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Por @virginiaescobar

El árbol se ha convertido en un símbolo de amor, la sabiduría, el renacimiento, la fuerza, la redención, la amistad, la generosidad y ánimo.

El árbol de la vida es un concepto que simboliza el principio de la vida, el origen de todo. Es por eso que religiones, filosofía, mitología e incluso ciencia hayan fijado sus ojos en él y lo hayan representado desde hace miles de años, siendo uno de los elementos e iconos comunes prácticamente en todas las culturas y civilizaciones. Si extrapolamos su simbología a nuestros días, el árbol de la vida puede entenderse como la vuelta a los orígenes y, porque no decirlo, a la esperanza. Según cada civilización tiene un significado distinto.

Para los celtas:

Cuando una tribu celta autorizaba una nueva tierra para el asentamiento, siempre se deja un gran árbol en el centro, conocido en Irlanda como el “Crann bethadh”, o el Árbol de la Vida, que encarnaba la seguridad e integridad del pueblo celta.

Grandes e importantes rituales se llevaron a cabo en el árbol sagrado, ya que, con sus raíces se extienden hasta el mundo inferior, y sus ramas llegaban hasta el mundo superior, que lo conectó con el poder tanto de los cielos y los mundos de abajo, es la herramienta que conecta el cielo y la tierra.

Numerosas leyes castigaban a quien talaba ilegalmente especies concretas ya que se consideraban sagradas. En el siglo VII la pena era de muerte si se talaba un manzano o un avellano, ya que se consideraban especialmente sagrados.

El Árbol de la vida aparece en la religión escandinava como Yggdrasil, el árbol del mundo, un enorme árbol (a veces considerado un tejo o fresno) con una amplia tradición popular. Tal vez en relación con Yggdrasil, han sobrevivido diferentes versiones con los árboles sagrados de las tribus germánicas. Entre los ejemplos se incluyen el Roble de Thor, los bosques sagrados, el Árbol sagrado de Uppsala y el pilar de madera de Irminsul.

Cada persona llevaba un árbol dentro ya que el crecimiento espiritual es la esencia del ser humano, por eso, cuando nacía un niño, plantaban uno; su cometido era cuidar de él durante toda su vida y al morir era enterrado a su lado. Cuando un druida moría, su espíritu se reencarnaba en uno a través del cual continuaba cuidando de la aldea. Cada especie estaba consagrada a un dios y representaba una virtud, así como un mes del año; os lo contaré en el otro artículo.

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