aún cuando la Abuela Carmela insistía en que se sentía bien.

Igualmente no la dejaron levantarse y se pusieron a conversar todos para acompañar a la joven, al roto alguien tocó la puerta, era Guillermo el hijo de Doña Dolores y el Doctor que regresaba del Banco y quería saber cómo se encontraba la joven que había rescatado. Entre Doña Dolores y Doña Josefina le explicaron que ya se estaba recuperando pero que debía descansar mucho.

Guillermo la miró un rato y le deseó pronto recuperación, pero la Abuela Carmela sintió como el corazón se le detuvo mientras ese joven la miraba, además de la vergüenza de que la viera en una cama con una bata de su madre.

Inmediatamente las dos mujeres volvieron a modificarse porque la niña se había puesto blanca de repente, y después de un rato el Doctor les dijo que la dejarán quieta, claro está que el sabía diferenciar un rubor de una baja de tensión.

Después de tantas gotas de Valeriana pudo dormir profundamente, y a la mañana siguiente se sentía mucho mejor, pero la luz del sol le molestaba. No tanto como ayer pero le molestaba. Desayunaron mientras conversaba y Guillermo se ofreció a llevarlas a su casa pero Doña Josefina explicó que su esposo debía estar por llegar y así fue porque a los minutos llegó el padre de la Abuela Carmela, quien mostraba mucha preocupación por su hija.

El día pasó sin mayores noticias, sus hermanas, sobrinos y cuñados fueron a visitarla y ella disfrutó de todos los mimos de su familia, durmió una agradable siesta y cuando despertó ya cada quien andaba en lo suyo.

Escuchó el teléfono y fue a contestar, y vaya sorpresa que se llevó al saber que se trataba de Guillermo, el guapo hijo de la Señora Dolores, quien le preguntó cómo se sentía y como había pasado el día, después él le contó todos los detalles del rescate y cómo habían ido a para a su casa. Hablaron por más de una hora, y la Abuela Carmela se extrañó que nadie se diera cuenta que ella estaba hablando por teléfono o que su mamá no le llamará la atención.

Se preparó algo rápido en la cocina y se fue a su cuarto a leer, como era su costumbre.

A la mañana siguiente su madre y su padre se fueron a misa, porque era domingo, ella quería ir pero sus padres insistieron en que debía quedarse, además después de la misa ellos irían a un almuerzo y eso podría fatigarla, por lo tanto la Abuela Carmela debía quedarse reposando como lo indicó el médico.

Se había quedado sola en casa porque los domingos era el día libre de la servidumbre, y como a los 15 minutos escuchó el timbre de la casa, inmediatamente pensó que su madre había olvidado algo, así que buscó las llaves y abrió la puerta. Era Guillermo y no su madre como ella esperaba, inmediatamente el joven le dijo: ven, vamos a dar un paseo, y ella con sólo las llaves en la mano salió de la casa y siguió a Guillermo hasta su automóvil.

Comenzaron a charlar como si se conocieran de toda la vida, y fueron a parar a las faldas del cerro el Ávila, hasta se animaron a caminar un rato por ahí, mientras reían y hablaban.

De repente la Abuela Carmela recordó a sus padres y le dijo a Guillermo que la llevara rápido a su casa, que sus padres debían estar por llegar, así lo hizo el joven.

Cuando llegó a su casa sus padres no habían llegado aún, se cambió, se puso la pijama y se metió en la cama e inmediatamente sintió la voz de su madre y de su padre, quienes aparecieron en su habitación para preguntarle cómo habían pasado el día tan sola en casa.

La Abuela Carmela mintió fluidamente, no mencionó a Guillermo ni Bada del paseo, pero a diferencia de otras oportunidades no sintió remordimiento, sólo veía la Luna desde la ventana de su habitación, que ese día estaba un poquito más grande y parecía una sonrisa irónica en el cielo.

