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El día de las Madres me regalaron este hermoso relato y así como llego lo comparto, es una bella información.

“Un cuento medicina que toda mujer puede leer para recuperar su esencia, sus raíces y el sentido de su existencia.

Cuenta una historia muy pero muy de antaño, de la que ya no muchos recuerdan, ni de la que ya no muchos hablan, que antes de que aparecieran los humanos de dos patas en la tierra, todas las mujeres, antes de ser mujeres fueron árboles, y tal como estos, tenían raíces que las hacían una con la madre tierra, manos largas y resecas hechas de troncos y cortezas, y largos cabellos que se cubrían de hojas, flores, frutos y aves que cantaban en primavera.

Estas vivían en los rincones más hermosos, se nutrían del sol, el agua y el viento y jamás estaban solas, pues las rodeaban todas las criaturas del bosque tanto las terrenas, como las más mágicas que puedas imaginar. Así también las custodiaba y nutría el árbol más sabio de todos, al que llamaban “la abuela árbol”, un árbol tan pero tan viejo, que conocía todos los secretos sobre la vida y sobre la muerte, y siempre que una mujer árbol de cualquier lugar del mundo enfermaba se comunicaba con la abuela a través de sus raíces para sanar.

Las mujeres árbol tenían poderes mágicos, se comunicaban sin usar las palabras, movían los elementos sin tener manos y podían sentir a todos los seres de la naturaleza a través de la red profunda que formaban con sus raíces bajo la tierra.

Un día mucho tiempo después de que llegaran a la tierra los humanos de dos patas, algo pasó y comenzaron los tiempos de guerras, muertes y destrucción, algunos dicen que a causa de la ambición por los reinos, el poder y las riquezas. Fue una época terrible, donde muchas mujeres árbol fueron convertidas en madera y quemadas como forma de generar calor. De esta manera para poder mantener viva a sus hijas, la abuela árbol les permitió desenraizarse y tener pies para que pudiesen correr y esconderse lejos del peligro. Así las mujeres árbol debieron aprender a caminar y sobrevivir por sí mismas, a cambio perderían sus raíces y su conexión a la madre tierra y todos los seres que en ella habitaban, esto les causaba tremendo dolor y tristeza, pero esta era la única forma de sobrevivir y conservar la tradición de las mujeres árbol.

Quien me contó esta historia dice que pasaron muchos siglos hasta que la guerra por los reinos terminó, en ello muchas mujeres árbol murieron de tristeza ya que no soportaron la soledad y el desenraizamiento, otras se olvidaron de quienes eran, por lo que aprendieron a vivir con los de dos patas perdiendo sus poderes y capacidades mágicas. Sin embargo hubo otro grupo de mujeres árbol que se distribuyeron por el mundo y a pesar de separarse se prometieron jamás dejar de ser ellas mismas y conservar en su más profunda memoria de ADN, todo aquello que ellas aprendieron de la abuela árbol. Así este grupo de mujeres se prometieron encontrarse y reencontrarse en todas las vidas posteriores, manteniendo muy bien guardado el secreto de sus orígenes y poderes.

Así también la abuela deseando nunca más separarse de este bosque de doncellas y en un acto de amor profundo por sus hijas, bendijo a todas las mujeres con un árbol en su vientre, y éste árbol se transformó en que hoy es nuestro útero. Así todas las mujeres pueden recuperar su enraizamiento a la madre tierra nutriéndose de todo su amor, pues el útero es su anclaje a su verdadera esencia. Desde él está la forma de recuperar la razón más primigenia
del ser mujer. Y lo maravilloso de la bendición de la abuela árbol es que tengamos o no un útero físico, siempre tendremos un útero energético que nadie nos podrá jamás arrebatar.

Esta es una historia muy, pero muy antigua, sin embargo muchos dicen que en estos tiempos la abuela árbol está haciendo un llamado fuerte y claro a sus hijas. Es así como al abrazar al árbol más viejo del bosque y apoyar tu oído en su tronco, éste te contará los secretos de las mujeres árbol, te llenará de todo su amor y te otorgará toda su medicina ancestral. Y ya nunca más estarás desconectada de la abuela árbol. Tu útero recuperará sus raíces y caminarás por siempre anclada a la tierra. Fin.”

Nota de la Autora:

Toda mujer que hoy pueda sentir una herida ancestral y un vacío emocional profundo sin explicación, es símbolo de que ha hecho consciente la pérdida de su raíz ancestral a la madre tierra y la abuela árbol. La forma de recuperar la alegría, el sentido de la existencia y el amor por ser mujer es volviendo a enraizar el útero a la tierra, esto es tomar consciencia de que somos mujeres árbol y en cada momento hay una red invisible bajo nuestros pies que nos conecta a un sinfín de memorias ancestrales. Cuando una mujer está sangrando desde su vientre, hace totalmente consciente esta pérdida ancestral, es por esto que hay tristeza, vacío y la sensación de que algo falta. Cuando un hombre hace el amor con una mujer, puede volver a sentir por un instante el éxtasis de estar en conexión y unidad con el todo.

Debes saber que desde nuestros pies crecen raíces invisibles que nos conectan con una gran red, un gran cuerpo energético, que son todos los seres vivos de la tierra, sin embargo debes activar estas raíces que te conectarán a las demás mujeres, los hombres, animales, los insectos, los vegetales, los minerales y los elementos. Pues nuestro útero está conectado a un útero aún más grande, el útero primigenio, que es aquel que ha dado vida desde el inicio de los tiempos a todo lo conocido y desconocido. Enraizar nuestro útero también tiene mucha relación con recuperar la consciencia y la sabiduría de la tierra, menstruar de forma consciente y respetar la vida en todos los sentidos.

Todo aquel útero físico o energético que permanezca sin esta conexión a la madre tierra, estará suspendido en el vacío y llevará a que la mujer que lo porta se sienta seca y sin vida. Recuperar la consciencia raíz del útero es volver al sentido primigenio de la vida.

Con amor para todas aquellas que aún no encuentran el sentido de su existencia, pues como mujer llegué a experimentar este vacío durante largo tiempo de mi vida. Cuando por primera vez enraicé mi útero a la tierra, volví a sentirme viva y recordé muchas memorias de dolor que mis ancestras me habían traspasado y que yo debía transmutar. Comprendí que hay una herida ancestral que todas portamos, que para sanarla es importante que las mujeres nos unamos y recordemos todas nuestras historias y en ello la magia que nos habita. Sólo de esta forma la madre tierra también podrá sanar su herida, y los hombres podrán acompañarnos y ser guardianes de esta evolución.

Por Ximena Noemí Ávila Hernández

Este cuento nació de lo más profundo de mis memorias uterinas, y fue escrito en mis días de luna. Muchas gracias

Que tu vida se inunde de amor

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