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Por @virginiaescobar

Antes se decía que había ciertos signos externos que los señalaban como brujos, estas “marcas de brujería” no eran mas que una excusa de los cazabrujos para justificar así sus inclinaciones a la hora de elegir a sus víctimas. Se decía que los lunares indicaban el don de la brujería, ya que el diablo chupaba de las brujas y dejaban estas marcas en su cuerpo.

Otra síntoma de brujería era también la belleza en las supuestas brujas jóvenes, lo cual no era mas que los celos del cazabrujos de turno al encapricharse por estas chicas. Los hombres eran pocas veces acusados de brujería ya que eran necesarios para la guerra o los trabajos del campo.

Otra marca que delataba a los brujos era el hecho de ser zurdos (algo que hasta hace bien poco era poco menos que una enfermedad mental) o el de saber nadar ya que se tenia la certeza de que las brujas no podían ahogarse. Así mismo el séptimo hijo del séptimo hijo quedaba señalado como brujo.

Se dice que una bruja no puede llorar ni amar, y que a una bruja le gusta contar (los peldaños de una escalera, los pasos de un lugar a otro o los árboles de la calle) y siente náuseas si se le obliga a entrar en una iglesia.
Se creía que las brujas poseían gran afinidad con los animales, este asunto viene de lejos, de la época de Salomón. Según la leyenda, Salomón llevaba un anillo especial en el dedo índice de la mano derecha que le permitía hablar con los animales. Esta leyenda ha sobrevivido hasta nuestros días hasta el punto que en el arte de la quiromancia hay una línea ( a menudo incompleta) llamada “anillo de Salomón” que según esté más o menos completa revelaría las facultades innatas para con los animales de su poseedor.

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