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Por @virginiaescobar

El origen del Tronco de Yule se remonta a los pueblos celtas. En ese tiempo los pobladores rendían culto a la Naturaleza y sus ciclos, y con la llegada del solsticio de invierno se practicaban rituales en honor al Sol para que retomara su fuerza y retornara la luz y el calor, consistía en invocar una energía que le recordará a la Tierra que tras su descaso invernal tenía que renacer y traer abundancia.

En el momento que la oscuridad ha llegando a su punto álgido y las noches se hacen más largas y los días más cortos, había que llamar de nuevo a la lyz para que retornara y con ella el calor. Así que las casas se llenaban de luz y se hacía arder el fuego.

Luz y fuego siguen siendo los elementos básicos de las celebraciones paganas, aunque se hayan modificado y adaptado a lo largo de este tiempo.

De estas ancestrales costumbres tenemos ahora diversos herederos que han evolucionado desde ese gran tronco que se hacía arder durante las noches del solsticio, durante los tres días que el Sol permanecía quieto en el Norte, hasta que comenzaba su lento retorno al Sur.

El tronco de Yule debía venir del primer árbol que se tapaba para hacer leña para el invierno, un gran tronco que ardía en las chimeneas de las casa y que las llenaba de luz y calor. Este tronco se encendía con el carbón y las cenizas guardadas del tronco del año anterior. Tenia que ser lo suficientemente grande para que ardiera durante los tres días que el sol está estático, y una vez pasado el solsticio se guardarían las cenizas de esté para el año siguiente.

Uno de los más extendidos de estos descendientes del tronco Yule es el Árbol de Navidad, este que ahora es de platico y adornamos con bolas también de plástico y luces eléctricas, nace de una necesidad practica ya que días antes de poner el tronco en fuego se cortaba y se llevaba a las casas para que secara, y se le decoraba. Todo esto consistía en una forma de agradecer los dones que iban a venir, pero también de recordar a la Naturaleza que ha de lucir de nuevo flores y frutos, por lo que se le adornaba con frutos y lazos que representaban las flores. Estos lazos se ataban al árbol pidiendo deseos para el año siguiente.

Otro de los más populares y sabrosos recuerdos de estas ancestrales costumbres es el Tronco de Navidad. Este es un pastel que se realiza con una gran variedad de ingredientes (un bizcocho relleno nata y/o frutos de otoño y recubierto de chocolate) y formas que recuerda el tronco de un árbol es adornado según el gusto y la costumbre de la zona con símbolos del invierno.

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