two of swords 2

K. Barratt

La imagen tradicional del Dos de Espadas es la de una mujer aparentemente bloqueando un camino o terreno algo salvaje. Sostiene dos grandes espadas idénticas y tiene los ojos vendados. Por lo general se asocia esta carta con toma de decisiones y el peligro de la indecisión. Para mí, el hecho de que las espadas sean idénticas sugiere que las opciones no son tan diferentes, algo así como aceptar un trabajo de químico en una compañía de champú o una de jabón. Por ello el primer llamado de la carta es quitarse la vendad y estudiar con cuidado todas las ventajas y desventajas colaterales de aceptar A o B. Recordemos que las espadas nos invitan a usar la lógica y el análisis antes de actuar, pero al mismo tiempo, una vez tomada una decisión, debemos actuar con rapidez.

Nada avanza hasta que la decisión sea tomada. Por tanto, la carta nos advierte de posibilidad de quedarnos estancados en una situación, ya sea por miedo a tomar la decisión equivocada, o por sobre pensar las cosas, buscando la alternativa “perfecta”. Igualmente hay que tener cuidado de decidir apresuradamente, para salir del problema rápidamente. Ahora, el hecho de que hay una persona sosteniendo las cartas me sugiere la posibilidad de un consultor, alguien a quien le podemos pedir consejo, pero de nuevo, al que no hay que seguir ciegamente (la venda indica que el alcance del conocimiento del consultor puede ser limitado a una sola área).

Esta también puede ser una situación de reto, en que no podemos continuar nuestro camino si no superamos el desafío y complacemos a la mujer de las espadas. Siendo espadas, la solución del reto es mental. Esto puede referirse a exámenes; a pruebas en una entrevista de trabajo; a una entrevista o audición; a la presentación de algo escrito o hablado (presentación de una idea de negocios, por ejemplo) que, si los “pasamos” nos abren caminos a nuevas aventuras y oportunidades. En este tipo de situación, no solo hay que estar preparado mentalmente, si no que hay cultivar fe en nosotros mismos y nuestras habilidades y echarnos al ruedo con la certeza de que lograremos nuestro cometido, porque hay poco o nada que temer realmente -a pesar del tamaño de esas espadas.

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