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@karembarratt

Siete Lecciones Espirituales de Matilda

Matilda

Este 31 de diciembre vi el musical Matilda con mi familia en Londres. Quizás recuerden la película de los 90s del mismo nombre. Ambos están inspirados por un libro infantil que trata de manera jocosa y hasta irónica un tema muy serio: el abuso emocional y físico infantil. No he leído el libro, pero ayer viendo la obra teatral, siete lecciones espirituales vinieron a mí y quiero compartirlas con ustedes, porque parece muy apropiadas para comenzar el nuevo año.

1) El que estemos en cierta historia no significa que tengamos que quedarnos en ella. Matilda está clara que sus circunstancias son difíciles, que ella es chica y sus victimarios grandes y poderosos, pero ella rehúsa verse como víctima. No sabe cómo ni cuándo, pero piensa hacer todo lo que este en ella para escapar de la vida en que existe, porque sabe que no es justo que se abuse de ella como lo hacen sus padres y directora. Matilda se sabe merecedora de amor y aunque insegura de cómo va a encontrarlo, no  deja que las terribles palabras que los adultos le dicen la hagan sentir menos.

2) El que nos hayan golpeado y debilitado no quiere decir que no podemos recuperarnos. Esta parte no aparece en la película. Después que el amigo de Matilda, Bruce, se come la torta de chocolate, es castigado en el chokie (o escaparate de castigo) y pierde todo animo o deseo de lucha, convirtiéndose en una especie de zombi. Pero al final recupera su valor, se enfrenta a la directora y alza la voz a todo pulmón para declarar su libertad emocional.

3) Cuando el mundo está en caos y parece que no hay salida, el único lugar en donde podemos encontrar paz es en nuestro interior. Durante una muy fuerte escena, cuando la directora amenaza con literalmente destruir a los chicos de la escuela y a la maestra, y estos huyen despavoridos no sabiendo a donde ir, Matilda canta “Quieta”, expresando como cuando la rabia y el miedo son tan fuertes que parecen encerrarla en una cárcel, solo en lo más íntimo de su ser encuentra la quietud y el silencio para volverse a centrar y recuperar la cordura.

4) Lo que es injusto debe ser enfrentado, así seamos los chicos y débiles de la partida. Durante toda la obra, Matilda defiende la justicia, no solo para ella, si no para los que la rodean, como sus amigos y la Srta. Honey, su maestra, que aunque adulta, es un ser débil debido al maltrato que sufrió en su niñez.

5) A veces, hay que ser un poquito tremendos para poder lograr justicia. Matilda no solo reclama y desafía a los adultos que la maltratan, si no que, de manera sutil e inteligente (para que no sepan que fue ella y se venguen) los castiga de manera jocosa cuando se han portado demasiado mal, ya sea con ella o con los demás.

6) Solo en la compasión y en el perdón tenemos oportunidad de ser libres. De nuevo, esta escena no aparece en la película. El padre de Matilda ha engañado a la mafia Rusia y cuando vienen a romperle los huesos –literalmente- Matilda lo defiende y convence (en ruso) al Capo mayor para que no lo lastime. Impresionado por este acto, el padre acepta a dejar a Matilda con la Srta. Honey, para que tenga el amor y el hogar que ella merece.

7) La mayor responsabilidad que tenemos los adultos, independientemente de que seamos familiares de ellos o no, es la de cuidar, proteger, educar y amar a los niños. Un niño maltratado, física y/o emocionalmente, es un eslabón en una cadena de sufrimiento, dolor, rabia, odio, violencia y tragedia que se extiende por generaciones, hasta que una valiente chica o un valiente chico, decide decirle no y romperla. Y para hacerlo, necesita todo el apoyo que el mundo pueda darle.

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