@KaremBarratt

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Ya tenemos una semana viviendo el nuevo año; la champaña fue bebida, las uvas comidas los reyes vinieron y se fueron y ya estamos listos para la nueva aventura. Tal vez. Muchos hicieron doce propósitos con la llegada del 2017, pensándolos a medida que comían las uvas. Los más organizados los pensaron algunos días antes, quizás hasta los escribieron y están todos emocionados, listos para comenzar la carrera y comenzar a coleccionar propósitos logrados como coleccionábamos bajaritas en primaria. Y, sin embargo, si los vemos con cuidado, puede que muchos de esos propósitos sean nuevas versiones de propósitos anteriores, que no llegaron a florecer. Esto no es raro, nos ocurre a todos. A veces la mente se pone como un disco rayado (para los más jóvenes, así llamamos a un disco de vinil que se daña y se repite constantemente una canción o una parte de la misma.) y continúa mandando la misma información, los mismos deseos, los mismos “deberías” o “tienes que”.

Einstein decía que una definición de locura era hacer lo mismo y esperar resultados diferentes. Por tanto, para que el 2017 no sea más de lo mismo, vamos a tomarnos nuestro tiempo con eso de los propósitos. Días, semanas, todo el mes de enero de ser necesario (sobre todo tomando en cuenta en que estamos en Mercurio retrogrado). Comencemos por la lista de propósitos. Haz una, escribiendo todo lo que sale de tu corazón, sin editar, sin ponerte a pesar si son posibles o no. No importa si terminas con cinco o cuarenta y siete. Deja fluir lo que hay en ti.

Respira profundo unas tres veces, ve tu lista y elige dos propósitos. Solo dos, por los momentos. Sigue tu intuición. Pregúntate cual de esos propósitos son los más importantes para ti en este presente y confía en la respuesta que salte a tu cabeza. Esto no quiere decir que vas a tirar a la basura el resto de los propósitos. Algunos los podrás hacer una vez logrados los primeros dos, otros son para más adelante, metas de vida si se quiere. Recuerda, al definir tus propósitos, enfocarte en lo que quieres, no lo contrario. Por esto, evita cosas como “quiero rebajar” (esta frase ha tomado una connotación negativa para los que han hecho varias dietas infructuosamente) o “no quiero ser más gorda”, decide que quieres pesar X kilos y medir X medidas.

Estudia los dos propósitos y con sinceridad, decide: ¿son tuyos o son de otros? Con esto me refiero a analizar si dichos propósitos están viniendo de nuestro verdadero ser o son reflejo de las creencias, valores y suposiciones de otros, llámense estos familia, amigos, sociedad, instituciones. Una manera de descubrir cuan verdaderos y genuinos son, hazte las siguientes preguntas: ¿cuánto trabajo, dinero, tiempo y esfuerzo de costará lograr este propósito? ¿Qué puedes perder en el camino por ir detrás de él? ¿Qué responsabilidades adicionales llegarán a tu vida al lograr esta meta? Si después de contestar estas preguntas todavía te sientes emocionada y llena de ganas para lograrlo, como un alpinista a quien no le importan los raspones, el frio, el cansancio y la posibilidad de una pierna rota con tal de llegar a la cima, probablemente estas por buen camino. Si no, hay dos posibilidades. Una, que estas sufriendo un ataque de metatesiofobia, que es básicamente miedo al cambio y salir de zona de comodidad, o, dos, que dicho propósito no es para ti. Quizás lo fue en algún momento o lo será en el futuro, pero hoy no es realmente lo que tu corazón anhela. En este caso, necesitas hacer más reflexión para ver si es uno o dos. Si es uno, ármate de valor y atrévete a sentir el miedo y hacer lo que necesitas hacer de igual manera. Si es dos, suelta y di adiós a la idea y busca una nueva.

Digamos que en principio estas segura de que estos dos propósitos son en verdad tuyos. Todavía necesitamos hacernos otras preguntas. ¿En qué te beneficia no ir tras ellos y en que te perjudica quedarte cómo estás? De igual manera, ¿en qué te favorece lograr estos propósitos y como puede desfavorecer tu situación actual? Se sincera, y no te juzgues. Nadie más que tu va a ver las respuestas, así que llama al pan, pan y al vino, vino. Sigue explorando: ¿Cómo cambiara tu vida si decides ir tras ellos y una vez los logres? ¿Te sientes emocionada por esto? ¿Cómo te sentirás cuando los logres? Escribe tus ideas. ¿Siguen siendo significativos? Si la respuesta es sí, continuemos.

Escribe una lista con los recursos que necesitas para lograr estas metas, ya sean a nivel monetario, de tiempo, conocimiento, habilidades, relaciones y demás. Ve cuales ya tienes a la mano y cuales deberás encontrar, incluyendo las probables maneras de hacerlo. Elige un propósito y decide cuanto tiempo te tomara realizarlo, tomando en cuenta tus circunstancias actuales, el tiempo necesario para obtener los recursos que aún no posees y un tiempo adicional para imprevistos y posibles cambios. Ahora divide el proceso en etapas, comenzando con la más fácil, probables e inmediata. Por cada etapa, crea mini metas y ponles fecha de logro. Por cada fecha de logro elige un tiempo previo para examinar cómo vas y los cambios que hay que hacer para mantenerse en el camino. Por ejemplo, digamos que decidiste que tu propósito se divide en cinco etapas, cada una de dos meses. La fecha de revisión será el mes antes de llegar a la fecha de logro (el final del segundo mes). Crea mini-mini metas semanales para la mini-meta en la que estás trabajando y si en verdad eres organizada, crea una meta diaria para la mini-meta de la etapa en que estás. Quizas esta demás decirlo, pero recordemos que todo este planeamiento tiene que ver con acciones especificas, realizables, cuantificables y con tiempo claro de obtención, que te llevaran poco hacia el logro final de tu propósito.

