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Los celtas de Gales llamaban “Annwn” a esta suerte de casa de retiro, para los celtas de Irlanda era “la casa de Donn”. Podía estar sobre la tierra o bajo el mar pero siempre allá en el Oeste, de donde había venido el pueblo feérico de los Tuatha de Dannan, más tarde conocidos como sidhe.

A veces era retratado como un gran castillo giratorio en medio del vasto mar o protegido por una serie de islas fortificadas. En su interior, rodeadas de música encantadora y bebiendo de una fuente cuyas aguas eran más dulces que el vino, las almas encontraban el descanso que tenían merecido. La vejez y la enfermedad no se repetirían en el Annwn. La existencia sería eterna y tranquila.

Sin embargo había quienes no llegaban ahí. Algunas personas, por razones desconocidas, permanecían entre los vivos simplemente cambiando de cuerpo, como quien cambia de ropa. Aquellos eran los reencarnados.

La muerte, en Simboliza, tiene una ceremonia denominada ‘Despedida del Cuerpo’ donde los elementos de la naturaleza (el agua, el fuego, la tierra y el aire) aportan riqueza y matiz en la honra fúnebre al ser querido.

Las almas que abandonaban el cuerpo se dirigían al norte de la Galia y, desde ahí, embarcaban hacia Bretaña. Esas ánimas, cuando se iba la luz del día, llamaban con insistencia a las puertas de los marineros galos para que les embarcasen rumbo a su nuevo hogar. Tocaban a sus puertas insistentemente (según el credo celta) hasta que estos se decidían a cruzar el canal en naves fantasmagóricas; naves que, en la mitología de la región de Bretaña, llevaban el nombre de Bag An Noz (barca de noche). Y ahí comenzaba la ceremonia del tránsito…

El Más Allá celta, cuando es paraíso, es Tir na nÓg, la tierra de los bienaventurados, un lugar eternamente verde; o es Mag Mell, la planicie del deleite. En ambos, hay un árbol que reina por doquier: el manzano, el árbol del Otro Mundo celta por antonomasia (nada que ver con el mediterráneo ciprés y su contenida elegancia).

Fuente: La Magia de los Celtas

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