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Una amiga me preguntó si tenía algún cuento de Abuelas Alemanas y la verdad es que no, pregunté entre mis colegas si conocían a alguna abuela alemana que tuviera cuentos de magia y hechicería pero casi todas respondieron que no, más una de mis amigas más estudiosas y sabias me dijo: Recuerda que en Alemania se practicaba fielmente el ocultismo, por lo tanto la historia deberás obtenerla a través de tus oráculos.

Es totalmente cierto, las abuelas latinas están deseosas de que sus conocimientos trasciendan, mientras que las abuelas alemanas las envuelve una cultura cerrada y de obediencia en la cual el paganismo, la magia y la hechicería se practicaban escondidos y de forma individual, por miedo a ser descubiertos y posteriormente reprendidos.

Comencé entonces a investigar a través de mis oráculos, quería saber si alguna de ellas quería hablar, entonces apareció Ursula y esto fue lo que me contó.

“Viví alegre y felizmente la época de Führer, mi familia era Alemana pura y Berlín estaba llena de actividades, mis amigas y yo salíamos a ver los desfiles de los atractivos militares y no nos perdíamos ninguna concentración del Reich, fue una época de muchas emociones encontradas, se podía sentir la esencia prusiana, de nuestros heroicos antepasados.

Siendo ya casi una mujer aprendí y asimilé cada mandato del III Reich como una religión, como algo sagrado, las mujeres alemanas deseábamos ante todo ser esposas y madres, tener un hogar íntimo, un marido cariñoso y un montón de niños felices, puesto que ellos con el tiempo también servirían orgullosos a su país. Una mujer aria debía ser la guardiana de la raza superior, de la virtud doméstica y las buenas costumbres, alta, rubia de ojos claros, atlética y saludable tenía el deber sagrado de engendrar hijos también altos, rubios de ojos claros, atléticos y saludables para ennoblecer al III Reich. Se podría decir que el campo de batalla de la mujer era el hogar.

Pero al estallar la Segunda Guerra Mundial cambiaron las políticas y permitieron a las mujeres unirse al ejército alemán. Las mujeres no pelearon en los campos de batalla pero fueron agregadas como personal auxiliar, responsables de áreas administrativas y logísticas a las que les faltaba personal debido a que los hombres eran enviados al frente.

Entonces fue cuando mis metas de vida cambiaron, entre como enfermera en la Cruz Roja, los entrenamientos fueron fuertes y tuvimos que estudiar mucho, las prácticas fueron cortas y en corto tiempo formamos un grupo listo para la tarea. Viajamos por muchos lugares de Europa, algunos ni puedo recordar los nombres, las noches se confundían con los días y el olor a muerte se hizo habitual. Con el pasar del tiempo deje de tener lazos afectivos con las personas con las que trabajaba, puesto que nunca eran las mismas, visitábamos lugares sin dejar huella o amigos, mis sueños de un hogar se habían desvanecido.

Todo mi cuerpo y mi esencia se había endurecido, ya nada me impresionaba o me alegraba, al final me trasladaron como directora de Salud a un hospital militar al este de Alemania, y conocí al Doctor Kogel, congeniamos inmediatamente y nuestro trabajo llegó a ser muy eficiente.

El Doctor tenía gran afición por la mitología germana y le gustaba hablar de las diosas paganas y de las actividades de las hordas paganas que en un pasado remoto cruzaron nuestras tierras. Después de varias noches escuchando al Doctor Kogel algo despertó en mi, y recordé que mi abuela hablaba de Frigg diosa del amor, de la fertilidad y la belleza, pero también era una gran guerrera, y a mi parecer era lo más parecido a una mujer alemana.

Esa noche entre despierta y dormida recordé a mi abuela preparando un ritual de amor de Frigg para una de sus sobrinas de modo que encontrara un hombre para contraer matrimonio y le cambiara la vida. Desde el fondo de mi corazón yo deseaba que la vida me cambiara y la guerra terminara. Pero a la mañana siguiente poco pudo recordar, sin embargo, inspirada por el Doctor Kogel una noche de luna llena invocó a Frigg tratando de recordar algunas palabras que utilizaba su abuela, sin el menor conocimiento de lo que podía significar la invocación a la diosa.