Esa noche volvió a soñar con la mujer vestida de negro, y que ella le presentaba a una hermosa mujer joven vestida de rojo y de nombre Brigith, está nueva mujer caminaba por campos llenos de flores y hermosos pájaros volaban alrededor de ella.

La Abuela Carmela y Guillermo comenzaron a desarrollar una dinámica de verse a escondidas, lo cual hacía que todo fuera más excitante y divertido. Sólo hablaban y planeaban su próximo encuentro. Pero se acercaba el momento del la Luna en Cuarto Creciente y la Abuela Carmela sabía que debía hacer la segunda parte del ritual, Guillermo le gustaba mucho y lo quería para ella.

Cuando llegó la noche del cuarto creciente espero que todos durmieran en casa y salió, como la vez pasada, a la terraza, se desnudó y repitió tres veces su deseo a la Luna, cuando terminó se vistió y se fue a dormir.

Esa noche soñó con deseos de mujer, sintió en el sueño la necesidad de que su cuerpo fuera tocado por Guillermo, el deseo sexual era incontrolable. Cuando la Abuela Carmela despertó notó que estaba empapada en sudor y se avergonzada enormemente de sus sueños, porque lo sentía tan real que en algún momento pensó que lo había vivido y no soñado.

Ese día dudó si ir o no ir a encontrarse con Guillermo, le daba vergüenza sus sueños, pero más vergüenza le daba imaginarse que él supiera lo que ella había soñado. Al final su deseo de verlo fue mayor y con una excusa salió de su casa para verse con el joven de sus sueños.

Él estaba igual que siempre y eso tranquilizó a la Abuela Carmela, pero después de hablar un rato él le dijo: anoche soñé contigo, fue un sueño extraño. La Abuela Carmela se puso blanca del susto, se imaginó inmediatamente que él sabía lo que ella había soñado y comenzó a temblar. Él le preguntaba si se sentía bien pero ella no contestaba, simplemente comenzó a llorar. Guillermo la miró un rato y le dijo: Es imposible que hayas soñado lo mismo que yo y la besó. La Abuela Carmela comenzó a sentir la misma urgencia que en sus sueños, era algo muy difícil de controlar, era como si tuviera un hechizo encima, entonces fue que cayó en cuenta que no sabía hasta donde la llevaría el ritual de la luna, no sabía si la protagonista de la novela había logrado ser feliz al final, porque no se había terminado de leer la novela. Dejó a Guillermo ahí parado, se dio media vuelta y se fue.

Al llegar a su casa revisó todo su cuarto, y no encontró el libro, revisó la biblioteca y nada, le preguntó a sus padres y ninguno conocía la existencia del libro, hasta llegó a preguntarle a sus hermanas pero ninguna sabía de que hablaba ella. Sólo tenía hasta el ritual de Luna Llena, le faltaban dos rituales, el de Luna Menguante y el de Luna Negra.

La Abuela Carmela tuvo que calmarse primero, y después decidió ir a las librerías a buscar el libro, pero nadie conocía ni el título, ni el autor. Simplemente estaba desesperada.

Al día siguiente, Guillermo, le hizo llegar una nota disculpandose y invitandola a encontrarse de nuevo, y la Abuela Carmela, convencida de que no podría terminar el ritual, sabía que ahora todo dependería de ella y su capacidad de cinquistarlo por sus propios medios. Así que se arregló muy bien y fue al encuentro.

A penas lo vió notó que Guillermo estaba arrepentido de lo que había hecho en su última cita, así que ella fue quien caminó hacia él y lo besó con toda la pasión que le era posible sentir en ese momento. A partir de ese momento todas sus citas consistían en besarse y tocarse, ya no había palabras, sólo deseo.

Cuando llegó la noche de Luna Llena, la Abuela Carmela se preparó como siempre, espero a que todos se durmieran, se fue a la terraza y se desnudó, cantó su hechizo y terminado el mismo se vistió y se fue a dormir.

