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@karembarratt

escape to Egypt

Al momento de escribir esta reflexión, el mundo cristiano está celebrando el Día de los Inocentes y aquellos que decidieron ir a misa, habrían no solo escuchado la historia de los bebés masacrados por Herodes, si no también la escapatoria de la familia sagrada a Egipto. Esta historia sin embargo, no es única a la tradición cristiana. Muchos dioses o manifestaciones de la Divinidad tienen en su historia sacra un capítulo de persecución durante la infancia, que los obliga a abandonar hogares, familias y a veces hasta la identidad original.

Del antiguo Egipto tenemos la historia de Horus e Isis, perseguidos por Set, quien busca asesinar al bebé Horus. Isis se ve forzada a dejar su estatus real, esconderse en una cueva e incluso sentir en carne propia la traición de algunos que se llamaron sus seguidores, que luego le cerraron las puertas a la diosa, dándole la espalda en su hora de necesidad. Como en la historia de Jesús, Isis recibe un mensaje, no de un ángel si no de un dios, Thoth, advirtiéndole que debe huir y esconderse de Set.

En la religión hindú encontramos la historia de Krishna, quien es salvado por Nanda y criado por él y su esposa como un “vaquero” o pastor de vacas (de ahí en parte lo de las vacas sagradas de India), dejando atrás por algún tiempo su vida como príncipe y líder. En la mitología griega hay varios relatos de hijos de dioses amenazados en la tierna infancia y obligados a emigrar o renunciar por cierto tiempo su naturaleza divina, como es el caso de Hércules y Perseo.

Ahora, si me han leído por cierto tiempo, ya irán sospechando a donde quiero llegar: a la lección o lecciones de dichos relatos. Para mí, en estas historias la Divinidad nos pide que abramos nuestros corazones a los perseguidos, a los forzados a dejar atrás su tierra y su hogar. En la antigüedad, la hospitalidad era un sacramento (que algunos a veces abusaban) al cual toda persona de bien estaba obligada. La hospitalidad iba más allá de recibir a alguien en la casa: incluir proveer ayuda al que viniera a pedirla, en las medidas de las necesidades de cada quien. En todas historias, los dioses infantes sobreviven gracias a la generosidad de extraños, ya sea que estos provean recursos, información o el chance de ser parte de su comunidad mientras la situación cambia a su favor.

El Nino Jesús, Horus, Krishna, Hércules y Perseo están con nosotros hoy y sus rostros están dibujados en las caras de los chiquillos de Siria, Palestina, Ucrania. Los ojos de María y José nos miran en la mirada de padres desesperados buscando encontrar un lugar seguro para su familia. No siempre los desplazados son los resultados de un conflicto bélico: la gente pierde su hogar debido a desastres naturales, problemas familiares, pobreza y hasta política. La matanza de los inocentes (gracias a Dios aparentemente solo mitológica y no histórica) nos conecta, en compasión y empatía, a todas las madres del mundo que han perdido un hijo o hija a la maldad de un hombre hambriento de poder. La historia de los dioses perseguidos es una invitación de la Divinidad a verla en aquellos en situación de vulnerabilidad y aplicar principios de hospitalidad y ayuda comunitaria que existen y han existido desde siempre, no solo en legados culturales y religiosos, si no en el templo del alma humana.

Como en todo, la moneda tiene dos caras. A veces los desplazados, los sin tierra ni nación, los refugiados, los inmigrantes, los vulnerables y en peligro somos nosotros. De nuevo, los relatos de los dioses perseguidos nos recuerdan que no estamos ni solos ni olvidados. Quizás, como Krishna, aparentemente hemos “bajado” de estatus social, de príncipes a pastores, en la nueva tierra que nos da refugio. Pero el mismo Krishna califico ese tiempo como el más feliz en su vida y la protección ofrecida en ese ambiente sencillo pero sano, le permitió crecer fuerte para regresar y tomar posesión de sus riquezas y poder. Cada prueba que Hércules y Perseo superaron los ayudó a convertirse en verdaderos héroes. En sus desventuras, Isis nos ensena a mantener la dignidad y compasión en todas las circunstancias y no dejarse llevar por el resentimiento. José y María, de regreso a Egipto, nos hablan indirectamente de reconciliaciones (después de todo, encuentra protección en la tierra de la cual una vez escaparon los judíos) y esperanzas. En los dioses perseguidos la Divinidad nos dice a su manera que no solo escucha y entiende, si no que sabe: que nuestro dolor ha sido su dolor, nuestra angustia ha sido su angustia y nuestra tristeza y nostalgia ha sido su tristeza y nostalgia porque, lo entendamos o no, la Divinidad y nosotros, somos Uno.

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