Para muchos hoy es el Espíritu de la Navidad y un abrazo para ellos. Para otros es Yule o Alban Arthan. Otro abrazo para ellos. Para los del norte es el comienzo oficial del invierno. Un CALIDO abrazo para ellos también. Para el resto es el inicio de la corredera antes del 24. Paciencia para ellos y que todos los caminos se les abran para que hagan todos esos mandados, encomiendas y diligencias lo mas rápido posible.

En cualquier caso, estamos en lo que podríamos llamar el inicio verdadero de las fiestas decembrinas, que para algunos serán más complicadas o sencillas que veces anteriores. Independientemente de hechos históricos y creencias religiosas, personales, culturales, y espirituales, estas son fechas especiales, cuando nos da por tratar de esparcir alegría por un lado y reflexionar por el otro. Así que gocen un puyero haciendo ambas cosas. También es época que abre la puerta de reconciliación para muchos. No sean gafos y si la puerta se abre, principalmente en sus corazones, pues reconcíliense. Si no, pues entonces sigan su camino, pero dejen los reconcomios atrás, porque nada saca arrugas y amarillenta los dientes como los reconcomios (en serio).

Para los de cierta edad nos llega el fantasma nostálgico de las navidades pasadas. Tiene esa hermosura de la flor marchita encontrada en un libro de poemas, pero no vale la pena aferrarse mucho a él, pues los fantasmas no son tangibles. Lo que pasó, pasó, dejó lo que tuvo que dejar y lo que existe es lo de ahora. Y si bien pareciera que lo de ahora no es tan bueno como lo de ayer, basta leer algo de historia para entender que, no importa cuán bueno o malo sea el presente, las personas de cierta edad siempre tendemos a romantizar mucho o poco lo que ya no es.

Y por eso es bueno recordar que el espíritu de la navidad se origina en la humildad. En un pesebre en el medio oriente; en la cabaña de madera de un buen hombre que amaba a los chicos; en el saco lleno de retazos de una brujita italiana; y hasta en las alforjas de unos reyes, que más que monarcas eran sabios y comprendieron la promesa de esperanza que se alberga en el corazón de cada chico y chica inocente.

Así que, si se puede celebrar en grande, que bien. Si se celebra en chico, que bien. Lo importante es celebrar, con amor y en el amor, convertirnos por un tiempito en hadas, magos, ángeles, duendes, gente deseosa de dar un poquito de alegría y tender una mano amiga a propios y a extraños, desde la generosidad y el agradecimiento por lo que fue, por lo que es y por lo que será. Besos a todos!

 

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