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@KaremBarratt

druids up tor
Los druidaas subiendo la colina sagrada  que para muchos es la isla original de Avalon para hacer los rituals del 50 aniversario bajo la sombre del Tor

 Vengo de celebrar el 50vo aniversario de la Orden De Bardos, Ovates y Druidas en el mágico pueblo ingles de Glastonbury. Por los momentos Esposito y yo somos del grado de Bardos, que conecta lo espiritual con la inspiración y la creatividad. Esta fue nuestra primera reunión con el «clan» y fue muy inspiradora. Había unos 400 druidas (no todos pudieron ir) incluyendo druidas de Australia, Nueva Zelanda, Europa, México y esta que esta aquí representando a Venezuela/Suramérica 😉

Creo que lo que más me impresionó fue la gran sencillez de los lideres, que no solo no lo pensaron dos veces para ponerse a trabajar en serio para que las festividades salieran bien, si no que no dejaban de enfatizar que la orden era una democracia, que los grados son solo escuelas y en ningún momento algo jerárquico y que su misión era servir.

Luego tuve la oportunidad de experimentar la filosofía Druídica en carne viva. En la primera tanda, nos relacionamos con los ancestros del Druidismo y aprendimos más sobre nuestra historia. Me encantó que escritores espirituales de la línea célticos de gran renombre estuvieran ahí, de nuevo, para recordarnos que todos somos iguales dentro de nuestras diferencias. Hablamos algo de política y la tradición que tienen los Druidas (que se ha reafirmado aún más en estos tiempos) de apoyar causas «rebeldes» y justas, incluyendo el movimiento pro-ambiente. En la tarde la nota fue más espiritual. Subimos (bueno, Esposito, porque yo me quede con hijita) a la colina sagrada del Tor. Hubo oraciones, rituales para reconectarse a las energías de la tierra, cantos y meditaciones. Mucha gente sacó sus túnicas (y Esposito decidió que si quiere una) y sus objetos sagrados para energizarlos con el poder del lugar y la gente, y se envió buenas vibras al planeta.

En la noche tuvimos lo que llamamos el Eisteddfod, una fiesta en que se comparte la parte creativa de la religión: hubo poemas, cuentos, música y después la propia fiesta, como diríamos en Venezuela (tengo la rodilla hinchada, pero la cara sonriente), bebiendo agua miel preparada con una receta especial para druidas y termínanos en las ruinas de la Abadía de Glastonbury, cantando la palabra sagrada Awen (en cierta forma parecida a OM) bajo la luna y las estrellas, después de disfrutar unos maravillosos fuegos artificiales.

A eso es lo que yo llamo una experiencia religiosa 🙂

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