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Para ustedes mis amigos y mi familia, que lo único que nos separa es la distancia.

Hoy quiero hablarles de una magia muy particular, de una magia que no todos conocerán pero que existe, es la magia a veces blanca, a veces oscura del inmigrante y es que hace poco leí un comentario muy feo sobre esas personas que en busca de una mayor calidad de vida les toca migrar a un nuevo destino. Venezuela nunca había sido emisor de migración, más bien por años fue receptor de portugueses, italianos, españoles y sur americanos.

Pero los tiempos cambian y en el proceso de evolución y superación de Karmas ahora el Venezolano es inmigrante. Ahora el venezolano está regado por todo el mundo, dejo de ser turista para convertirse en el inmigrante, ahora el Venezolano corre la misma suerte que corrió Eneas cuando huyó de la quemada y destruida Troya con una maleta llena con los espíritus familiares, o la de los judíos cuando salieron de Egipto y vagaron 40 años por el desierto, de aquellos que huyeron de Cuba huyendo de las persecuciones y el hambre, o mejor aun, la suerte que corrieron sus padres cuando llegaron a Venezuela, con una maleta y llena de recuerdos y miedos.

La partida de cualquier ser humano hacia un nuevo destino marca un antes y un después, y las energías que encierra el hecho es tan fuerte como cualquier hecho traumático, porque conlleva una rompimiento con la tierra natal, familias, costumbre y a veces idioma.

Una vez leí que irse de Venezuela es como divorciarse estando enamorado, pues déjenme aclararles que lo mismo le pasó a los españoles, portugueses, italianos y todos aquellos que llegaron a Venezuela cuando este país representaba una mejor calidad de vida.

Hoy quiero hablarles sobre ellos, los de la tierra de nadie, los que quedan en limbo, de los que no pertenecen a ningún lugar… Por qué les digo esto??? Porque cuando deciden o pueden regresar a su tierra natal se sienten extranjeros y son tratados como tales.

Cuando alguien decide ser inmigrante nunca más recobra su nacionalidad desde el punto de vista emocional. Es la lamentable energía de no sentir que tienes pertenencia, o de entrar en el conflicto de sentirte más de allá que de aquí, y al igual que Eneas cuando se incendió Troya, siempre guardando en un rincón la maleta con los espíritus familiares, la maleta que contiene el fuego sagrado del hogar y que te recuerda que no importa dónde vayas o cuánto tiempo te quedes, porque tu mundo estará siempre en esa maleta llena de Saudade…

Pero… ¿Qué es Saudade? Es un palabra portuguesa que no le he encontrado traducción porque significa muchas cosas a la vez, Saudades es nostalgia, anhelo, recuerdos, un nudo en el estómago, una lagrima y una sonrisa de esperanza. Saudades es ese extraño sentimiento que nos lleva a honrar a los antepasados para mantener las costumbres. Cuando hay muchos recuerdos en tu cabeza, que provienen de ese lugar de origen, de donde naciste, de tu gente, las calles, comidas, música, aromas, etc. Se nos despierta ese sentimiento nostálgico de la saudade. Los gallegos, que están en frontera con Portugal lo llaman la “morrinha”.

Ese sentimiento de saudade lo ha llevado el emigrante portugués a cada rincón o país que visita o decide radicarse. Basta con ver el legado que ha sembrado este sentir en las diferentes colonias portuguesas como: Brasil, Angola, Mozambique y Cabo Verde por mencionar algunas; donde a través de la poesía y la música expresan ese inevitable sentimiento de sus costumbres, cultura y tradiciones en tierras lejanas.

Un vivo ejemplo que ha trascendido ancestralmente es el origen del fado. Para quienes no conocen el fado, es un estilo musical típico de Portugal, que nace de ese lamento, sobre todo de las mujeres que despiden a ese amor en el puerto y antes de partir en aquel barco, no saben a ciencia cierta si algún día volverán. Portugal, sobre todo Lisboa, al estar geográficamente en el extremo occidental de Europa, sólo tiene mar. Un inmenso mar, convertido en océano Atlántico como único contacto hacia el mundo exterior.

Me imagino que son antojos del destino cuando ahora nuestros jóvenes venezolanos son despedidos en un puerto a orillas del mar, ya no se van en barco sino en avión, ya no cantan fados pero ahora se toman una foto con su maleta llena de recuerdos en el Aeropuerto Simón Bolívar, en la que podemos apreciar los colores de la obra de Cruz Diez, que para Venezuela se ha convertido en la imagen del Saudade.

