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De acuerdo a lo que hemos venido informando, tomado del sistema hindú yogui de la cura por agua de YOGUI RAMACHARAKA, ampliamos el conocimiento del cuerpo humano para poder saber cuál es el papel fundamental del agua en nuestro bienestar físico.

Requiere este capítulo muy cuidadosa lectura, por la gran importancia que para el bienestar físico tiene lo que vamos a exponer aunque no sea muy agradable.

Pero por ello aconsejamos precisamente el estudio detenido del asunto, a fin de eliminar de una vez para siempre su aspecto desagradable.

Vamos a hablar de la cloaca colectora que todos llevamos en nuestro organismo, y que la mayoría de las gentes convierten en ponzoñosa letrina, por ignorancia de las leyes naturales.

La cloaca intestinal, cuando no se procura su buen funcionamiento, por incomprensión o descuido, causa gran número de trastornos y dolencias que alteran la salud del individuo, a veces gravemente.

La cefalalgia, la acidez de estómago, la dispepsia, la indigestión, la acedía y otros trastornos proceden en gran parte, si no por completo, de la obstrucción intestinal.

Los granos, las costras y erupciones de la piel, la saburra de la lengua, el sudor maloliente, los estados febriles, Ia fetidez del aliento, la nerviosidad y muchos otros síntomas, derivan sobre todo de la pestilente y embozada cloaca que tantos llevan consigo sin saberlo.

Quien dude de ello se verá más obligado aún a estudiar cuanto manifestamos sobre el problema.

Que estudie este capítulo hasta el fin, y con seguridad desvanecerá toda duda.

El intestino grueso y especialmente los tres sectores de la porción denominada colon están expeditos en la mayoría de los animales y en las personas de vida saludable y normal.

No los obstruyen materias excrementicias y quedan libres de ellas por evacuaciones naturales.

No obstante, en la mayoría de las gentes que se creen civilizadas, pocas veces funciona normalmente el colon, y se cree que las siete décimas partes de dichas personas sufren en mayor o menor grado algunas de las varias formas de estreñimiento y constipación.

Los informes de los hospitales prueban que de 500 casos en que se observó el colon después de la muerte del enfermo, en la autopsia, sólo 50 lo tenían en condición normal.

Los demás se encontraban obstruidos por materias fecales endurecidas.

Conocen los yoguis de la India esta circunstancia desde hace muchos siglos, y también ahora la reconoce la moderna patología occidental.

Aun entre quienes se ufanan de tener todos los días una evacuación natural, suele manifestarse cierta obstrucción.

Manifiesta el especialista norteamericano doctor Forrest, a este propósito:

«Puede haber una y aun más de una evacuación diaria, y sin embargo estar el sujeto morbosamente constipado.

«Recordemos que, en rigor, la constipación equivale al colon recargado.

«Por lo tanto, si cada día se evacua parte de dicha carga por un extremo del colon, queda todavía cargado el otro extremo, de suerte que la constipación subsiste a pesar de la evacuación diaria.»

Otro autor agrega:

«Los diarios movimientos del intestino no demuestran que el colon esté expedito. En efecto, los más graves casos de estreñimiento a que hemos asistido fueron aquellos en que diariamente evacuaba el enfermo.»

Se admiran los autores médicos de la capacidad asombrosa del colon para retener los excrementos.

Obsérvase a veces que las materias fecales retenidas en el colon de un solo individuo hubieran podido llenar varios cólones de normales dimensiones.

En tales casos estaban distendidas las paredes del intestino, y como hinchadas por la gran cantidad de heces que contenían, duras como un embutido.

Hubo casos en que un individuo estuvo varias semanas sin evacuar.

Se cuenta que en determinada circunstancia la irrigación del colon expulsó huesos de cereza ingeridos muchos meses antes.

Son muy notables los casos de obstrucción intestinal que vamos a referir, y aunque no sean de lectura muy agradable, conviene fijarse en ellos por si sus circunstancias coinciden con las que en sí mismo notó el lector, y puede, en consecuencia, recurrir al remedio oportuno.

Aconsejamos que no sean pasados por alto estos casos, sino que se consideren atentamente.

El doctor H. T. Turner, de Walla Walla, población del estado norteamericano de Washington, narra el caso siguiente:

«En 1880 se murió un enfermo de inflamación de los intestinos, y solicité de la familia el permiso, que me concedieron, para efectuar la autopsia, pues yo tenía el convencimiento de que había de haber alguna sustancia en la válvula ileocecal, o cerca de ella, o acaso en el apéndice vermiforme.

«La autopsia descubrió en la bolsa del ciego y en el orificio del apéndice gran cantidad de semillas de uva y rosetas de maíz.

«Esta circunstancia, unida al estado de corrupción y ennegrecimiento del colon, indicaba la exactitud de mi diagnóstico.

«Abrí el colon en toda su longitud de metro y medio, y lo encontré lleno de materias fecales, incrustadas en sus paredes y repliegues, en varias partes duras y secas como piedra pizarrosa, que obstruían el conducto intestinal hasta el punto de haberle ocasionado al enfermo, según dijo la familia, cólicos violentos, repetidos dos veces al mes algunos de ellos, sin otro alivio que el proporcionado por enérgicos purgantes.

