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Por @virginiaescobar

La Abuela Julia y el Hechizo de Alejamiento.

Cuentan que la Abuela Julia siempre fue una mujer de muchas fuerza, y que siempre decía: «No tengo tiempo para llorar porque tengo muchas cosas que resolver», jamás se paró en detalles, pero no siempre fue así.

Cuando era joven, era introvertida pero muy responsable, por ahí decían: «Que muchacha tan acendosa»

La ciudad de Maracay, en Venezuela, era cerrada y pequeña, y como todo pueblo pequeño se conocían directa o indirectamente. Aunque con la llegada del General Gómez las cosas habían cambiado mucho y la actividad social y cultural se había activado como nunca antes.

La Abuela Julia que era hija de un militar se vio envuelta de repente en muchas actividades sociales y culturales que la mantenía muy ocupada, ella siempre la recuerda como su época de oro, porque su mayor preocupación consistía en qué vestido se iba poner, y después del suspiro que sigue a la añoranza decia: Que suerte tuve de vivir una etapa tan linda, simple y llena de alegría.

Ella más que nadie sabía que la vida estaba llena de altos y bajos, y muchas veces los bajos duran más tiempo que los altos.

El día que se inauguró el Teatro Ateneo de Maracay la Abuela Julia y su familia estaban invitadas, se presentaría la actriz María Fernanda Ladrón de Guevara y los comediógrafos hermanos Álvarez Quintero.

Cuando llegó al Teatro había mucho movimiento entre asistentes y mirones, de hecho llegar hasta el Teatro fue algo extremadamente complicado. Cuando por fin lograron entrar, a los lejos pudo ver al General Gómez, siempre acompañado de Tarazona. Esa noche se veía contento puesto que una de las cosas que más le gustaba era justamente el cinematográfo.

La Abuela Julia y sus dos hermanas rápidamente se perdieron entre la gente en busca de caras conocidas y amigas, mientras que su madre insistía en que no se fueran muy lejos.

Pero poco duró la socialización porque llamaron a tomar asientos para que comenzara el acto. Según la Abuela Julia la noche fue maravillosa.

Cuando llegaron a casa, su padre les anunció que tendría visitas, por lo tanto las niñas (Ya todas eran mayores de 18 años) debían saludar y ir a la cama. Pero su mamá se sentía mal y algo mareada, se lo achacaba al trajín del día. Así que le pidió a la Abuela Julia, como la hermana mayor, se quedara pendiente esa noche de su padre y sus invitados, y así se lo hizo saber a su esposo antes de retirarse a su habitación.

A los pocos minutos llegaron tres caballeros vestidos con sus impecables uniformes. Las chicas saludaron y se marcharon tal y como lo había ordenado su padre. La Abuela Julia disculpó a su madre y se retiró a la cocina para preparar algunos aperitivos para la visita.

Desde lejos pidió permiso a su padre para entrar con los aperitivos y su padre levantó la mano para que la conversación se detuviera, ya que una señorita iba a entrar a la habitación.

Los hombres se pusieron de pie con la entrada de la Abuela Julia, ella colocó todo con mucha delicadeza en la mesa de centro, después hizo una pequeña reverencia y avisó que estaría en la cocina en caso de que necesitarán algo más.

Como a la hora su padre la llamó porque dos de los hombres se iban, así que ella se presentó para despedirse, y cuando se disponía regresar a la cocina su padre le tomó la mano y dijo: Acompañanos y toca un rato el piano, la jornada de trabajo ha terminado por hoy.

La Abuela Julia siempre obediente y acendosa se dirigió al piano y tocó el vals favorito de su padre, y su reducido público la recompensó con aplausos al finalizar.

El invitado agregó: Dichoso el hombre que se quede con ella mi General. A lo que el padre respondió: Sólo si cuenta con mi aprobación.

La noche siguió sin más tensiones, entre baladas y charlas, y ya pasadas las 12 el caballero se retiró.

La Abuela Julia se fue a dormír satisfecha por haber compartido con su padre, ya al día siguiente le contaría a su madre y sus hermanas, y casi al poner la Cabeza sobre la almohada se quedó dormida.

Al día siguiente un griterío la despertó, y sus hermanas entraron con agitadas a su habitación , y al minuto llegó su madre con cara de pocos amigos y diciendo: Señorita!, explícame inmediatamente lo que pasó anoche, ha llegado un ramo de flores del Coronel Zambrano agradeciendo sus atenciones y disculpado las molestias.

Su madre seguía hablando e invocando al Espíritu Santo, mientras dejaba claro la preocupación que sentía por el momento en que su padre se enterara.