Comienza entonces a activarse la dura energía del inmigrante, se activa el Saudade, para él y para su familia. Porque esa magia a veces blanca a veces oscura se activa para los que se van y para los que se quedan, comienza el duelo, comienzan la nostalgia, la rabia, la ira, la tristeza, la lucha contra las barreras del idioma las costumbres y las formas, aparece la impotencia, la soledad, la resignación hasta que finalmente y después de mucho tiempo llega la calma, con el simple hecho de aceptar el destino sin cuestionarlo.

La energía de tu tierra te acompañará dónde vayas, los griegos lo llamaban el fuego del hogar sagrado, los portugueses Saudade, los gallegos Morrinha y nosotros lo llamamos la Arepa y rellénenla tú con el olor, sabor, costumbre o recuerdo que deseen, porque igual sabe a arepa y es sabrosa porque todo energía del inmigrante venezolano se mantiene viva gracias a la cocina de su mamá.

Pero ahora y para yo calmar en mi ser la energía que encierra la magia del inmigrante, les voy a leer una historia de Thais Guerrero inmigrante desde el 2007, que hace un tiempo me enviaron y dice así:

En un par de semanas celebro mi octavo cumpleaños en el norte del mundo. Como me da por la nostalgia, recordé la primera vez que fui a una celebración de ese estilo por estos lares. Creí que aprender “Gratulere med dagen” (feliz cumpleaños en noruego) era todo lo necesario para estar a tono. Pues no, me enteré de que en fiestas infantiles –especialmente- el agasajado lleva corona, la reunión tiene horario y hasta el regalo tiene un límite de precio. La bandera nacional se ondea como señal de fiesta a la entrada, atrás, abajo y arriba de la casa… exagero sí, pero solo un poco; es un elemento tan importante como la torta o los globos. ¿Y el clímax? La hora del cumpleaños feliz: además de cantar, ¡bailas! –a lo escandinavo eso sí-, sin caderas, haciendo reverencias y dando vueltas.

“Bueno pues”-pensé- “pobre de mis hijos cuando nos toque celebrarles los cumpleaños…” ¿Y por qué? Dirán algunos, pero es que si bien es cierto que al emigrar esperaba encontrarme con cosas diferentes, también es cierto que ante tanta novedad llegó un momento en que todo me resultaba desconocido, ¡hasta yo misma!

¿Qué hacer? Es normal querer volver al confort de lo conocido, sentirnos aceptados, ser parte de algo. ¿Entonces? ¿Por qué opto?¿Lo mío o lo de ellos? Listo, borrón y cuenta nueva total, aquí todo es tan ordenadito, tan chévere, sí ¡lo de ellos es mejor!… ¿Mejor? Ay, no… ¿cómo va a ser lo mejor? La comida no sabe a nada y ni los buenos días te dan, es que ¡con lo mío, mío, mío, con lo mío no se metan!

En esa búsqueda de pertenencia, escoger entre lo mío o lo de ellos nos parece la única alternativa, pero desde mi experiencia (mezcla de lo estudiado, trabajado y experimentado), el secreto para una adaptación cultural exitosa pasa por el reconocimiento del valor de lo que traemos (lo mío) y de lo que encontramos en nuestro nuevo entorno (lo de ellos).

¿Cómo ejercitamos ese reconocimiento? Aquí un punto de partida:

Lo mío: cuando emigras, especialmente los primeros meses, vives situaciones que te hacen cuestionarte desde lo más básico: ¿estaré hablando muy alto? ¿estaré diciéndolo bien? ¿saludo con un beso, un apretón de manos o un movimiento de cabeza? ¿qué está permitido? ¿qué no?

Ejercicio: conoce tus raíces y el valor o perspectiva adicional que puedes brindar en tu nuevo entorno social. ¿Qué aprecia la gente de ti?

Lo de ellos: para facilitar la integración cultural, es fundamental aceptar que entre una cultura y otra las cosas no son mejores o peores, son diferentes.

Ejercicio: Conoce lo local, su historia, comida, tradiciones, canciones ¿Qué aprecias del país en el que estás?

En mi caso, y así vuelvo a lo de los cumpleaños que celebro en un par de semanas, me gusta darme cuenta de las cosas que se van sumando: ahora, además del desayuno en la cama, exijo también una corona (¡por fin una forma de canalizar mi sueño frustrado de ser miss Venezuela!) Y en la mesa de la torta, junto al quesillo y la gelatina, están también las banderas que representan a mi familia, la venezolana, la peruana, la noruega y ahora también la danesa. ¡Ah! Y claro, ahora también bailamos mientras cantamos y soplamos las velitas; con caderas eso sí, porque entre lo mío y lo de ellos, yo voy ganando lo nuestro.

