Etiquetas

, , , , , , , , ,

Por @virginiaescobar

A la Abuela Jess no la conocí personalmente, de hecho no sé si realmente ese era su verdadero nombre, pero su historia es digna de ser contada como la de cualquier mujer que la magia le cambió la vida.

A mediados del siglo XX la Abuela Jess era una joven americana como cualquier otra, alegre y llena de sueños. Sus padres eran protestantes y por ende, ella y sus dos hermanas también lo eran.

Al ser la mayor, de alguna manera era el ejemplo a seguir, por lo tanto como a muchas chicas de la época su mayor interés giraba en conseguir un buen marido y tener su propia casa.

Sin embargo, en Europa había una gran guerra que ocupaba principalmente la mayoría de las conversaciones en las reuniones, de hecho tenía conocidos que deseaban ir como voluntarios a la misma.

Un día su vecino de toda la vida, Jack le comentó que cuando terminara su entrenamiento militar se ofrecería con voluntario en el ejército inglés porque quería ir a la guerra. Jess se escandalizó de inmediato, su amigo el cual consideraba casi como un hermano no podía ir a la guerra, puesto que el mismo era un joven dulce, introvertido y sin malicia, simplemente no era un hombre de guerra. De hecho siempre había abogado por la paz y el entendimiento ante el conflicto.

Pero Jack había tomado ya la decisión y una vez terminado su entrenamiento cumplió con su palabra y entró en el plan de «voluntarios de guerra». Al poco tiempo llegó una cartas a sus vecinos la cual explicaba que Jack estaba desaparecido.

A Jess esta noticia le cayó muy mal, Jack había sido toda su vida un querido amigo con el cual había compartido cumpleaños, meriendas los domingos después del servicio, era simplemente alguien que siempre estuvo ahí.

Unido a esto llegó la noticia de que los japoneses había atacado Pearl Harbour dejando una gran cantidad de bajas, y que los EEUU entraría formalmente a está guerra.

A partir de ese momento sus amigos y conocidos comenzaron a enlistarse en el ejército para ir a la guerra, y su madre decía: «Ahora entiendo porque Dios sólo me dio hijas». Jess entendió esto como una forma que tenía su madre de evadir una cruel realidad.

Jess visitaba con frecuencia a la familia de Jack para acompañar a sus familiares en tan terrible espera, y un día antes del cumpleaños de Jess cuando ella acompañaba a la madre de Jack llegó otra carta, pero está estaba escrita por el mismo Jack, la madre cayó de rodillas en el pórtico e incapaz de abrir la carta le pidió a Jess que la leyera.

Jess con el corazón oprimido la abrió y notó que la misma había sido escrita antes de que él desapareciera, en la misma le contaba a su madre lo emocionante que era estar en el campamento militar y sobre sus compañeros. Pero al final había una posdata que decía: «Te envío una esmeralda roja para que se la des a Jess de mi parte para su cumpleaños, me la regaló un chico hijo de un minero de California, era para su novia, pero ella se casó con otro y de la rabia me lo regaló. Dile a Jess que no se preocupe tanto por mi, hasta aquí puedo sentir su preocupación»

Jess no aguantó más y se arrodilló en el suelo a llorar con la madre de Jack.

Dentro del sobre había una pequeña piedra roja del tamaño de una uña, era un botón rojo y hermoso, estaba trabajada en forma de colgante. La madre de Jack la sacó del sobre y se la entregó a Jess diciéndole: » Siempre creí que ustedes se casarían»

Al año de haber empezado la guerra comenzó el reclutamiento de mujeres para que sirvieran en la guerra en puestos de enfermería, telegrafía, fábricas, secretaria, y otros cargos. A Jess esto le pareció una oportunidad de ir a buscar a Jack, pero la única forma de viajar al viejo continente era como enfermera y eso a ella no se le daba muy bien. Así que optó por el entrenamiento en telégrafos y secretaría ya que existía una gran posibilidad de que la enviaran más cerca de Jack.

Se esforzó mucho para estar entre las mejores y su trabajo dio resultado porque la enviaron en el primer grupo a los campos Americanos en Inglaterra.