«Cuantos médicos lo visitaron creyeron que padecía cólicos hepáticos; pero yo colegí que la dura materia fecal de las deposiciones era ya crónica, como resultado de años enteros de acumulación, y había sido causa remota de la muerte del Sujeto.

«La flexión sigmoidea del colon descendente estaba sumamente cargada y distendida hasta doble tamaño del natural.

«Las heces endurecidas llenaban uniformemente el intestino, dejando en el centro un orificio del diámetro de un dedo, por donde pasaban las heces más recientes.

«En la parte inferior de la flexión sigmoidea, poco antes de llegar al recto, y en el ángulo izquierdo del colon, donde tuerce a la derecha, había mogotes de heces putrefactas con muchos huevos de gusanos y varias larvas que habían roído la mucosa intestinal, ocasionando la grave inflamación del colon y partes adyacentes, anomalía que provocó la muerte del enfermo.

También ulteriores investigaciones atribuyeron a la misma causa las hemorroides que según parece padecía, desde un año antes.

«Todo el colon estaba crónicamente inflamado; y no obstante, aquel enfermo se creyó bueno y sano hasta que la funesta ingestión de las uvas con sus semillas y de las rosetas de maíz agravaron mortalmente su dolencia.»

El doctor Turner continuó sus investigaciones clínicas, que lo llevaron a la convicción de que la mayor parte de los adultos estaban más o menos afectados de la misma dolencia.

Vio que el intestino grueso en gran cantidad de pacientes adolecía de un trastorno muy parecido al del caso típico relatado anteriormente.

En la revista especializada Medical Examiner, un médico de Chicago refiere los siguientes resultados de sus investigaciones sobre el particular:

«Las fibras musculares de los intestinos son circulares unas y longitudinales otras.

«En el intestino grueso las fibras longitudinales son relativamente más largas que en el delgado.

«La mayor longitud de las fibras longitudinales del intestino grueso permite la formación de alvéolos o cavidades en que se acumulan las heces, sin que de esta acumulación se den cuenta los médicos de cabecera.

«‘Es indudable que a veces las materias excrementicias quedan acumuladas durante semanas, meses y aun años en las cavidades del colon, y ocasionan diversos síntomas, desde un simple catarro intestinal hasta las más graves enfermedades infecciosas.

«Cuando la acumulación se reduce a las cavidades, el paso del colon está expedito.

En algunos casos, dicha acumulación es tan voluminosa como la cabeza de un feto y puede confundirse con un tumor abdominal.

«Las porciones del intestino grueso más propensas a inflamación por la acumulación de heces son el asa sigmoidea del colon y el ciego, aunque pueden también sobrevenir en las demás porciones del intestino.

«El colon ascendente se llena con mucha mayor frecuencia de lo que supone la patología académica.

«Puede, afirmarse que mayor número de veces se acumulan las materias fecales en el colon ascendente que en el descendente, en contra de lo afirmado por la mayoría de los patólogos.

«Cuando las acumulaciones son grandes, el aumento de peso del colon tiende a desplazarlo, y en este caso puede el colon transverso caer hacia las pelvis.

«En el adulto llega el colon hinchado a tener hasta 38 centímetros de circunferencia exterior.

«La densidad de las acumulaciones es muy variable, pues pueden ser tan duras como piedra berroqueña, resistentes al cuchillo, y confundirse con cálculos biliares, de suerte que aun los médicos expertos corren el riesgo de equivocarse en el diagnóstico.

«Por su tamaño llegan a veces al extremo de oprimir los órganos abdominales y perturbar sus funciones, de suerte que se toma por trastornos hepáticos y renales lo que en realidad no es más que el resultado de la opresión ejercida en el hígado o en los riñones por las heces intestinales.

«Se han observado algunos casos increíbles de acumulación intestinal, tanto que la cantidad dé heces aglomera. das en el colon y el recto hubiera bastado para llenar un cubo de mediana capacidad.

«Desde luego que tan enormes acumulaciones son excepcionales, y precisamente por su mucho volumen puede, cualquier médico darse cuenta de ellas por medio del tacto.

«Si los excrementos son negruzcos o de color verde oscuro será indicio de que han estado acumulados desde tiempo atrás en el intestino.

«La absorción de las heces por la mucosa del intestino grueso ocasiona diversas enfermedades, entre ellas la anemia, fetidez de aliento, erupciones cutáneas, trastornos cardíacos, fiebres palúdicas y tifoideas, vértigos, jaquecas, etcétera.

«La excesiva distensión del intestino ciego y del asa sigmoidea del colon amenaza ocasionar la hidropesía y el entumecimiento de las piernas y calambres.»

De este modo la fisiología occidental corrobora las enseñanzas índicas del Yoga Hatha.

Se infiere de todo lo expuesto que la necesidad del baño interno deriva del incumplimiento de las leyes fundamentales de la Naturaleza en lo relacionado con las evacuaciones intestinales.