La mañana siguiente recibieron ordenes de desalojar el hospital, los rojos estaban cerca y la ciudad sería invadida, así que comenzaron el largo viaje de regreso a Berlín.

Lamentablemente fuimos sorprendidos por el ejercito rojo y junto con el Doctor Kogel tuvimos que huir para no ser capturados, la masacre posterior fue horrible y sangrienta. El terror de ser apresada o asesinada me hizo humana otra vez, nos escondimos en el fondo de unas letrinas de un pueblo cercano mientras el ejercito rojo pasaba por encima de nosotros y mientras esperábamos, el Doctor Kogel me dijo cuánto le gustaba y lo hermosa que le parecía desde el momento que me conoció, yo solo escucha en mi cabeza el nombre de Frigg.

Esa noche pudimos salir de nuestro escondite y en el río más cercano nos aseamos para seguir huyendo, pero una luna encantadora nos detuvo y nos amamos prácticamente hasta el amanecer, yo sólo podía agradecer desde lo más profundo de mi corazón a Frigg.

A la mañana siguiente todo era diferente y hermoso, las energías a mi alrededor y en mi habían cambiado, me sentía humana, me sentía mujer. En nuestro lento caminar hacia Berlín nos topamos con un grupo que venía huyendo de la capital, nos contaron que todo era un caos y que los aliados estaban a punto de tomar Berlín. Ellos buscaban hombres para un último ataque de resistencia y el Doctor Kogel fiel a sus principios y en un acto de patriotismo se unió al grupo. Me prometió que pronto nos volveríamos a ver y que lo esperara en su pueblo natal.

Junto con otro grupo de mujeres nos separamos de los hombres, jamás volví a verlo, murió en la invasión Rusa a Berlín.

Yo logré llegar a su pueblo natal dos meses después, estaba embarazada de dos niñas, pero ni eso detuvo a los soldados del ejército rojo en las violaciones sistemáticas que sufrimos las mujeres en el periodo de la pos guerra, muchas de mis compañeras murieron desangradas, pero yo sobreviví.

Una noche en sueños una hermosa mujer me dijo: “párate y huye al oeste, soy Frigg” En ese momento desperté y comencé a caminar hacia el oeste, las calles estaban llenas pero nadie me miraba. Los rojos estaban tirados en el piso bebiendo, algunos bailaban y otros se arrastraban de la borrachera, pero nadie me miraba.

Poco recuerdo de ese viaje, solo sé que en algún momento me caí y me desmayé. Cuando desperté estaba en un hospital y un intenso dolor en el vientre me llevó a gritar, mi barriga estaba grande y abultada, estaba dando a luz y todos a mi alrededor hablaban francés, estaba en la zona ocupada por Francia.

Cuando me entregaron a la primera de mis niñas dije en voz alta que se llamaría Frigg, pero la enfermera me dijo: Frigg, también es conocida con el nombre de Freya, nunca fue feliz en el amor, pasó por las manos de muchos hombres, no le haga ese a su hija, mire que cada nombre propio tiene un Karma.

Le pedí a la enfermera que me hablara más de esa Diosa, fue entonces cuando caí en cuenta de lo que había hecho, sin conocimiento alguno sobre Frigg había invocado su ayuda. La Diosa me había escuchado y me había regalado la vida que ella conocía, su propia vida, e había hecho vivir sus propia experiencia: La viudez, los hijos y los múltiples hombres sin concretar nada. La magia existe, pero poco saben como invocarla.

Recordé entonces a la abuela diciéndole a su sobrina: Tendrás un hombre pero te durará poco, pero por lo menos habrás amado y te habrán amado. Entonces habrá valido la pena.

Ya vieja y con nietos aun recuerdo las palabras de mi abuela, mis hijas llevaron nombres franceses, me casé tres veces y tuve muchos amantes, pero ninguno pudo amarme en el bosque a la luz de Luna como mi querido Doctor Kogel”

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