La verdad es que la Abuela Julia no tuvo oportunidad de explicar que no había pasado nada, que su padre estuvo ahí en todo momento y que ella siguió al pie de la letra las órdenes de su padre y las reglas de etiqueta, sus hermanas reían entre dientes mientras su madre seguía rogando al Espíritu Santo que apaciguara el carácter de su esposo. Mientras todo esto sucedía la Abuela Julia iba al baño y se vestía.

El teléfono soñó y la señora de limpieza, avisó que el General quería hablar con la señora, así que la madre de la Abuela Julia la tomó por el brazo y la arrastró literalmente hasta el teléfono. La cara de su madre se fue suavizando a medida que escuchaba a su interlocutor hasta que terminó en una gran sonrisa, para finalizar con un «Allá estaremos puntual»

Su madre se dirigió a ella muy contenta y le dijo: Bañate, arréglate y vistete muy bonita que tú y yo vamos a almorzar con tu padre, tenemos una invitación del Coronel Zambrano para almorzar en el Hotel Maracay.

La Abuela Julia sólo alcanzó a decir: «No quiero ir» y su voz se ahogó entre la mirada de su madre y las ganas de llorar.

Sus hermanas dejaron de reír y un gran silencio invadió la habitación. La Señora de limpieza dijo sin remilgo: Pobre niña!. La Madre le lanzó una fuerte mirada y le dijo a las otras dos niñas que buscarán oficio, porque ella y Julia tenían que ser diligentes puesto que sólo contaban con una hora para alistarse.

Cuando ambas mujeres llegaron al lujoso hotel, tanto el General como el Coronel ya las estaban esperando. La Abuela Julia no se atrevía a mirar a los ojos a nadie en la mesa, de hecho casi no comió, cuidó sus modales al máximo y se mantuvo callada toda la velada.

El almuerzo fue eterno, y casi a las cuatro de la tarde cuando la Abuela Julia pensaba que se iban a casa su padre dijo: Julia, tienes mi permiso para tomar un paseo con el Coronel por los jardines, tu madre y yo descansaremos un rato en la terraza.

La Abuela Julia se quedó fría, albergaba la esperanza de que su padre no estuviera de acuerdo, y cuando miró a su madre sólo pudo ver una gran felicidad. Le tomó unos segundos entender la situación, a lo que finalmente respondió a su padre: Gracias, un paseo será algo muy agradable.

El Coronel era un hombre elegante y bien parecido, pero 14 años mayor que la Abuela Julia, era un hombre callado y respetuoso de las normas sociales y de la familia, pero no le inspiraba ni un mal pensamiento a la Abuela Julia. Sabía por sus amigas que era uno de los mejores partidos en Maracay, y que muchas habían intentado atraparlo sin éxito.

Caminaron mientras hablaban del clima y de las flores.

De regreso a casa, en el auto su madre le preguntó de qué habían hablado y ella contestó «Del clima y las flores». Al llegar a su habitación se encerró y se puso a llorar sin consuelo.

Cuando despertó ya era de noche, no sabía que hora era, se sentía perdida en el tiempo, fue al baño y al verse en el espejo notó que tenía la cara muy hinchada de tanto llorar, se lavó el rostro pero seguía igual, así que decidió bajar para preparase unas compresas de manzanilla. En la cocina se encontró con Ana, la señora de limpieza que le preguntó si tenía hambre, ella negó con la cabeza. Ana le explicó que todos estaban durmiendo y que ella le prepararía las compresas de manzanilla.

Mientras Ana le colocaba las compresas, la Abuela Julia comenzó a llorar otra vez, Ana trató de consolarla sin buenos resultados, mientras le advertía que se callara o su madre se iba a dar cuenta.

Ana le contó que una vecina de ella había ido a casa de una Bruja porque el marido le pegaba, y le hizo un trabajo de brujería para que el marido se alejara y la dejará en paz, y el hombre se había ido a los Llanos y ahora su amiga vivía en paz.

La Abuela Julia en medio de su gran tristeza le dijo: pues averigua donde está esa bruja porque la necesito ya.

Las invitaciones del Coronel continuaron, de hecho la Abuela Julia ya resignada lo aceptaba y disfrutaba de sus paseos o salidas, pero algo dentro de ella seguía ofreciendo resistencia.

Un buen día Ana le dijo que tenía la dirección de la bruja, y que si ella inventaba una salida larga podrían ir hasta Turmero a ver a la bruja. Pero planear una salida tan larga no fue fácil, sin embargo la oportunidad se presentó dos semanas más tarde, cuando sus padres tuvieron que ir a Caracas para un acto oficial.

