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El antiguo y perdido método de sanación natural que hoy en día ha sido bautizado con el nombre de Reiki se volvió a encontrar sobre la mitad del siglo XIX por el Sensei Mikao Usui, monje budista y Maestro espiritual de la ciudad de Kioto, Japón. No obstante, los orígenes antiguos del Reiki datan según investigadores, de los Anales Akáshicos, de aproximadamente 140.000 años. La primera vez que el Reiki se trajo a la Tierra fue en tiempos del continente perdido de la Lemuria, donde seres del grupo estelar de las Pléyades que aun eran plenamente conscientes del Ser se instalaron por primera vez en la Tierra.

Seres humanos altamente evolucionados encarnaron en el planeta Tierra y se asentaron en el continente perdido de la Lemuria. En aquel entonces eran totalmente conscientes de su unidad con Dios, pudiendo separarse de sus cuerpos a voluntad y conscientemente cuando decidían tomar una nueva forma.

Pasada la Edad de Oro, el Tetra Yuga, en ciertos seres humanos surgieron sentimientos bajos y anidaron en ellos la lujuria, la avaricia y la envidia. Sentimientos que trastornaron y oscurecieron su espíritu y algunos comenzaron a alejarse de su verdadera naturaleza. Con el tiempo, se olvidaron de Dios y comenzaron a quedarse sumergidos en la ilusión y la ignorancia que provienen de los deseos de los sentidos, comenzando por primera vez a generar un karma negativo, quedando encarcelados en la Tierra y rodeados por la ignorancia que había creado sus malas acciones.

Posteriormente el mismo avatar, o ser iluminado, lo llevaría por segunda vez a la Atlántida, donde se utilizó hasta que la gran guerra que hizo desaparecer este continente tras el paso del planeta Hercóbulus, hizo que se perdiera en la noche de los tiempos.

Luego, por tercera vez, seria llevado a Egipto donde lo enseñó el mítico Hermes Trimegisto, piedra fundamental de toda la sabiduría egipcia de aquel entonces, y de muchas escuelas esotéricas posteriores, como las que arraigaron en Grecia tiempo después, y también sería llevado a la India y al Tíbet donde lo conservó una selecta minoría. Sin embargo, desaparecería por largos intervalos de tiempo.

Tras ese largo periodo de tiempo en el cual el Reiki permaneció en el olvido, fue redescubierto por Mikao Usui en unos ancestrales fragmentos escritos en sánscrito de la antigua cultura Sivaíta en las enseñanzas esotéricas de la India.

Mikao Usui nació a mediados del siglo pasado, en el año 1865, en Japón de una familia ilustre, bien acomodada y muy devota de la doctrina de Gautama Siddharta y que seguía con anhelo las enseñanzas del Buda. En el seno de este lugar se crió Mikao Usui. Desde muy joven conoció la vida y todas las historias referidas sobre la búsqueda de la verdad y de la iluminación de Buda, quedando muy fascinado por ello.

El Doctor Usui oyó siempre narrar las grandes vicisitudes que pasó el noble Siddharta, cuando un día abandonó su palacio, sus siervos, su vida principesca, y con una simple túnica se fue en busca de la Verdad última, pasando extremas dificultades, ayunos y largas meditaciones para alcanzar la iluminación final.

Mikao Usui se sintió fuertemente atraído y seducido por el amor y comprensión que irradiaban las enseñanzas y la personalidad de Buda y por las capacidades de sanación que adquirió después de alcanzar la iluminación. No solo el Buda, sino también algunos de sus devotos tras seguir sus conocimientos sagrados, obtuvieron los mismos resultados.

Por todo ello, decidió investigar primero en las escrituras chinas sobre las enseñanzas de Buda y luego, posteriormente, decidió buscar en la India, donde en los «Sutras Tibetanos del Loto» encontró una descripción intelectual del método curativo y ciertas fórmulas y símbolos. Pero eso tampoco servía para la práctica de las curaciones.

Su necesidad de alcanzar el método para sanar el cuerpo como lo hacía Buda, llevó a Usui a viajar por los lugares sagrados budistas de Japón sin descanso y siempre preguntando lo mismo. Los monjes budistas respondían siempre de la misma manera: desde hacía largo tiempo las enseñanzas budistas se habían dirigido a la expansión y crecimiento espiritual como premisa fundamental y el método de sanación del cuerpo se había diluido con el correr de los tiempos, no existiendo ya conocimiento sobre él.

