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Por @virginiaescobar

La magia negra es conocida en todo el mundo y se utiliza para realizar el mal invocando los poderes de los espíritus malignos, por eso hay que tener muchísimo cuidado a la hora de realizar hechizos de amor con este tipo de magia. Ya que si el hechizo está mal realizado o las intenciones no son correctas, pueden tener consecuencias no deseadas e irreversibles.

A la Abuela Concepción no la conocí, pero en el mundo de la magia de Amor es muy conocido su caso, porque resulta ser muy educativo y deja al final una fuerte moraleja digna de ser inmortalizada y asimilada.

Se cuenta que la Abuela Concepción vivió en Galicia, y que durante la Dictadura de Franco gozó de una buena posición económica y social. Su familia siempre estuvo ligada a la política de formar directa o indirecta, y algunos familiares eran parte de instituciones militares, y fue justamente en ese medio que la Abuela Concepción conoció a Crispin Iriarte, un joven militar de buena familia a quien se le vislumbraba un futuro promisorio.

La Abuela Concepción quedó prendada del joven inmediatamente, y aunque el mismo mostró ser muy amable y educado, no mostró mayor interés por alguna de las damas ahí presentes. De hecho por el contrario el joven Crispin estaba más interesado en asuntos políticos y en alcanzar una buena plaza una vez que dejará la Academia.

Sin embargo, por más que la Familia Iriarte trataba de mover contactos y ejercer influencia, el destino del joven Crispin parecía estar destinado a las fronteras y no a la capital como deseaba.

La Abuela Concepción trató en vano de hacerse notar, pero sus esfuerzos no encontraron recompensa, y al poco tiempo se enteró que su guapo oficial había sido enviado lejos de su alcance.

Su tristeza y desgano se notaba, se trataba de su primera ilusión de Amor, en realidad su madre había fallecido hace algunos años y su padre no se preocupaba mucho por ella, sólo esperaba que encontrara un buen marido franquista y fuera una buena mujer y madre.

Una de sus mejores amigas le recomendó una vieja gitana que hacía trabajos para ayudar a las mujeres encontraran márido y tener bebés cuando eran infértiles. La Abuela Concepción en un primer momento se horrorizó, ya que los gitanos no eran bien vistos por los franquistas, y en algunos casos eran perseguidos con terribles consecuencias.

Al año siguiente Crispin volvió a la capital con un licencia de 15 días. La Abuela Concepción tuvo la oportunidad de verlo el día que llegó en una Fiesta, había madurado, su cara de muchacho se había perdido y ahora era todo un hombre, seguía siendo amable y educado, pero también seguía más interesado en asuntos políticos que en mujeres. De hecho se rumoreaba que estaba en Madrid por un posible ascenso, y que se convertiría en el Tercero de Aragón.

La Abuela Concepción no entendía bien el significado de eso, más sabía que se trataba de algo importante, y ahora le gustaba más.

Con el regreso de Crispin su deseo de tenerlo floreció nuevamente, y animada por un loco deseo de Amor no correspondido, esa misma noche habló con su amiga para visitar a la mujer gitana.

Pero tuvieron que esperar una semana para ver a la misteriosa mujer, la cual aceptó a ayudar a la Abuela Concepción por una alta suma dinero, pero no sin antes advertirle que el mismo era irreversible, por esa razón le preguntó en reiteradas ocasiones si realmente estaba segura de que eso era lo que quería.

La Abuela Concepción con cada pregunta de la vieja gitana comenzaba a dudar, porque no conocía bien a Crispin, de hecho todo lo que sabía de él era por referencia de otras personas, y todos coincidieron en que era un joven amable y educado.

La Gitana notando su indecisión le propuso un trato, que probará primero con un «Atractor» de modo que Crispin se acercara a ella, de modo pudieran compartir y conocerse mejor. Porque la magia para doblegar a un hombre hacia una mujer era irreversible.

Y así lo hicieron, esa noche la Abuela Concepción se encontraría con Crispin en el baile de la Academia, así que ella mezcló tres gotas del Atractor con su perfume habitual como lo había recomendados la Vieja Gitana.

Esa noche la Abuela Concepción fue el centro de la atracción de todas las miradas, los oficiales se peleaban por bailar con ella o de disfrutar de su compañía, pero Crispin estaba en lo de siempre, hablando de política y discutiendo la situación de Europa por la guerra.

Aunque la Abuela Concepción se divirtió como nunca en el baile, se sentía desilusiona por no haber conseguido nada con Crispin.

Al poco tiempo se enteró que Crispin había regresado a Aragón y que su oportunidad había pasado. En un momento de locura y desesperación se fue sola a buscar a la vieja y amable gitana.

La misma le explicó que ella podía hacer que Crispin se casará con ella, pero que no podía obligarlo a amarla, trato de explicarle que un matrimonio sin amor era muy difícil y frustrante, y que una vez realizado el trabajo no había vuelta para atrás, porque el vínculo del matrimonio ya estaría hecho y los demonios despertados.

La Abuela Concepción se asustó cuando escuchó el nombre de los demonios, como no entendía de Magia y de hechicería no estaba consciente que alguien pudiera invocar demonios para el amor. Por segunda vez la Vieja Gitana había evitado que la Abuela Concepción se decidira ha llevar a cabo un ritual de magia.

Pero Crispin regresó a Madrid al poco tiempo y se lo encontró en la feria de las fiestas patronales de algún Santo que no recuerdo en estos momentos, la Abuela Concepción que sospechaba que su amor estaría allá, se colocó nuevamente el Atractor con el perfume. Después del saludo educado y de preguntar por las respectivas familias, Crispin la invitó a tomar un ponche y comer algo. Pero al final sólo se dedicaron a tomar ponche, y cuando la Abuela Concepción ya tenía las mejillas rojas de tanto ponche, Crispin la invitó a bailar un rato .