Con la excusa de ir a visitar a los Gómez de Turmero a ver unos huérfanos, ella y Ana lograron hacer su viaje, sabía muy bien que ninguna de sus hermanas se animaría a acompañarlas.

El viaje fue largo y caluroso pero una vez en casa de la bruja le lanzaron las cartas, la Abuela Julia nunca había hecho algo parecido y los nervios se la estaban comiendo, en ningún momento soltó la mano de Ana.

La Bruja después de ver sus cartas le preguntó: Por qué lo quieres alejar?

Ella tímidamente le dijo que no lo amaba, y que estaba muy molesta con sus padres por obligarla a aceptar a alguien que no ama.

La Bruja volvió a preguntar: Por qué lo quieres alejar?

La Abuela Julia no entendía a dónde quería llegar la bruja, y repitió lo mismo.

Entonces la bruja le dijo: Tu rabia es contra él o contra tus padres?

La Abuela Julia se quedó pensando un rato pero no supo que contestar.

La Bruja tomó un papel y escribió algo, lo dobló y se lo entregó, y le dijo: Este es el hechizo de alejamiento, no lo leas sino lo vas a usar, pero primero dale una oportunidad a ese hombre, deja que conozca más de ti o que te tome la mano mientras caminan, velo a la cara y examina sus ojos, deja que vea los tuyos y regalale tres sonrisas, si es posible permite que te bese, recuerda sonriele por lo menos tres veces, y si después de vivir todo eso aún lo quieres alejar espera una Luna llena y leelo tres veces antes de dormir, después quema el papel y jamás lo volverás a ver, si decides quedarte con él, ese día que decidas tal cosa quema el papel sin leerlo jamás.

Cuando llegó a su casa fue directo a su habitación a cambiarse y mientras lo hacía escuchó el auto de su padre, pensó que se desmayaría del susto y rogaba a todos los santos que sus padres no se enteraran de lo que había hecho. Pero no hubo tiempo para explicaciones, su padre las mando a vestirse rápido porque tenían un brindis en honor a un amigo que había logrado un ascenso. Agradeció al cielo que nadie sospechara nada.

Ana subió a ayudarla a peinar, ella actuaba normal como si nada hubiese pasado y cuando ya todos estaban listos para salir, Ana en voz baja le dijo: El que no oye consejo, no llega a viejo.

Tal y como era de esperarse el Coronel estaba en el brindis, y salió a saludarlos a su llegada, esta vez la Abuela Julia lo miro a los ojos, fue cuando se dio cuenta que los mismos eran de un verde intenso, que se veían cansados y que en su mejilla derecha tenía una cicatriz que lo hacía más varonil, después de eso le dedicó su primera sonrisa.

Siguieron saludando a amigos y conocidos, la orquesta mantenía a la gente bailando y el Coronel la invitó a bailar, ella aceptó y le dedicó la segunda sonrisa, el Coronel se relajó y le sonrió de vuelta, le tomó la mano por primera vez y bailaron una pieza detrás de la otra sin parar hasta que la orquesta tomó el descanso.

Se dirigieron tomados de la mano al bar para tomar algo frío, estaba haciendo el típico calor de Maracay, así que decidieron caminar hacia alguna de las terrazas a tomar el fresco de la noche. Habían varias parejas en la misma actividad, no hablaron mientras se refrescaban, pero la Abuela Julia veía como algunas parejas buscaban las partes oscuras de la terraza para besarse disimuladamente. De repente siento una fuerza que salía de su ser, algo que la impulsaba a ser dueña de su destino, algo que le decía eres la que decide, la que vive, la que ordena, porque sólo tú eres el ama de tu vida. Así que tomó la mano del Coronel y lo llevó a una de esas sombras de la terraza, fue ella quien lo besó, fue ella quien se le insinuó, fue ella quien le sonrió por tercera vez y lo mejor de todo fue que lo disfrutó.

Finalmente entendió su disgusto, no era con el Coronel que de paso le gustaba y mucho, era con la situación, porque había perdido el control de su destino. Se juró que de ahora en adelante sería ella la que tomaría las decisiones y que se daría la oportunidad de disfrutar y vivir plenamente, tanto las cosas buenas como las malas.

Esa noche cuando llegó a la habitación quemó el papel, y tres meses más tarde se casó con el Coronel.

Muchos años más tarde se encontró nuevamente con la bruja en una panadería, ella se le acercó y le dijo: A veces es mejor quemar los miedos que alejar un amor verdadero en Luna Llena. La Abuela Julia la abrazo y le dio la gracias.

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