Su jefe directo era el director de comunicaciones, un hombre que había ascendido rápidamente porque había entrado a la guerra antes que los Estados Unidos, ya que era uno de los que se había ofrecido como voluntario al igual que Jack. Era un hombre de pocas palabras y que acostumbraba a mirar directamente a los ojos, cosa que intimida a todas las chicas que trabajaban ahí.

Ella trato en vano de averiguar sobre Jack, el día a día era muy rudo, su jefe parecía ser irracional, extremadamente estricto y comprometido con la guerra, el poco tiempo libre lo utilizaba para descansar.

Un día se anunció que un grupo grande de oficiales visitarían el campamento de Jess en una especie de permiso de tres días y dentro de ese regimiento habían muchos «Voluntarios» que estaban ahí desde el principio.

Jess se arregló muy bien y se colocó en una cadena la pequeña esmeralda roja, de hecho nunca se la había puesto en el cuello, no había tenido el valor de hacerlo, aún cuando siempre la llevaba con ella.

Camino al baile comenzó a sentir una fuerza que no sabía que tenía, pensando un poco en sus sentimientos se dio cuenta que tenía un valor renovado, se sentía atrevida y valiente, era como una confianza absoluta en ella misma y en su destino. Jess se lo atribuyó a la esperanza de saber pronto algo sobre Jack.

En la fiesta no obtuvo información sobre su amigo, pero ya dispuesta a regresar a su habitación en el campamento se topo con su jefe, él tenía el semblante desarreglado, como si algo le hubiese molestado en exceso. Jess dio las buenas noches y trató de apreaurar el paso, pero su jefe la llamó tan fuerte que no lo pudo ignorar.

Él se acercó a ella y con un tono serio pero suave le dijo que había recibido las últimas listas de prisioneros fallecidos en el campo enemigo. A Jess le flaquearon las piernas, su jefe lo notó y la ayudó a sentarse, ella comenzó a llorar sin haber terminado de escuchar la noticia. Su jefe espero un rato para decirle finalmente que el nombre de Jack estaba en la lista.

En ese momento la respiración y el corazón se le detuvieron, sintió como todo daba vueltas a su alrededor y perdió el conocimiento.

Cuando despertó se encontraba en enfermería, la luz de la ventana le indicaba que había amanecido, cuando examinó la habitación vio a su jefe sentado en una esquina, no la miraba a ella, él también veía por la ventana el amanecer.

Ella comenzó a llorar y él se percató que ella había despertado, el se acercó y con voz suave le dijo que tendría tres días de permiso para llevar su duelo, le tomó la mano y le entregó la Esmeralda Roja, después le indicó donde estaba su ropa y le dijo que la esperaría afuera mientra ella se cambiaba para llevarla a su habitación en el campamento.

Camino a casa ella llevaba la Esmeralda Roja en la mano y su jefe le dijo: «Nunca deberías quitartela, dicen que las esmeraldas rojas dan valor, además es una gema muy rara» Jess se la puso nuevamente y cerró los ojos para sentir la fuerza de la gema, pero por ahora el dolor era más fuerte que el colgante.

Sólo durmió durante los tres días siguientes y cuando le tocó regresar al trabajo se encontró con que otra chica ocupaba su lugar, fue a hablar con su jefe pero ya no estaba, habían asignado a otro oficial, el cual le informó que había sido resignada en Londres a cargo del General Saunder, en realidad se trataba de su mismo jefe que había sido ascendido y la había solicitado a ella como su secretaria.

Salir del campamento donde todo le recordaba a Jack le pareció una gran oportunidad. Así que rápidamente recogió y se puso a la orden para su traslado. Ya en Londres notó casi de inmediato que su jefe había cambiado su actitud con ella, ya no era tan rudo y hasta de vez en cuando le hacía bromas, por la cantidad de trabajo acostumbraban a comer juntos en el escritorio mientras seguían adelantando trabajo. Jess comenzó a sentirse cómoda y a aceptar la muerte de Jack con resignación.

