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@KaremBarratt

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Últimamente, la practica espiritual hawaiana del Ho’oponopono ha comenzado a extenderse  no solo en Estados Unidos, si no también en lugares como Reino Unido  y Venezuela. Quizás hayan visto las cuatro frases básicas: lo siento; por favor perdóname; te amo; gracias. Lo que quizás no muchos  saben es que esta espiritualidad tiene una fuerte creencia en la responsabilidad personal, nacional, ancestral y karmática. De alguna manera todos somos responsables de todo lo que pasa. Lo que, por supuesto, no es fácil de digerir. Pero vamos a tomar esa idea de responsabilidad y ver cómo aplicarla a lo que pasa en Venezuela.

Por ejemplo, yo creo que parte de lo que sucede es consecuencia de la vista gorda que muchos venezolanos  tuvieron con respeto a Cuba, mucho antes de que viniera Chávez al poder. La gente se iba a vacaciones a Cuba porque era barato; los gobiernos recibían a Fidel Castro como a un invitado de lujo, sin que hubiera (hasta donde yo recuerde) grandes protestas por la presencia de un asesino en nuestras tierras. Esa benditas franelas con la cara del Che la usaron muchos chicos antes de la revolución bonita como un simple articulo de moda, sin saber que al hacerlo estaban apoyando y aupando las actividades de ese hombre y las consecuencias que ellas trajeron.

Poca gente le prestaba atención a los testimonios de los cubanos exilados; menos gente aun se unió a ellos en una marcha o protesta o actividad para pedir justicia por el pueblo cubano, porque era más fácil creer que si Fidel había estado tanto tiempo en el poder debía ser que la mayoría lo quería en el poder; nos enfocábamos en las supuestas maravillas de la educación y medicina Cubanas, hacienda caso omiso al hecho de que todos eses seres súper educados terminaban trabajando de taxistas o en los hoteles, en donde se vivía un apartheid social, bajo el cual se le otorgaban derechos a extranjeros que eran negados a los nacionales. Y de lo que nuestras acciones, omisiones e indiferencias pudieron haber causado al pueblo cubano, somos, como pueblo, responsable.

Algo más de lo que somos responsables, particularmente el sector de la clase media y pudiente: la apatía hacia las necesidades de los pobres. He visto fotos de los 80s y 90s con la leyenda de «cuando éramos felices y no lo sabíamos.» Y es cierta, pero no para todo el mundo. Quizás sea porque nos hemos acostumbrado a la idea del «estado paternalista» que siempre ha existido desde el final de la dictadura de Pérez Jiménez, que vemos el sufrimiento de los pobres como un problema del «gobierno.» Comparado con lo que vi en EE.UU y he visto en Reino Unido, el nivel de voluntariado en Venezuela es bien bajo -y no lo digo para negar o denigrar los esfuerzos de las fundaciones existentes. Pero para la mayoría del venezolano, eso de dar dos, cuatro o cinco horas a la semana para ayudar a los necesitados, todavía no computa.

El venezolano siempre ha sido generoso con los suyos, familia y amigos, pero no es dado a extender esa ayuda mas allá de los tickets de rifas de escuela, las canastillas que arman las chicas de bachillerato para el día de las madres o las ferias de Navidad. Seré yo siendo rata, pero no me imagino a una novia en Navidad recibiendo con sonrisa sincera una tarjeta que diga «he donado en tu nombre 10 árboles frutales a una familia necesitada de Acarigua» en vez de recibir una pulsera de fantasía. Pero no solo me refiero al dar físicamente. ¿Qué tanto estuvimos pendiente de lo que le ocurría a la gente en los cerros y campos? ¿Qué tanto los incluimos en nuestras oraciones? ¿Cuántas veces, en vez de juzgarlos, nos pusimos en sus zapatos? ¿Cuántas veces dimos o no limosnas, de corazón, sin preguntarnos si la usarían para alcohol o droga, o agregamos al dinero una sonrisa, una palabra de aliento, una pregunta que mostrara interés humano por ellos? Muchos pecamos en esa época, no de maldad precisamente, si no de indolencia. Y esto por no hablar de la gente francamente clasista y racista que los hubo y que las hay. Así que parte de lo que sucede hoy es consecuencia de ese ayer.

Hablemos también  de la democracia. ¿Cuántas veces, en ese tiempo  antes de Chávez, no dijeron muchos venezolanos que lo que se necesitaba era una mano dura, un golpe de estado, los militares al poder para imponer el orden? ¿Cuánta gente caceroleó para que sacaran a Chávez y su combo de la cárcel? ¿O apoyó en su momento a autócratas como Fujimori? ¿Cuántos hoy condenan el blackout informativo que hubo en el 02, en ese par de días que creímos que Chávez en verdad había renunciado y que obviamente la gente no lo había querido tanto, porque no vimos a los rojos protestar en las pantallas de la TV? Yo lo vine a ver aquí en Inglaterra, y que chinche kármico ha sido. En todas las ocasiones que trato de hacer denuncias del blackout de ahora, me sacan el del 2002. ¿Y cuántos hoy en día creen que en verdad se puede crear una democracia verdadera en Venezuela vetando o eliminando políticamente a los chavistas? Así que a nivel kármico, lo que sucede es también consecuencia del pobre entendimiento que sobre la democracia tienen muchos.

Sigamos la conversa con la corrupción, alias viveza venezolana. Más de uno que llama dictadura al gobierno no ha dudado en hacer negocios con el mismo si se le presenta la oportunidad, anotándose en la misma mentalidad de Chávez y Maduro que le dicen barriga verde a Estados Unidos, pero igual le vende petróleo y le compra gasolina.  Nos quejamos de los países vecinos y decimos que se quedan callados para no perder ese tráfico de influencia que sabemos o sospechamos. Pero muchos no dudan en manejar sus propias influencias en situaciones personales. Eso también agrega al karma que se está pagando hoy.

Terminemos con lo del amor a la patria. Cierto que en los últimos días hemos vistos grandes demostraciones de amor  hacia Venezuela, pero vamos para al pasado: a las maldiciones hacia el país en momentos de rabia y frustración tan solo unos meses atrás, cuando el lamentable asesinato de Mónica Spears. Remontémonos a  esa manía que tienen muchos de apreciar mas lo de afuera que lo propio; de ver lo autóctono como gallina que ve a sal, como aquel que jamás bailaría joropo pero se pone botas vaqueras para hacer Line Dancing en el Bar Tejano de la ciudad.  O esas comparaciones odiosas en que el país, quitando las playas, siempre sale perdiendo. Llamar a tus compatriotas -y por ende a ti mismo- flojos, tramposos, vivos, feos, burdos no puede crear buenas vibras hacia el país. Como muchos saben, todo lo que enviamos, se nos regresas. Por triplicado, según las brujas.

Todo lo anterior no pretende negar los abusos que se están cometiendo; no niega las muertes, las torturas, las atrocidades. Pero si vamos a comenzar de nuevo, si el final de tanto dolor y tanto es esfuerzo es una mejor Venezuela, tenemos que actuar desde la verdad. Tenemos que ver en donde se cometieron los errores -y si es posible enmendarlos- para no repetirlos de nuevo. Y sobre todo, tenemos que estar consientes, que todo lo que generemos durante la lucha, en pensamiento, palabra, acción u omisión, generará también consecuencias para el futuro. Por eso el llamado constante de que esta sea una protesta pacífica, que se actué desde la paz interior, que las palabras busque la unión y no mas separación de la que ya hay. Porque lo que se haga hoy y la manera en que realice, hará eco en la eternidad.

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