Esa noche apareció una mujer hermosa y madura, pero no lograba verla de frente, era muy amable y comprensiva, pero sólo le decía también eres una mujer, actúa como tal y demuestrale que sólo tú puedes hacerlo feliz para siempre, y en sueños vió a Guillermo quitarle la ropa y amarla lleno de deseo.

A la mañana siguiente se levantó adolorida, el sueño había vuelto a ser tan real, que ella estaba segura que no era un simple sueño, era lo que debía hacer.

Su madre que seguía sin sospechar nada le dijo que Doña Dolores los había invitado ese fin de semana largo a su finca (porque había coincidido un punte), y que después de preguntarle a su padre, este había aceptado extrañamente, porque a él no le gustaba dormir fuera de casa.

Guillermo los pasó buscando el Sábado muy temprano en la mañana, él su padre discutieron todo el viaje hablaron de política y economía, pero fue muy agradable.

Ya en la finca, el Doctor y Doña Dolores se esforzaron por atender a sus invitados, pasaron un ternero, durmieron la siesta en chinchorros, conversaron todos hasta tarde y se fueron a dormir, fue realmente un día relajante y extremadamente agradable en familia y con buenos amigos. La Abuela Carmela se durmió enseguida.

Pero en sueños volvió a aparecer la hermosa y agradable mujer y le dijo: Ya no eres una niña, eres una mujer, actúa como tal y toma lo que consideras tuyo.

La Abuela Carmela se levantó sobresaltado y asustada, miró al cielo y vio una Luna Llena muy brillante y como poseída por la magia de la Luna se dirigió a la habitación de Guillermo, quien estaba sentado en la ventana viendo la Luna. Pasó lo que la Dama en los sueños de Carmela dijo que debía pasar, lo que sólo la Luna vio y que todos desean vivir aunque sea una vez en la vida, y antes de salir el Sol, la Abuela Carmela regresó a su habitación y durmió tranquila y feliz.

Su madre tuvo que ir al medio día a despertarla, porque tanto a Guillermo como a ella se le habían pegado las sábanas y ya iban tarde para el paseo al río. Fue otro día hermoso, en familia y entre amigos, llegó la noche y todos a dormir. Pero la pareja sólo esperaba que todos durmieran para volverse a encontrar, y así fue, sólo que está vez fue Guillermo a la habitación de la joven y justo antes de amanecer, Guillermo regresó a su habitación.

La Abuela Carmela se durmió y apareció nuevamente la señora, está vez no dijo nada, sólo se voltió por primera vez para que la joven pudiera verla de frente, estaba embarazada y sus manos las tenía puestas en su enorme panza.

La Abuela Carmela se despertó muy sobresaltada, estaba sudando y sólo tenía ganas de llorar, ella no podía hacerle eso a sus padres, pero en el fondo sabía que era verdad, que ella llevaba en su vientre un hijo de Guillermo, y que lo peor de todo es que no tenía el resto del ritual, no sabía que debía pedir en la siguiente luna.

Los días pasaron y Guillermo estaba muy enamorado de ella, y ella no tenía nada que ofrecerle a la próxima Luna. Cuando llegó la noche del Cuarto Menguante, ella espero a que todos se durmieran, salió a la terraza y se desnudó, sólo que está vez guardo silencio, las lágrimas corrían por sus mejillas y sólo se decía a si misma: lo amo.

Se vistió y se fue a dormir, esa noche soñó con una mujer muy vieja y arrugada que la miraba rudamente sin decirle nada, ella sólo guardaba silencio y se decía a si misma: lo amo. En sueños la vieja se levantó la miró de reojo y se fue. Ella despertó llorando y sentía que algo muy malo iba a pasar.