La confianza entre Jess y su General se dio de manera natural y no se podía negar que había nacido una especie de complicidad y entendimiento entre ellos. Cuando al General lo citaron en Washington, la nueva y confiada Jess fue con él, estarían ahí sólo tres días y para eso se le improvisó una pequeña oficina cerca de la Casa Blanca. El segundo día llegó una mujer preguntando por el General con acento extraño, no quiso explicarle a Jess el motivo de su visita, sólo dijo que era algo personal, y esa palabra le disgustó mucho a Jess, inicialmente pensó que eso se debía al trabajo que los había convertido en un equipo en el que dependían uno del otro sin darle cabida a más nadie. Pero a medida que pasaban las horas del día reconocía que sus sentimientos iban más allá del trabajo, pero prefirió no pensar más en eso.

Esa noche cuando vio al General pensó si decirle o no sobre la visita, pero cuando ya se disponían ir al hotel a descansar le comentó sobre la visita de la mujer. Él inmediatamente se sintió incómodo ante el mensaje, Jess le dijo que había dejado un número de teléfono, pero él no lo tomó y le dijo: «botalo y si vuelve a venir dile que no estoy»

De alguna manera a Jess le entró un fresquito de alegría pero a la vez una ola de curiosidad. Conocía muy bien a su jefe para saber que él no le daría ninguna explicación y ella no tenía motivos para exigirle una.

Al día siguiente la mujer regresó, el General no estaba, y ella le tocó atenderla, pero esta vez la mujer le reclamó de no haberle dado el mensaje y cuando Jess le dijo que ella no tenía razones para no darle el mensaje la mujer le contestó: » Crees que soy estúpida y que no he visto la Esmeralda Roja?» e inmediatamente se dio media vuelta y se fue.

Jess debía encontrarse esa noche en el aeropuerto con el General para regresar a Londres, y ahí estuvo puntual, pero el General llegó justo a tiempo para embarcar. Llegó con otros militares de alto rango quienes también abordarían el avión y mientras todos apuraban el paso ella se quedó inmóvil, el General cuando se percató se acercó a ella y le dijo: «vamos»

Y ella con una voz muy fría le dijo que no iría a ninguna parte hasta que no le explicara qué tenía que ver él con la Esmeralda Roja que ella llevaba en el cuello.

El General quedó pálido, bajo la mirada un momento antes de reaccionar, para contestar de forma simple: «Esa Esmeralda fue mía».

Jess inmediatamente entendió todo, el General era el hijo del minero californiano que en medio de un despecho le había regalado la gema a Jack, y la mujer debe ser aquella que se casó con otro.

Pero la mujer apareció en ese momento y lo llamó con su nombre de pila con voz fuerte y clara: William!

La cara del General se tornó ruda y llena de odio, y ella se acercó a él sin importarle su expresión para decirle que tenía que hablar con él, y sin hacer pausa continuó diciendo que la perdonara, que ella se había equivocado y que le diera una oportunidad.

Ante esa declaración a Jess la invadió una fuerza para ella totalmente desconocida hasta ese momento, se acercó al General y con mucha sutileza y sensualidad le dio un beso en la boca, para finalizar con una voz ronca y llena de confianza con las siguiente palabras: «te espero adentro».

El General le tomó la mano y le dijo: «tú no irás a ninguna parte sin mi», y ambos caminaron juntos con paso apresurado a la puerta del embarque, ante la mirada atónita de la otra mujer.

La Guerra terminó justo un año después de esa fecha, y dos años más tarde Jess y su General se casaron, él continuó su trabajo militar, pero ella se dedicó a la casa y los hijos. Sólo después de casados William le contó la historia de la Esmeralda Roja y su poder.

La Esmeralda Roja es una gema muy extraña, de hecho hay pocas en el mundo, es un cristal que aporta valentía y energía a quien la usa, pero esa piedra que llegó a las manos de Jess había sido preparada por un indio americano para que su hija no pudiera casarse sino con un hombre que la amara de verdad. Por extrañas razones está gema había llegado a manos del padre de William y poco tiempo después murió su madre, su padre conoció así a su segunda esposa con la que vivió grandes aventuras y fue inmensamente feliz, ya viejo se la regaló a su hijo y le dijo que la Esmeralda Roja actuaba en silencio para que la persona que la porte alcanzara solo el amor puro y verdadero.

Se dice que dicha esmeralda fue dividida en tres, pero que aún así cada parte conserva el mismo poder.

Anuncios