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@karembarratt

Estoy viendo una serie llamada Un Descubrimiento de Brujas. Hasta ahora se trata de una bruja que no quiere aceptar sus poderes y un vampiro que se está enamorando de ella. En el último episodio, la bruja, quien tiene un doctorado en historia, es una chica moderna super independiente y posee grandes poderes, acepto la oferta (medio orden) del vampiro de llevársela lejos para protegerla de sus enemigos.

 

Y la feminista en mi dijo: ¿QUE?

 

Pero después que deje escapar mi grito de guerra, algo me vino a la mente: quizás todos esos cuentos de princesas a la espera del príncipe encantado no fueron escritos para chiquillas, si no para mujeres grandes. Mujeres que desde el principio de los tiempos han estado cargadas con responsabilidades, propias y ajenas, en un mundo en que la vulnerabilidad es vista como debilidad. Mujeres que han tenido que decidir desde que se va a hacer para la cena hasta cuál de los hijos va a ir a la escuela y cuales se van a quedar a trabajar en la granja; si aceptar una propuesta de matrimonio por amor o por sobrevivencia; si romper la tradición y educarse o conservar las tradiciones y legados familiares y culturales.

Si algo nos sobra a las mujeres son decisiones que tomar. Y lo que no todas tenemos es alguien que comparta la responsabilidad, que ofrezca un oído amable, una mano amigable, un hombro fuerte, un caminar juntos.

No sorprende pues que hayamos creado fantasías de ese alguien que viene y nos libera de la prisión de responsabilidades, que toma el timón, al menos por un momento y dice, huyamos por la derecha -y uno se deja llevar, así como sobre una corriente de agua fresca, flotando ligerita, mientras ve al cielo y el cuerpo se le torna en gelatina.

Así que tal vez todas necesitamos nuestro vampiro, príncipe, hada madrina, que nos resguarde por cierto tiempo, para poder recargar las pilas y volver a comenzar. Pero más importante aún es abrirnos a la posibilidad de aceptar y hasta pedir ayuda, admitir que no somos super mujeres – u hombres- y necesitamos de vez en cuando ser cuidados, protegidos, consentido y ayudados. Es esa danza entre la fortaleza y la vulnerabilidad, la independencia y la interdependencia lo que nos hace humanos, seres tridimensionales, fascinantemente imperfectos viviendo esta vida a plenitud.

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