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Por @virginiaescobar

En México hay un dicho sobre el amor que reza: «Si es para ti aunque te quites, si no es para ti, aunque te pongas», en referencia a que nadie puede obligar a una persona a estar al lado de otra. Sin embargo no todo el mundo entiende está advertencia, pero las energías del Universo son sabias y tiene extrañas firmas de poner todo en orden.

El caso de la Abuela Lupe es muy particular pues parece que logró entender la diferencia entre lo que se desea y lo que uno necesita, que de hecho es algo que en la magia de amor es un punto clave a la hora de encontrar pareja.

La Abuela Lupe era hija de un comerciante que daba comodidades a su familia del producto de su trabajo, por eso «Lupita» creció cerca de gente «bien», a diferencia de sus hermanos varones que trabajaron desde jóvenes con su padre, a la Abuela Lupe se le consintió en todo lo que quiso o deseo, de hecho eran bien conocidos los berrinches que montaba cuando era niña, pero es que todos en la casa se esforzaba en consentirla y complacerla.

Cuando se convirtió en una hermosa joven conoció a Jacinto Almeida, quien venía de una buena y acaudalada familia. El joven era atrevido, alegre y fiestero, no se le había conocido ninguna novia, por lo menos ninguna seria, más de una vez tuvo problemas con la justicia por riñas callejeras. Su padre lo consideraba caso perdido y de alguna manera prefería ignorarlo, era simplemente un dolor de cabeza, a diferencia de su hermano mayor Augusto Almeida que tenía una extraña obsesión por el trabajo y para su corta edad ya tenía grandes responsabilidades sobre sus hombros, era muy serio y de pocas palabras.

Pero la Abuela Lupe quedó prendada de Jacinto (al igual que muchas otras), lo conoció en una Fiesta del Día de la Independencia, y bailó con él todas las veces que pudo, le fascinaba su sonrisa y espontaneidad.

Esa noche cuando se despedían y Lupe iba a darle un beso de despedida, Jacinto volteó la cara rápidamente y Lupe no pudo evitar darle un beso en la boca. Jacinto con su salamería habitual le dijo: «Sabe igual al elixir de los Dioses». Lupe por su parte estaba un poco aturdida, ya que jamás había besado en la boca a un hombre.

Ese hecho dio pie a que la imaginación de la Abuela Lupe volara hasta el punto en que ya se sentía comprometida en matrimonio con el joven y alocado Jacinto. Esa misma noche decidió que él sería de ella.

Las semanas siguientes hizo todo lo posible para coincidir con Jacinto en reuniones y fiestas, pero el joven le prestaba muy poca atención, seguía siendo amable con ella, pero la Abuela Lupe no obtenía la atención a la que estaba acostumbrada.

En un ataque de niña caprichosa decidió buscar un chamán o brujo que obligara a Jacinto a rendirse a sus pies, sin embargo los tres primeros iluminados que visitó no fueron efectivos puesto que Jacinto seguía divirtiéndose sin ella. El tiempo pasaba y el joven seguía de fiesta y metiéndose en problemas.

Finalmente una de las mujeres que trabajaba en la limpieza en su casa le recomendó una mujer que hacía «amarres de amor», la Abuela Lupe no pudo aguantar y convenció a la mujer que después de que terminara su jornada ese día la llevara a donde vivía la mujer.

La Abuela Lupe no era buena detrás del volante, pero para estas diligencias debía tomarlo y conducir ella misma. Después de tres sustos de «casi chocamos» llegaron donde la mujer mística.

La misma consultó sus cartas y le dijo a la Abuela Lupe, que existía un antiguo ritual del Colibrí, que era muy efectivo pero que debía conseguir primero ropa interior del joven en cuestión, miel y que debía colocarlo debajo de la almohada de su amado, le aclaró que para que la magia diera resultado debía hacerlo al pie de la letra, de lo contrario sería un desastre.