Los hábitos viciosos de la vida seudocivilizada son causa de tal quebrantamiento, pues el hombre primitivo vivía en contacto con la Naturaleza, del mismo modo que los animales salvajes, y los trastornos derivados de la acumulación de heces en el intestino grueso no lo afectaban.

Pero, como nos encontramos en presencia de las condiciones establecidas por la errada civilización, es imprescindible que la ciencia proporcione una terapéutica capaz de curar la obstrucción intestinal e impedir que se reproduzca.

«Pero las acumulaciones más peligrosas son las de menor tamaño, pues por de pronto, no molestan y pasan inadvertidas, de suerte que muchísimas personas las tienen sin sospecharlo, hasta que cualquier incidente acelera sus morbosos efectos.

«Dichas personas se satisfacen con evacuar diariamente; pero su color cetrino, su lengua sucia y sobre todo el aspecto de sus deposiciones bastan para afirmar que son víctimas del estreñimiento.

«La evacuación diaria no prueba que el intestino grueso esté libre de acumulaciones fecales, pues precisamente los casos más graves de estreñimiento que hemos tenido fueron aquellos en ‘que el sujeto evacuaba diariamente.

«El color de las. deposiciones facilita el diagnóstico de la acumulación intestinal.

La peor característica de un intestino grueso obstruido es quizá que se convierte en semillero de innumerables gérmenes patógenos que, introducidos en la sangre por absorción,, emponzoñan todos los órganos del cuerpo.

Investigadores eminentes, dedicados a esta importantísima cuestión, descubrieron que la mayor parte de las morbosas condiciones del organismo humano, que degeneran en las distintas enfermedades, son síntomas de una sola causa básica y tienen origen en los gérmenes patógenos que se desarrollan en las pútridas acumulaciones fecales del intestino grueso.

Se han generado estos gérmenes en las hediondas acumulaciones intestinales, y absorbidos por la mucosa del colon, pasaron a la sangre, que con ellos contaminó todos los órganos del cuerpo, en donde dejó semillas de enfermedad, dolor, muerte y destrucción.

Por eso, mucho más cuerdo que entretenerse sin combatir los síntomas es atacar el mal de raíz, resueltamente, y conjurar las condiciones que ocasionaron el trastorno.

No es posible que goce de salud cabal quien tiene en el organismo una oculta y hedionda cloaca propagadora de malsanas emanaciones que afectan a todo el cuerpo.

¿Qué diríamos de una ciudad en la cual su red de cloacas desparramara sus pútridas emanaciones, atentando contra la salud del vecindario?

¿Por qué no aplicar a la higiene privada las prácticas de la pública y desinfectar oportunamente la cloaca intestinal que llevan consigo la mayor parte de las gentes?

La causa radica, por lo regular, en el desconocimiento de la condición verdadera de las cosas, y conviene por eso esclarecer este punto enigmático, a fin de que todos cuantos lo necesiten puedan remediar sus morbosas condiciones y restituirse el estado normal de salud.

Algo más que los ordinarios síntomas de estreñimiento es preciso combatir.

Debemos evitar la contaminación de la sangre, el encenagamiento de la fuente de la vida fisiológica.

La acumulación de desechos en el intestino grueso repercute en el estómago y en el intestino delgado, y provoca la indigestión y la dispepsia a causa de impedir el paso natural de los alimentos por el tubo digestivo.

Es así porque, retenidas más tiempo del necesario en el estómago y en el intestino delgado, porque el grueso les impide el paso, las materias alimenticias están expuestas a fermentar y acedarse, produciendo flatulencias molestas, hiperclorhidria y otros trastornos digestivos.

Además, se perjudican el hígado y los riñones, cuyo funcionamiento es entorpecido.

La fiebre no tarda en aparecer y el organismo sucumbe a las condiciones morbosas.

La Naturaleza se vale de los riñones y de la piel para eliminar del organismo muchos desechos; pero ambos órganos excretores concluyen por rendirse y fatigarse.

La piel se llena de granos, costras, verrugas y otras erupciones más o menos herpéticas.

Todo esto y mucho más procede de la suciedad intestinal, pues en tales circunstancias el colon es como una cloaca que nunca se atiende debidamente.

Para que los síntomas morbosos desaparezcan basta con desinfectar la cloaca.

En conclusión, podemos decir que el embozado intestino grueso produce la septicemia o envenenamiento de la sangre.

Y como la sangre es la fuente de que se nutre todo el organismo, el manantial de vida fisiológica, por así decirlo, se comprende fácilmente que si conseguimos eliminar del manantial de vida el tóxico que lo contamina, el fluido vital circulará libre y puro, llevando en sí fuerza, salud y vigor, en vez de enfermedad, dolor y muerte.

Este asunto nos parece de sobra importante para merecer la atención de cuantos consideren la salud como el mayor bien de la vida física.

La corriente medicina alopática acierta por una parte cuando aconseja mantener el «vientre libre»; pero se equivoca, a nuestro modo de ver, en la exposición de los medios para lograr el expedito funcionamiento del tubo digestivo y el de los intestinos en particular.

Una vez explicadas las condiciones del mal, veamos en una publicación posterior cuáles pueden ser sus remedios.

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