Es importante también celebrar tus logros, por pequeños que sean, así que fíjate una recompensa por cada mini-meta (o mini mini-meta) que logres. Prémiate con regalitos, tiempo para ti o para disfrutar con otros, o un consentimiento como un masaje o una cena en un bue restaurante. Esto te ayudara a mantener la motivación y a recordarte que, no importa cuán lejos está la meta, vas por el camino correcto. Con esto terminamos la parte intelectual del proceso. Vamos ahora a lo que, para mí, es la parte divertida.

Los artistas lo hacen; los deportistas lo hacen, los políticos lo hacen. Visualización. Esta es el arma ya no tan secreta de muchos triunfadores, a pesar de que, tal vez, en su momento, no la llamaron así. Haz de esta herramienta algo fundamental en el logro de tus metas. Visualiza el tramo final del viajo, el logro, el momento en que sabes que has llegado. Imagina la escena lo más claro posible: los colores, la gente a tu alrededor, las texturas de objetos y lugares, los olores y sabores, si es aplicable. Pero más importante aún, evoca en ti los sentimientos que esa realidad despertaran en ti: la felicidad, el orgullo, el alivio, la satisfacción, incluso ese cansancio agradable que se siente después de la carrera.

Obsérvate expresando todas esas emociones. Escucha las felicitaciones. Ve los papeles que confirman tu logro, ya sea un contrato, un diploma, una nota en el periódico, un e-mail congratulatorio de un ser querido. Practica y afina esta visualización constantemente. Pero pon tu atención en el resultado, no en la manera en que lo lograste (hay que dejarle algo de flexibilidad al Universo). Por supuesto que puedes usar la visualización también para tus mini-metas. Procura visualizar la GRAN META varias veces a la semana, y la mini-meta del momento todos los días, hasta varias veces al día si puedes, hasta que hayas superado esa etapa. No tiene que tomar mucho tiempo: unos minutos son más que suficiente. Lo que realmente importa es la constancia.

La visualización trabaja de la mano de la afirmación. Crea o consigue afirmaciones inspiradoras, que te mantengan enfocada y te recuerden que tienes todo lo que necesita para obtener tu propósito. Recuerda que una afirmación usa la primera persona del singular (yo o tu nombre), está escrita en tiempo presenta y no usa negativos (ni gramaticales ni emocionales). Repite tu afirmación varias veces al día; escríbela en un cuaderno como una plana; pégala en un lugar donde puedas verla constantemente, hasta que el mensaje se sienta natural y verdadero. Puedes tener una afirmación para el propósito ultimo y varias para las mini-metas. También puedes crear un collage inspirador, tomando imágenes y palabras de revistas, libros o impresiones, que reflejen tu propósito, los sentimientos ligados al mismo y los cambios positivos que realizar el propósito traerán a tu vida. Obsérvalo cuando recitas tus afirmaciones o antes de visualizar. Una opción diferente al collage, es crear un mini-altar y decorarlo con objetos que representen tu propósito, tus aliados (corporales y etéreos) y la vida que esperas vivir con este cambio o logro. Medita, reza o piensa frente a dicho altar y llénalo de tu energía e intención.

Lee libros e historias inspiradoras, que te mantengan motivada. En el verano, escuché una entrevista que le hicieron a una atleta paralímpica inglesa, que había ganado medalla de oro en las olimpiadas anteriores. Le preguntaron cómo había mantenido el enfoque durante los últimos cuatro años para este momento. ¿Su respuesta? “Un día a la vez.” Súper zen la chica. Las películas biográficas de personas que admiramos o consideramos vencedores también ayudan, sobre todo porque a menudo muestran su lado “débil” y sus fracasos antes de convertirse en los héroes y heroínas de su campo de acción. Una buena técnica es escribirte hoy una carta como si estuvieras al final del año, contando como ha cambiado tu vida, ya que has logrado tu propósito, las lecciones que aprendiste, la manera en que eres más fuerte y feliz y demás. Concéntrate más en los sentimientos que detalles específicos y termina agradeciendo al 2017 por tan magnifico año.

Espero que todas estas ideas te ayuden a crear un gran 2017. Si tus dos propósitos son logrables antes de terminar el año, no dudes en comenzar dos o uno más. El título de este artículo es Co-creando el 2017. No olvides pues conectarte a la fuente de vida y sabiduría, la llames como la llames, y pedirle ayuda y consejo. Sobre todo, mantén en mente esto: los propósitos y metas son descansitos en el camino. El verdadero regalo de la vida, la verdadera aventura, es todo lo que experimentamos en el proceso y lo que hacemos con esas experiencias. ¡Saludos!