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En los últimos días, he recibido mensajes por múltiples vías, directa o indirectamente, acerca del sentimiento venezolano hacia el país que lo vio nacer. Mensajes muy tristes, otros de mucha rabia e indignación, que incluso llegan a maldecir no solo lo que ocurre, también lo que hay dentro de nuestra amada Venezuela. Y como cosa de la causalidad, se oye a lo lejos, alguien en una radio local diciendo: Venezuela un país para querer. Que contradicción, digo yo, un eslogan con muchas oportunidades de triunfar, pero mi gente bonita cansada de todo, ha entrado en un dilema.

Dicho en lenguaje coloquial inculto, de ese que hoy prolifera con total normalidad: Muchos quieren dejar el pelero. Retomo nuevamente mi lenguaje sencillo, cotidiano y culto, diciéndoles, entiendo que se quieran ir, entiendo que hay situaciones que provoca salir corriendo, porque no le encuentran pies ni cabeza, por los momentos.

Ahora comienza una nueva etapa en la que muchos venezolanos reniegan de su país, en toda su extensión y es lógico. Están muy decepcionados y en esta decepción, está el claro mensaje de que esta reacción es hacia sí mismos. Ahora se han dado cuenta, cuanta cuerda dejaron soltar, pensando que alguien haría lo que nos tocaba a todos, esto es bueno.

Ahora, cada venezolano, se ha dado cuenta que el querer va mas allá de frases, palabras y sentimientos, el querer a un país requiere un gran trabajo a todo nivel, desde el despertar hasta la vigilia. Ningún venezolano que ha amado profundamente a Venezuela, ha hecho un trabajo fácil, pues siempre ha existido y existirá, grupos, ideologías, gentes, cualquiera que sea su nombre que están allí presentes y latentes, prestos a demostrar la otra cara de la moneda, bajo cualquier fachada que implique beneficio individual y a costa de lo que sea.

El dilema se presenta a cada venezolano, ya muy cerquita, en su propio corazón y piensa: “Mejor me voy” y cambia su sentimiento de amor por profundo odio que hará más llevadera la decisión de dejar definitivamente lo que tanto amo pero no supo demostrar. Claro, esto no es todos los casos, sin embargo, está sucediendo y es preocupante.

Más que lo que pueda ocurrir en el país por esta actitud, es a la persona, ese venezolano,  que manifiesta este sentimiento. Llegar a otros horizontes con este sentimiento, es igual que alguien que termina una relación amorosa y empieza otra con una carga profunda de rencor y creyendo que volverá a suceder.

Si te vas, no te lleves esa carga de rencor y rabia. Si te quedas, no creas que estas desahuciado. En ninguna de las dos condiciones esto es real.

Si te vas, sigue pensando que Venezuela si es un país para querer y ahora vas a aprender cómo se quiere a un país, porque aquí lo olvidaron y los que nacieron luego, no lo saben hacer. Y los que si lo aman, algunos están pasando momentos muy duros y solos y otros están calladitos, pensando que hacer.

Si te quedas, y vas a querer a Venezuela, recuerda esta tarea no es del todo fácil, ni tampoco se hace en solitario, porque no funciona.

En cualquiera de las dos opciones, el sentimiento de rabia, rencor e ira, no es viable, porque solo te hará daño a ti mismo. Esa parte oscura que existe en Venezuela actualmente, sigue siendo un gran maestro, aunque te cueste entenderlo. Esta parte oscura siempre ha existido y existirá, y cada venezolano que llegue tendrá en sus manos la sabia decisión si afrontarla, unirse o dejarla a un lado. Esa parte oscura, viene de ese mal sentimiento de creer que no podían progresar por sí mismos, que no podían ser abundantes con sus manos y mentes, que era mejor desmejorar el conglomerado que hacerlos ganar a todos.

No repitas ahora este sentimiento, haciendo más de lo mismo. Esto es válido para la dirigencia y para todos. El hecho que un grupo vuelva famosa, la informalidad mal llevada, no significa a  toda la Nación se debe tratar así. Si alguien desea, volver a todos iguales de manera descendente y en detrimento, esto no puede ser bandera populista para seguir fielmente. Se de muchas personas que viven en condiciones extremas, que no tienen estudios, ni dinero, ni nada, pero no por eso desean ser chabacanas y vulgares, ni tampoco lo son.

Por otra parte, vuelvo al slogan que escuche al principio de este escrito: Venezuela, un país para querer. Es muy bonito, no obstante, ahora debe ser cambiando. Desglosando su significado, queda así como al vacio un país para querer, alguien, quien lo querrá?. Como aquello, lo quiero si me da lo que deseo, sino que se olvide. Y aparece la pregunta: Que le darás tú?

Y si decimos: Venezuela, el país que quiero. Dicho de esta forma, representa un compromiso. Todo lo que se quiere, de una forma u otra, tiene que recibir algo de quien lo quiere, gestos, acciones y más. Nosotros, no necesitamos un país para querer, nosotros tenemos que querer a un país, con todo lo que implica. Enseñanza, acción y respuesta.

Esto significa, dar un giro de 360º, en todo, más allá de los procedimientos de los próximos días y más allá del calendario. Si te quedas, como se ha dicho en mil y una oportunidades, tus acciones tiene que ser totalmente diferente a lo que has hecho hasta hoy. Ser objetivo, entusiasta, fuerte y honesto, un cuarteto que es todo un desafío, totalmente posible. Pero, si no estás dispuesto y te vas, es respetable tu decisión, eso sí, no hables mal del país, está en un mal momento, el cual no es eterno. No hables mal de su gente, no la odies, están en un mal momento, aunque las veas luciendo valiosas alhajas entre amargas sonrisas, aunque las veas con su cara limpiecita tras migajas de papel, aunque las veas descargando su miedo bajo una careta de insolencia. No hables mal de ti mismo, eres lo mejor que le ocurrió a Venezuela, aunque hoy has decidido dejarla en presencia o ausencia.

Recuerda siempre Venezuela es tu país, el que tu quieres y volverás a querer. @addais

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