Al día siguiente fue al club, ella sabía que Jacinto estaría por ahí, pero sólo vio a su hermano que al parecer estaba reunido por cuestiones de trabajo en el restaurante principal, espero pacientemente a que Augusto terminará el almuerzo para preguntarle por su hermano, y así fue, viendo que Augusto quedó sólo ella se acercó lo saludó educadamente y después de preguntar por sus padres y enviarles saludos preguntó por Jacinto.

Augusto soltó una gran sonrisa, de hecho ella pensó en ese momento que jamás lo había visto reír, y después le respondió: mi hermano hoy en la mañana salió de viaje a Nueva York, al parecer aceptó conocer a los padres de su novia, aún no puedo creer que realmente se haya tomado en serio una relación.

La Abuela Lupe sintió como todo su cuerpo se desacomodó y una ola fría y desagradable le recorría el cuerpo. Se despidió amablemente del hermano de Jacinto y cuando se disponía a marcharse , Augusto, la invitó a almorzar con él para charlar un poco. La mente de la Abuela Lupe maquinó rápidamente y pensó en todo lo que le había dicho la mística, si se hacía amiga de Augusto podría entrar en la casa y obtener la ropa interior de Jacinto que necesitaba para el ritual de magia. Así que aceptó y utilizó todos sus encantos para lograr la confianza de Augusto, y poco a poco lo logró, de hecho se convirtieron en buenos amigos y en las tardes se encontraban para tomar café y contarse sus cosas, cada vez que a la Abuela Lupe le pasaba algo el primero en saberlo era Augusto y viceversa. Pasaban horas hablando por teléfono de cuanta tontería se les ocurría y de alguna manera llegaron a tener esa confianza que sólo se da con la amistad verdadera, como no había presión podían ser ellos mismo, y cuando la Abuela Lupe le daba un berrinche Augusto se burlaba de ella y terminaban en risas y burlas mutuas.

Finalmente logró su cometido y fue invitada para el cumpleaños de la Sra. Elena la madre de Jacinto y Augusto, la fiesta estuvo divertida y pudo reírse hasta el cansancio con la cumpleañera y los cuentos de Augusto cuando era pequeño. En el postre se enteró que Jacinto regresaría mañana y que estaba invitada a una Fiesta íntima de recibimiento.

Pidió permiso para ir al baño y entró en la habitación de Jacinto, revisó el closet y encontró su ropa interior tomó uno lo metió en su bolso y bajó a la reunión como si nada hubiese pasado.

Al día siguiente en la mañana llevó el tesoro a la mujer mística, quien la vio directamente a los ojos y dijo: pensé que nunca lo lograrías, pero ya veo que mis cartas no se equivocaron, ellas dijeron que tú regresarías tres veces.

La Abuela Lupe preguntó: Después de este ritual debo regresar?, y la mujer mística respondió: No.

La mujer preparó el colibrí en un pañuelo rosado, la baño de miel y después la envolvió con cordones de seda rojo, recitó algunos hechizos y cuando terminó le dijo: Debe poner su cabeza en la almohada está noche, a más tardar mañana en la noche.

La Abuela Lupe se arregló y su hermano, que también estaba invitado se fueron a casa de los Almeida, pero al parecer el regreso de Jacinto sufrió varios percances y el joven llegaría casi al amanecer del día siguiente. Así que tomando en cuenta que Jacinto llegaría a dormir, la Sra. Elena propuso una cena de bienvenida de modo de que su hijo pudiera descansar y reponerse del viaje.

La Abuela Lupe pidió permiso para ir al baño, y al igual que el día anterior entró al cuarto de Jacinto y colocó el pichón de colibrí dentro de la funda de la almohada, el empaque era pequeño y sólo un buen observador podría notarlo, regresó a la reunión sin que nadie notará sus planes.

El día siguiente era domingo, fue a misa con su familia y notó que la familia Almeida no estaba, supuso que se debía a la llegada de Jacinto, así que se quedó tranquila.

En la tarde llamó Augusto, pero habló con su hermano y dejó el mensaje que la reunión se suspendía. Cuando la Abuela Lupe preguntó a su hermano qué había sucedido éste no le supo decir. Espero la acostumbrada llamada de Augusto esa noche, pero el joven tampoco llamó.

