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En todas las culturas que conocemos se celebran fiestas en honor a la luna, y estas son las de Febrero.

En China se conmemoraba otro aspecto de la gran diosa en el decimonoveno día del segundo mes, en la luna llena de Kuan-Yin, la diosa de las mujeres, la curación, de la piedad y de la paz. Las mujeres erigían aquel día un altar con su imagen en el que se la representaba con amplias túnicas y cadenas de oro alrededor del cuello, en su mano una rama de sauce como símbolo del amor. Como homenaje se le ofrecían frutas frescas e incienso.

En la India se adoraba la Luna durante la fase creciente en su calidad de diosa del aprendizaje y la escritura. En esos momentos se renovaba la tinta del tintero, se limpiaban los utensilios de escritura, se quitaba el polvo de los libros y se ordenaban papeles y calendarios. Por supuesto, ese día no se escribía, razón por la cual, estaban muy agradecidos los escolares. En su lugar, se le pedía a la diosa ideas y energía para estudiar y escribir.

En la tribu india de los Hopi de Norteamérica encontramos una tradición del carnaval. En la Luna llena del segundo mes se le pide al dios del reino vegetal que conceda una buena cosecha. En esa fiesta, los payasos hacen sus gracias y se dice que aceleran con sus provocaciones el crecimiento de la tribu y de los cereales.

La fertilidad también era motivo principal de las fiestas lupercales en la Luna llena del segundo mes en Roma. La tradición de esta fiesta muestra una vez más paralelismos con las raíces de nuestro periodo carnavalesco. En efecto, en esta celebración la Luna era adornada con el símbolo de una loba como diosa de la purificación y de la fertilidad. Se sacrificaba una cabra y un perro como símbolos de la fertilidad y después se les devoraba. Con sus pieles se confeccionaban látigos con los que los celebrantes se golpeaban unos a otros para estimular la concepción. La sangre de los animales sacrificados se untaba sobre la frente para purificarse de la carga del año viejo. A menudo, la excitación provocada por estas acciones degeneraba en una orgía que era explicada recurriendo al celo de la loba.

Otra forma de fertilidad se celebraba y se celebra el decimoquinto día del segundo mes en Israel. En esa época termina el invierno, es decir la estación lluviosa, y todo empieza a florecer. Se celebra el día del árbol, Rosh Hashanah Lailonot, plantándo árboles en todas partes y preparando para la comida de celebración los frutos de la tierra como dátiles, almendras, pasas, higos y algarrobas.

Fuente: “El Oraculo de la Luna” de Thea Hermann