A la mañana siguiente su madre le dijo que se vistiera rápido porque tenían un desayuno a beneficencia, pero la Abuela Carmela no quería ir, se vistió con desgano y se fue con su madre. Ahí se encontraron con Doña Dolores que le preguntó si se sentía bien, pero la Abuela Carmela le respondió que si, fue entonces cuando Doña Dolores le explicó que Guillermo tuvo que ir al interior del país a unos embargos, y que regresaría como en 20 días, y que ella se sentía muy sola sin su hijo. La Abuela Carmela pensó que ella se sentía igual.

Pasó el tiempo y llegó la noche de Luna Negra, y volvió a hacer la mismos de siempre, se desnudó, cayó y se repitió: lo amo. Se vistió y se fue a dormir, sabía que esa noche tendría un sueño, y así fue.

Esa noche apareció nuevamente la mujer alta, blanca y de pelo negro, acompañada con un cuervo negro, el animal chillaba muy muy duro y la mujer sólo veía a la Abuela Carmela con reproche, pero aparecieron dos perros negros y en su boca se dibujó una hermosa sonrisa.

El tiempo para la Abuela Carmela pasó muy lento y más cuando se enteró que Guillermo tenía que quedarse más tiempo en el interior, de hecho fue un mes completo.

Una mañana Doña Dolores llamó para invitarlos a almorzar el Sábado por la llegada de Guillermo, para la joven la espera fue eterna y cuando por fin llegó el Sábado la Abuela Carmela se sentía fatal, tenía el estómago muy descompuesto, pero aún así se vistió para ir.

Cuando llegaron a la casa de Doña Dolores ya los estaban esperando para almorzar. Guillermo los saludo a todos con mucho cariños y como ambos seguían teniendo una relación a escondidas, disimularlo como siempre.

Pasaron a la mesa y en el momento que comenzaron a servir la comida, la Abuela Carmela no aguantó más, salió corriendo al baño, pero no llegó y vomitó en medio del pasillo, todos corrieron detrás de ella y cuando se pudo poner de pie, sintió que todo se le movía y perdió el conocimiento.

Cuando despertó se encontraba en la misma habitación de la primera vez, el Doctor le pidió a todos que salieran de la habitación para examinarla y aunque Doña Josefina refunfuñó también salió de la habitación.

El Doctor y padre de Guillermo sólo le hizo una pregunta: Cuando fue tú última menstruación?. La Abuela Carmela bajo la mirada, ella sabía muy bien por sus sueños que estaba embarazada. El Doctor se puso de pie y se dirigió a la puerta, llamó a Guillermo y le pidió que entrará, todos se quedaron muy extrañados.

Guillermo entró y su padre le preguntó: Cuando tuvieron relaciones la última vez. Carmela comenzó a llorar y Guillermo se acercó a ella y la abrazo.

El Doctor dijo: alguno de los dos me puede contestar lo que estoy preguntando. Fue Guillermo quien dijo: En la finca papá, fue ahí.

A lo que el Doctor contestó: Entonces tiene un mes de embarazo, está en perfectas condiciones, es joven y sana, igualmente te espero en la consulta la semana que viene- y después de una pausa dijo- les daré tiempo para que hablen entre ustedes, pero después deben salir y explicarnos muchas cosas jovencitos.

Entre ellos no tuvieron mucho que decir, sabían muy bien lo que sentían el uno por el otro, pero no fue fácil explicar lo sucedido a la familia, y el matrimonio fue muy embarazoso porque la noticia rodó por toda la ciudad.

Pero el día que la Abuela Carmela dio a luz desaparecieron todas las caras de reproche, además de que fueron dos varones que tenían el cabello tan negro como aquellos dos perros.

Por cierto el libro apareció años después, el día que murió su padre y ella subió a su antigua habitación a cambiarse los zapatos, lo abrió y buscó el ritual de Cuarto Menguante y el de Luna Negra, pasó directamente al final donde leyó: La Luna te dará el amor que deseas cuando crece, pero cuando mengua también menguará el amor, a menos que logres convencer a la Triple Diosa que el amor que sientes es verdadero.

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