Al día siguiente llamó a la oficina de Augusto y le informaron que Augusto no había ido a trabajar, la Abuela Lupe empezó a preocuparse, algo muy grave debió haber sucedido para que Augusto no fuera a trabajar. Espero toda la mañana y la tarde pero no recibió noticias. Espero la llamada nocturna de Augusto pero la misma tampoco llegó, le preguntó a su hermano pero éste tampoco sabía nada.

A la mañana siguiente volvió a llamar a Augusto a la oficina y le informaron que Augusto no había ido a trabajar. La Abuela Lupe pensó que seguro Augusto había descubierto la golondrina y por alguna razón sospechaban de ella y por eso no le quería atender, sus nervios estallaron y comenzó a llorar porque Augusto ya no sería más su amigo, que ya no tendría con quien compartir, y de repente dejó de llorar y un susto en el corazón la dejó sin respiración.

«Al diablo Jacinto, estoy enamorada de Augusto! »

Tomó su bolso y las llaves del carro, debía ir a casa de la mujer mística para detener el hechizo de la golondrina. Al llegar allá y explicar todo lo que había pasado la mística respondió: no hay nada que yo pueda hacer, lo hecho, hecho está

La Abuela Lupe lloraba de regreso a su casa, no quería a Jacinto, sólo le importaba Augusto, y entre sus lágrimas, sus tristeza y su falta de habilidad para el majo chocó otro carro, inmediatamente la calle se llenó de gente, ella estaba aturdida, el hombre del otro carro vociferaba y la insultaba. Sintió mucho miedo, en realidad no conocía la zona y no sabía que hacer, y justo en el momento en que pensó que perdería la razón, apareció Augusto.

Él pasaba casualmente por ahí cuando reconoció a la Abuela Lupe, así que la toma de brazo y la metió en su auto, Augusto discutió con el hombre del otro carro y llegó la policía, levantaron el choque y una grúa se llevó el carro de la Abuela Lupe.

Augusto se ofreció llevarla a su casa, pero ella le pidió que la llevara a cualquier otro lugar dónde ella pudiera recuperar la calma antes de hablar con sus padres.

Augusto la llevó a su casa, cuando llegaron a la mansión Almeida notó que no había nadie, así que preguntó: y tu mamá, que pasó con Jacinto?

Augusto bajo la mirada y tomó aire lentamente: verás mi hermano llegó ayer muy enfermo, la historia es larga y te la voy a contar pero promete que no dirás nada a nadie.

La Abuela Lupe afirmó con la cabeza y Augusto continuó: Mi hermano se contagió de sífilis, el médico dice que se repondrá pero por ahora debe descansar.

La Abuela Lupe preguntó: esa es la enfermedad de transmisión sexual?

Augusto afirmó con la cabeza: pero eso no es todo, ayer nos enteramos que se casó con su novia, y que la contagió a ella también, y por desgracia ella si está muy grave.

En ese momento la Abuela Lupe pensó que esa mujer pudo haber sido ella, y después de tantas emociones simplemente se desmayó.

Cuando se despertó se encontró en la habitación de Jacinto, ahí estaba Augusto y la su nana, que aún vivía con ellos. La nana le daba masajes en las manos con alcohol.

Dónde estoy?- Preguntó la Abuela Lupe a lo que Augusto respondió: en mi habitación.

La Abuela Lupe se sintió un pico desconcertada, pensaba que esa habitación era la de Jacinto.

En ese momento entró la Sra Elena con la mamá de la Abuela Lupe, la cual comenzó a llorar, y después de que ambas mujeres trataron de consolarla ella se paró y abrazó a Augusto mientras seguía llorando. Todos lo vieron con mucha naturalidad porque según la Sra. Elena «Era algo que se veía venir»

El hechizo del Colibrí llegó al cuarto de Augusto y no de Jacinto y como dicen en México «Si es para ti aunque te quites, si no es para ti, aunque te pongas»

Augusto y Lupe se casaron un año más tarde, Jacinto se casó 5 veces y realmente nunca fue feliz, sin embargo nunca perdió su buen humor ni su sonrisa, o por lo menos eso era lo que decía la Abuela Lupe.

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