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Antes que nada recuerda, no somos culpables, solamente comentemos errores y podemos corregirlos inmediatamente que nos damos cuenta de su presencia. Esto es tan real como tu existencia. Sin embargo, hay un condicionamiento externo que nos los recuerda a cada rato y nos dice sin cesar que somos culpables.

A continuación, les deje un pequeño ejercicio para sanar ese sentimiento que disminuye nuestra capacidad de vivir plena y satisfactoriamente tal como lo merecemos.

Haz una lista de todas las peores cosas que has hecho. Anota también tus adiciones y los comportamientos que ahora no encuentras para nada justificables. Hazlo con calma, pon música muy tenue y deja que vayan saliendo. Cuando acabes observa tu lista. Si alguna cosa todavía se puede reparar, arréglala.  Si no se puede, mira si la puedes equilibrar en otra situación parecida aunque sea ayudando a otras personas en la misma situación. Si no encuentras ninguna manera, prométete que actuarás diferente la próxima que vez que la vida te presente una oportunidad parecida. Reconoce que lo hiciste todo tan bien como pudiste con la consciencia que tenías entonces y perdónate.  Cuando acabes el análisis rompe la lista y olvídate de todas esas acciones.

Comprométete contigo mismo a que a partir de ahora vas a actuar de forma más consciente y ponlo por escrito en una carta a ti mismo. Llévala contigo encima a todas partes, para si te surgen dudas la tengas a mano. Recuerda que la coherencia interna es lo que le da la felicidad a tu espíritu.

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