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Como parte de mis investigaciones sobre hierbas me topé en varias oportunidades con Hunzas, y por desconocimiento de qué se trataba siempre lo pasé por alto. Hace poco y ya cansada de ver «Hunzas» en mis investigaciones, decidí investigar sobre qué se trataba. Comparto con ustedes el artículo más completo que encontré.

Artículo Completo: Nutriterapia

Al norte de la India, formando parte geográfica del Pakistán, en las estribaciones de los montes Himalaya, en una especie de esquina donde convergen los límites del Antiguo Afganistán, la antigua Unión Soviética y China, se encuentra el legendario país Hunza. En medio de aquel paisaje imponente e inhóspito vive un pueblo de poco más de treinta mil ciudadanos libres, saludables, alegres, amistosos y longevos. Allí han estado, prácticamente aislados del mundo, durante más de dos mil años.

El médico inglés Sir Robert McCarrison, ex director del Consejo de Nutrición de la India (cuando ese país era aun una colonia británica), fue el primero en hacer un estudio serio del país Hunza. Después de tres años de vivir entre ese pueblo, dijo que no pudo observar un solo caso de cáncer, de ulcera gástrica, de apendicitis y de otras enfermedades características del mundo occidental. Las epidemias que asolaban a los países vecinos no afectaban a la gente del valle Hunza, lo cual no se debía a cuestión del clima, porque en los países cercanos de clima similar, abundaban las enfermedades. Tampoco se debía a la raza o a la herencia genética porque los hunzas que emigraban a otros lugares y cambiaban su alimentación adquirían después de un tiempo las mismas enfermedades occidentales.

McCarrison se trasladó a vivir durante 10 años al valle hunza, para estudiar e investigar directamente y de primera mano, la razón de su extraordinaria salud física y mental. Tras un estudio exhaustivo de todos los factores y variables capaces de influir en el estado de salud de los hunzas tales como raza y herencia genética, higiene, alimentación, actividad física, y diversos factores medioambientales, McCarrison concluyó que el elemento causal, decisivo y fundamental de la extraordinaria salud, vitalidad y longevidad de los hunzas, es su alimentación, determinando que este es el factor clave.

La salud de los hunzas, concluyó el doctor McCarrison, se debía principalmente, a un modo correcto de alimentarse, incluyendo desde la forma de cultivar sus tierras con abonos exclusivamente orgánicos, sin usar jamás productos químicos que podrían producir una más abundante cosecha, a costa de disminuir la calidad nutritiva de los productos alimenticios. (McCarrison, Nutrition and National Health).

Sir Aurel Stein, McCarrison, R. C. F. Shoemberg y John Clark (este último en su obra Hunza, el reino perdido en los Himalayas), concuerdan en los siguientes datos:

1) El pueblo Hunza conserva una salud perfecta hasta mas allá de los cien años;

2) No se considera una rareza el que el hombre engendre a los noventa años de edad;

3) Las mujeres de setenta años de edad tienen por lo general la apariencia de una europea de cuarenta;

4) No existen obesos;

5) El promedio de vida es de 120 anos;

6) Hasta pocos días antes de morir las personas conservan todas sus facultades físicas y mentales;

7) Personas de mas de setenta años recorren hasta cien kilómetros, subiendo y bajando montanas, solo con breves intervalos de descanso, en una sola jornada, y al otro día están en su trabajo sin señales de agotamiento;

8) No hay vehículos. Toda la carga se transporta hombros a cuesta;

9) Las mujeres hacen casi tanto ejercicio como los hombres y recorren veinte kilómetros subiendo precipicios y no se considera extraordinario para una abuela tener noventa años.

La alimentación de los hunzas está constituida por granos enteros, toda clase de hortalizas, en especial la lechuga, frutas secas molidas con trigo entero (la fruta más abundante es el albaricoque y lo comen durante todo el ano, deshidratándolo al sol para consumirlo en el invierno), leche de cabra, perfectamente agria, y queso sin salar. También comen papas asadas con cascara y nuca fritas. Jamás consumen azúcar ni pan blanco, ni otros derivados de la harina refinada como pastelería o dulcería, y tampoco conservas envasadas.

El ejercicio no es ocasional entre ellos. Lo que un excursionista de otro país consideraría una hazaña, es realizado todos los días por ancianos, mujeres y niños. Para el simple hecho de atender las siembras en sus pequeñas parcelas diseminadas entre los montes escarpados, necesitan hacer largas caminas bajando y subiendo empinadas pendientes. No usan drogas ni vacunas de ninguna especie. El agua que beben es la acumulada en las montanas, con toda la pureza y ligereza del agua de lluvia, sin residuos de los minerales inorgánicos que endurecen las arterias. Comen carne solo cuando logran cazar algo. Bebe vino de frutas como único lico. Según el doctor Allen E. Bunic en su libroHunza Land, solo el dos por ciento de la población adulta fuma y lo hace en pipas.

 

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