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Por @virginiaescobar

Desde antigüedad los espejos estuvieron vinculados al mundo femenino, a la esfera lunar y al de los templos.

Particularmente en Egipto, el espejo portátil y con mango decorativo era el mayor símbolo de la feminidad y en la Biblia se citan los espejos de las mujeres que velaban a la entrada del tabernáculo, que eran de bronce pulido.

Aunque los incas fueron probablemente el primer pueblo en utilizar discos pulidos de obsidiana, que era mineral laminado de procedencia volcánica para la fabricación de espejos, los antiguos romanos creían que los espejos habían nacido en Persia, donde los magos los utilizaban para la adivinación.

En cualquier caso, tanto romanos como griegos, etruscos, egipcios, chinos e hindúes, los fabricaban en bronce, plata y otros metales como el hierro.

Pero fueron los fenicios introdujeron el espejo de cristal en el mundo mediterráneo, el empleo de esta materia no se generalizó hasta el siglo XVIII. Venecia ostentó el monopolio de su fabricación hasta que en el siglo XVII empezaron a fabricarse en Francia para la decoración de palacios y mansiones aristocráticas.

Desde entonces su popularidad ha ido en aumento y en la actualidad no hay casa donde no se encuentren estos objetos: ningún otro artilugio puede devolvernos con más exactitud nuestra imagen y “nuestro interior”.

En un espejo chino del museo de Hanoi puede leerse la siguiente inscripción: “Como el Sol, como la Luna, como el agua, como el oro, soy claro y brillante y reflejo lo que hay en tu corazón”. Quizá por ello los filósofos de la Antigüedad no escaparon a la fascinación de los espejos: Sócrates y Séneca preconizaban su uso como un medio para conocerse, mientras que Platón aconsejaba el uso del espejo a los jóvenes para que observasen en él los progresos que la virtud marcaba en su rostro.

Los psicoanalistas modernos también se han dejado hechizar por sus destellos y lo consideran un símbolo de la psique por su poder para reflejar el lado tenebroso del alma. Símbolo mágico de la memoria inconsciente y de la inteligencia divina, morada de Dios y de la Esencia de Buda, el espejo reproduce el universo y sus misterios, como si fuera un prodigio donde la ilusión y la realidad se entremezclan.

Fuente: WiccaArgentina.com.ar

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