Tras largas peregrinaciones y búsqueda, sus esfuerzos se vieron coronados con el éxito y entabló relación con un viejo abad de un monasterio cerca de Kioto, quien se interesó en su búsqueda y le permitió seguir estudiando en los antiguos sutras budistas conservados en su gran biblioteca.

Como no había encontrado gran cosa en las traducciones japonesas, ni en las chinas, se dirigió a los escritos originales redactados en sánscrito, teniendo la impresión de descubrir lo que buscaba en las enseñanzas orales del Buda, fielmente transcritas por uno de sus discípulos directos. En un viejo manuscrito de los Sutras Tibetanos, encontró un nuevo sistema de contactar con un Bodhisatva que podía iluminarle y transmitirle el método para sanar el cuerpo como lo hizo el Buda. Después de siete largos años, Usui se había acercado a su objetivo.   Poseía el conocimiento y las claves de la curación, pero carecía del poder para servirse de ellas. Pidió consejo a su viejo amigo abad y siguió al pie de la letra los conocimientos del manuscrito. Usui, con el beneplácito del abad, se retiró a meditar al monte sagrado Kurama, no muy lejos de allí, para hacer un ayuno absoluto y meditación hasta que alcanzara su objetivo.

Durante todo su retiro, no hizo otra cosa que ayunar, leer los sutras, orar y meditar. Al amanecer del vigésimo primer día, percibió un rayo luminoso y brillante ir velozmente hacia él. Pese a su miedo inicial, decidió no moverse. El rayo se hizo cada vez más grande, y al acercarse se convirtió en la forma de un Bodhisatva que le preguntó qué era lo que buscaba. Usui respondió que deseaba conocer los secretos de sanación utilizados por el Buda a lo que éste le respondió que quizás no estaba listo para recibir tal experiencia. Usui estaba decidido a correr el riesgo y el Bodhisatva, viendo su determinación, le tocó en la frente.

Usui se dijo a si mismo que iba a morir cuando entró en un estado de supraconsciencia, viendo de pronto miríadas de pequeñas burbujas multicolores de todos los tonos del arco iris. Inmediatamente después, apareció una luz blanca sobre la que destacaban en oro los símbolos que había descubierto en las escrituras tibetanas. A la vez, se le trasmitieron el poder y los conocimientos prácticos para utilizar esos símbolos por una voz que le hablaba desde dentro. Esta voz le dijo, «Recuerda, recuerda, recuerda….». De esa forma nació la forma actual del Reiki. Cuando salió de este estado de conciencia, se dio cuenta de que el sol se encontraba ya en lo alto del cielo. Su hambre y su fatiga ya no tenían importancia porque una nueva energía se había apoderado de él. Así recibió su sintonización con el Reiki y la promesa de que podría transmitirlo a otros.

Usui decidió entonces dejar la montaña, anhelando comunicárselo a su viejo amigo, el abad. Durante el descenso, yendo descalzo y con las prisas, se hirió en un pie, provocando que la uña del dedo gordo se pusiera a sangrar. Desgarrado por el dolor, se agarró el pie durante algunos minutos. El dolor se calmó casi de inmediato y la hemorragia se detuvo.   Esta sería la primera de una larguísima serie de curaciones, la suya propia.

Posteriormente, y debido a que tenía hambre, se detuvo en una posada donde comió copiosamente sin que esta ruptura del ayuno supusiera un problema para él, y curó a la nieta del posadero de un fuerte dolor de muelas a cambio de la cena. Esta sería la primera sanación que realizaría con otra persona.

Esa misma tarde Usui volvió al monasterio de Kioto donde ayudó al abad a vencer los dolores de una violenta crisis de artritis y un fuerte dolor de espalda que le mantenía en cama.

Al cabo de algunos días, con las bendiciones del abad, decidió marchar a los barrios bajos de Kioto para sanar a los mendigos y ayudarles a vivir en mejores condiciones.

Pasó allí siete años, tratando gratuitamente a los pobres, pero comprobó que una vez sanados, en lugar de trabajar, muchos volvían a su antiguo modo de vida.

A algunos les preguntó por qué habían renunciado a su nueva vida, y ellos le respondían que trabajar era demasiado fatigoso y preferían en consecuencia la vida de mendigo que les parecía más cómoda.

Esta respuesta trastornó profundamente a Usui, y le hizo reflexionar. Los monjes tenían razón; «el espíritu es lo primero y el cuerpo le sigue después». Rehusó tratar gratuitamente a los mendigos por su falta de apreciación. Usui comprendió que se había limitado a sanar sus cuerpos sin enseñarles a ser agradecidos con sus vidas, y sin proporcionarles una solución radical a sus problemas.

CONTINUARÁ….

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