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@KaremBarratt

He estado reflexionando mucho últimamente sobre la carta del Tonto y me he dado cuenta que, además de la invitación a nuevos comienzos (y la advertencia de que tal vez hay que tener un poco de cuidado a la hora de iniciar la aventura) la carta nos pide ser valientes. A atrevernos a recibir críticas, burlas, desprecios e incluso violencia a la hora de defender nuestros ideales y proyectos.

Y más importante aún, a superar uno de los grandes miedos que vienen con la condicen humana, un miedo que a menudo nos inmoviliza y no nos permite ni comenzar ese algo en nuestra alma o mente que está pidiendo manifestarse en el mundo físico: el miedo a quedar como gafos o que los demás tomen ventaja sobre nosotros.

El Tonto tiene que ser un ser heroico, capaz de aguantar la fruta podrida y las risitas de aquellos que no entiende su visión interna y lo consideran loco, ingenuo o estúpido. Y su mayor enemigo es su propio ego, que prefiere el prestigio y/o seguridad del status quo. Así que cuando el Tonto recibe la invitación a la aventura, debe preguntarse: ¿vale la pena? ¿Vale la pena la incertidumbre? ¿Vale la pena las risitas? ¿Vale la pena sacrificar lo que hay por lo que puede haber? ¿Vale la pena lanzarse al barranco? Y si la respuesta no es solo un rotundo «Si», si no además un alegre, inevitable, Si, lo mejor es no aceptar la invitación, porque obviamente, lo que sea que se esté ofreciendo, no está haciendo cantar a nuestro corazón.

Solo con la canción del corazón en sus oídos puede el Tonto encontrar las fuerzas para las pruebas. Miren la carta: el Tonto en la imagen del Romeo enamorado del amor, antes de conocer a Julieta, sin consciencia plena de todo lo que el amor acarrea, pero hambriento, desesperado por probarlo y nutrirse de él. El Tonto es también Buda, el Profeta y el Maestro Jesús, dejando sus pueblos, sus hogares y sus familias para compartir el mensaje de sus almas. El Tonto es el científico que se sacrifica noches familiares para ver las estrellas o la belleza de los microbios en un microscopio. El Miguel Ángel, antes de aceptar pasar un quinquenio de su vida pintando la Capilla Sixtina. Es Neil Armstrong, cuando por primera vez piso la NASA. Es Einstein con la burla de los compañeros de primaria en los oídos y Edison, aprendiendo de unos de sus 10.000 fallos.

El Tonto es la semilla sagrada de todo lo demás: el Mago, el Héroe, El Mártir, el Padre, el Maestro, el Místico. Es potencialidad plena, esperando a florecer. Cuando el Tonto aparece en nuestras vidas, es hora de preguntarnos, ¿de qué manera nos estamos limitando, por miedo al que dirán?

 

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