Y es que amigos la lucha entre lo mío y lo de ellos es parte de la adaptación, escuche que en Panamá los Venezolanos se quieren imponer en costumbres y hábitos sobre los panameños y que por eso no son bien vistos ni bien recibidos. También sé que eso mismo pasa en otros países, porque lo he vivido. Mi recomendación para los que están lejos es que hagan lo que hizo Thais que honra sus raices y siente desde lo más profundo su arepa en el corazón, pero dejo de pelear por imponerse y aceptó lo nuevo como parte de su realidad. Ella sabe que no es noruega, pero también sabe que ya no es totalmente venezolana, su energía es diferente, su experiencia más amplia y su capacidad de aceptación a evolucionado. Felicidades Thais porque tu alma ha sumado una gran experiencia, y aunque ya no eres ni de aquí ni de allá eres universal.

Qué pasa cuando decide regresar?

He conocido a muchos europeos que han pasado años en Venezuela y a pesar de la crisis que hoy enfrenta nuestro país no se van, tienen casa, papeles y familia en su lugar de origen, pero simplemente se niegan a irse… Por qué quedarse si pueden encontrar un mejor lugar, con mayor calidad de vida, entre sus raíces, sus costumbres, su idioma y sus raíces.

La respuesta me la dio la señora Augusta, una portuguesa con más de 40 años en Venezuela y que aun no habla bien el español, la cual me dijo un día: Mis hijos son Venezolanos aunque comieron bacalo, yo no aprendí español, se que no me entienden, pero el venezolano siempre me sonríe. Esta es ahora mi tierra, y Portugal es el más hermoso saudade, aquí voy quiero morir porque aquí viví.

Me pregunto entonces si cuando todo el desastre pase, como todo se superó en España, Portugal, Italia, Argentina, Colombia y pare usted de contar, los hijos de Venezuela regresarán, será que el sentimiento de la Arepa será más fuerte que el de Saudade, Morrinha o el mismo fuego sagrado de los griegos, aquí me hacen falta, perdón… aquí le hacen falta a todos, sobretodo a la tierra que los vio nacer. Será que considerarán a una tierra extraña más suya que la suya? Será que encontrarán como Thais el equilibrio entre dos culturas y se volverán universales?

Solo quiero recordarles que esta siempre será su tierra, que esta siempre será su casa que el cordón umbilical entre Venezuela y sus hijos no se rompe jamás, porque esta tierra siempre ha sido y será sobreprotectora. Aunque vengan hablando raro, vistiendo diferente y mañas extrañas solo necesitan un tiempo entre familiares y amigos para chupar el esqueleto de una mazorca y llenarse las manos de grasa con una arepa, y si no regresan porque ahora son universales no pierdan ese nudo en el estómago que se llama arepa, dejen siempre el nombre de Venezuela en alto, no peleen entre lo mío y lo de ellos, busquen el equilibrio, y que los dioses los bendigan hoy y siempre, evolucionen, crezcan y vengan de visita, porque aquí siempre harán falta.

Todo cambia, todo evoluciona, en la vida no hay forma de parar. A nosotros como venezolanos también nos tocaba aprender sobre la migración, reconozcamos la misión de vida y trabajemos en ella, superemos Karmas y evolucionemos como comunidad. A algunos les tocaba irse a otros quedarse, es parte del aprendizaje que nos corresponde como Venezolanos, ahí vamos aprendiendo entre tropiezos y errores, pero de esto también salimos, puede que no con honores, pero igual salimos de esta.

La Arepa… ya no será para mi solo una comida, ahora también es un sentimiento, una nostalgia, una lagrima, una misión de vida, el piso de Maiquetía, una maleta, un sabor, un olor a veces dulce otras veces amargo, es y será Venezuela. Es un sentimiento que nos embarga a los que nos quedamos, a los que se fueron y a los que juntos nos tocó vivir una amarga experiencia, una prueba del destino. Ahora podemos decir orgullosos que tenemos hijos universales, mochileros, extranjeros y que nuestra semilla está sembrada por el mundo.

Y ya… eso es todo por hoy. Agradezco cualquier comentario que me quieran dejar. Besos!

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