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La afirmación de hoy nos dice: “Estoy protegido y muy bien cuidado.”, por tanto el ejercicio idóneo es el siguiente:

Sentado de manera cómoda, con ropa holgada, e un sitio donde no te molesten, respira profundo y visualiza una luz blanca que fluye hacia tu cabeza desde arriba. Luego deja que salga a través del estómago y el plexo solar en forma de un rayo de luz blanca, visualiza una gran flor que sale de la boca de tu estómago. El proceso consiste en “inhalar” luz blanca por la cabeza y “exhalarla” a través del plexo solar. Hacerlo con la respiración.

Apoya ligeramente la mano en el área del estómago para concentrar tu atención en lo que percibes con los sentidos. Puede que sientas calor o un poco de picor o una ligera vibración o incluso una corriente eléctrica sutil.

Una vez que empieces a sentir la energía, aleja tu mano ligeramente, de cinco a diez centímetros. Sigue dirigiendo el flujo de luz blanca que atraviesa tu cabeza y sale por el plexo solar. Con la mano delante del estómago, puedes sentir los cambios y las fluctuaciones en la energía a medida que extiendas la mano .¿Parece cambiar? ¿Es más débil o más fuerte?

Gradualmente aumenta el espacio entre el estómago y la mano hasta que el brazo esté totalmente extendido delante del plexo solar. Al mismo tiempo, observa cómo te sientes.  Dirige esta luz hacia aquello por lo que sientes miedo e ilumínalo todo sea persona, objeto o situación y déjalo así por 10 minutos.

Luego vuelve a ti y sal poco a poco de este estado. Continúa con tu día como de costumbre.

@addais

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