Llegada la hora de regresar a casa y despedirse de Crispin, el joven la acompañó donde se encontraría con sus amigas, pero las mismas no aparecían por ningún lado, así que Crispin se animó y se ofreció a llevarla a su casa y llegado el momento de despedirse Crispin rozó los labios de la Abuela Concepción, para después besar su mano. Se dio media vuelta y se fue.

La Abuela Concepción ya tenía la razón que necesitaba para entregarle totalmente su corazón y se convenció que ya no necesitaba la magia, puesto que Crispin ya se había fijado en ella.

Pero, al igual que en ocasiones anteriores, Crispin regresó a Aragón, sólo que está vez pasaba el tiempo y Crispin no regresaba.

La Abuela Concepción cayó finalmente en desesperación, el tiempo pasaba y sus amigas ya estaban casadas y comprometidas, mientras ella seguía solterona, de hecho se comenzaba a hablar de la posibilidad de que Concepción tomará los hábitos. Así que una mañana se fue a visitar por tercera vez a la vieja y amable gitana.

Le afirmó que ahora si estaba segura, que lo único que deseaba en el mundo era casarse con Crispin, porque según la Abuela Concepción estaba segura de que ya existía el amor.

La vieja gitana pidió su dinero y comenzó el ritual de matrimonio, el amor que la Abuela Concepción sentía por Crispin le dio las fuerzas suficientes para aguantar todo lo que vio esa mañana en el ritual.

Cuando llegó a su casa al mediodía su padre estaba muy molesto, porque los Iriarte los habían invitado a almorzar y ella se había perdido sin decir dónde estaba.

La Abuela Concepción subió y se cambió rápidamente, sus pensamientos se atropellaban en su cabeza sin orden o consideración, por un lado se sentía sucia y pecadora, pero por otro lado veía una posibilidad de que sus sueños de amor se hicieran realidad.

Se impresionó al notar que para el almuerzo sólo estaban la familia Iriarte y la familia de ella, pero la mayor sorpresa se la llevó al finalizar el almuerzo cuando delante de todo el mundo, Crispin se arrodilló delante de ella y le pidió matrimonio.

La Abuela Concepción quería salir corriendo, no porque no lo deseara, sino porque sabía que esto que estaba sucediendo era producto del demonio. Mientras todos esperaban su respuesta logró balbucear un si , que provocó aplausos y un brindis, pero el cuerpo de la Abuela Concepción no dejaba de temblar, y todos lo atribuyeron a la emoción del momento.

Esa misma noche sería anunciado el matrimonio en el baile de la Gobernación, y el mismo se llevaría a cabo el mes siguiente cuando Crispin tuviera su próxima licencia.

Ese mes resultó una locura entre los preparativos de la boda, el aguar y el viaje de la Abuela Concepción a Andorra, que sería su nueva residencia.

Cuando llegó el día los eventos se sucedieron rápidamente, la boda, la fiesta y el viaje a Andorra, que de paso fue accidentado y lleno de inconvenientes, así que tardaron dos días en llegar.

La casa que Crispin había preparado era pequeña pero con todas las comodidades, y cuando llegaron sólo pudieron descansar unas horas antes de que Crispin saliera de misión y a la Abuela Concepción sólo le preocupaba la noche de bodas, porque el matrimonio aún no se había consumado.

Espero pacientemente que Crispin regresara esa noche, pero sólo recibió una nota donde Crispin se disculpaba porque la situación en el cuartel no le permitía salir esa noche.

La Abuela Concepción no sabía si estar triste o alegre, porque le daba miedo la primera noche como esposos, pero eso también significaba que contaría con un día más para pensar y descansar.

Pero los días siguientes fueron iguales al primero, Crispin sólo aparecía para almorzar o desayunar, y el matrimonio seguía sin consumarse.

La Abuela Concepción sentía que algo malo sucedía, porque nada estaba pasando como ella lo había imaginado. Esa tarde recibió una nota en la que Crispin le notifica a que estaría de misión fuera de Andorra por un mes, su tristeza fue aún más profunda.

Para ella los días se volvieron grises y eternos, no conocía a nadie en ese lugar, sus amigas y su familia estaban lejos e inevitablemente cayó en una terrible tristeza profunda.

En las tardes acostumbraba a dar pequeños paseos, pero una tarde se aventuró a ir un poco más allá, más al poco tiempo de caminar se arrepintió, puesto que el lugar era feo y de lado a lado habían bares. La Abuela Concepción trató de apurar el paso pero una riña callejera la obligó a resguardarse en un callejón sin salida, así que prefirió quedarse resguardada en un San Juan sin hacer ruido mientras las calles se calmaban.

Pronto escuchó una voz conocida, le pareció haber escuchado a Crispin y con cautela se asomó hacia dentro de la casa, ahí vio a Crispin con un hombre en sus piernas mientras lo abrazaba y besaba entre risas de alegría.

Instintivamente la Abuela Concepción salió corriendo llegó a su casa hizo una pequeña maleta, tomó todas sus joyas y se fue de Andorra.

Nunca más se supo de la Abuela Concepción, algunos rumorean que tomó un barco a América, pero ni su familia, ni sus amigas supieron más de ella.

Crispin murió a los 80 años casado con la Abuela Concepción, muy pocos conocieron su secreto, pero así como la Abuela Concepción fue libre, ese matrimonio también hizo libre a Crispin.

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