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Las festividad principal de Vesta eran las Vestalias (Vestalia) que se celebraban del 7 al 15 de junio. Al templo de Vesta, no podía acceder nadie excepto las Vestales y las esclavas del servicio de templo.

El primer día de la Vestalia, se les permitía acceder a las matronas romanas, que le llevaban como ofrendas a la diosa Vesta: comida, bebida y flores. Las ceremonias de las Vestalias eran oficiadas por las vestales y este era el único periodo que se podía preparar la Mola Salsa, pues era su festividad, el momento más sagrado de Vesta. El ultimo día de celebración de las Vestalias, realizaban figuras de paja rituales llamados Argei y las arrojaban al río Tíber.

Las Vestales eran la figura central de las Vestalias y debían asegurarse de preparar de manera perfecta y en suficiente cantidad la Mola Salsa, que Roma, necesitase para para realizar todos los sacrificios públicos que hubiese durante el año.

Durante las Vestalias se sacaba en procesión a las diferentes estatuas del Templo, y tras las vestales, les seguía una muchedumbre de matronas descalzas que daban gracias a Vesta y le solicitaban la protección de su hogar.

La Vestalia era la única oportunidad durante el año, en que las matronas romanas podían acceder al templo, el resto del año, nadie que no fuesen las vestales o sus esclavas podían tener acceso al interior del Templo. Esta excepción con las mujeres casadas que fuesen madres, se hacia porque Vesta es la diosa de la familia y la pureza.

En la mitología romana, Vesta era la diosa del hogar, era hija de Saturno y de Ops y hermana de Júpiter, Neptuno, Plutón, Juno y Ceres. Vesta, se corresponde con Hestia en la mitología griega, aunque en el culto romano asumió mayor relevancia. Es el símbolo de la fidelidad.

Vesta tenía el sobrenombre, Aio Locucio y representa el arte de mantener el fuego del hogar y del templo interno. Está relacionada con las doncellas que eran reclutadas a la edad de diez años para mantener encendida la llama del templo dedicado a la diosa, como sacerdotisas del fuego eterno.

Cuesta visualizar a Vesta, ya que no hay representaciones de su arquetipo, sino sólo en forma difusa, puesto que los ritos para invocarla se hacían a través de la ceremonia del fuego.

Esotéricamente, se dice que basta prender una vela color anaranjado en su nombre para sentir su presencia, amistosa y cálida. Sus delicadas revelaciones hablan sobre las necesidades del mundo interior: el hogar simbolizando el calor de las emociones, el centro solar de cada persona, del grupo o la comunidad. Así, generalmente se la representa por un círculo, puesto que en la Antigua Roma, el círculo simbolizaba la totalidad y estaba en medio de la Ciudad.

En la religión romana, Vesta era asistida por las vestales. Su culto fue establecido en Roma por Numa y perduró hasta el final del paganismo.

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