Etiquetas

, , , ,

Nuestro mayor miedo no es por ser insuficientes.  Nuestro miedo más profundo lo experimentamos cuando somos conscientes de poseer un poder ilimitado en nuestro interior.  Es nuestra luz y no nuestra oscuridad la que nos produce temor.  ¿Quién soy yo para ser bello, capacitado y extraordinario?  Pero yo te pregunto: ¿quién eres tú para no ser así?  Tú eres un hijo de Dios. Sentirte más pequeño no le proporciona utilidad alguna al mundo. No es  de seres iluminados, retraerse y sentirse más pequeños, con el fin de que otras personas no se  sientan inseguras en tu proximidad.  Hemos venido al mundo para exteriorizar la grandeza de Dios que hay en nosotros.  Esta no está presente solo en algunos hombres, sino en todos.  Si irradiamos con luz propia, de manera inconsciente inducimos a nuestros prójimos a hacer lo  mismo.

Existen escritos, enunciados, investigaciones y canalizaciones que indican que nuestra mayor virtud consistía,  en raptar por medio de nuestra intuición y en comunicar y traducir lo que captábamos a nuestra  conciencia. Nos sentíamos uno con todos, con los lejanos planetas e inteligencias, así como con  las más diferentes formas de vida, y de este modo nos podíamos comunicar con ellos. Poseímos el  don del total desarrollo del entendimiento y de la comunicación interdimensional. Éramos capaces de escuchar y comprender el pulso, las melodías y sonidos de todas las formas vivas. Éramos  poseedores del máximo secreto del fluir del agua y del sentimiento de comunicación intuitiva,  un sentimiento de amor profundo. Este secreto está presente en cada uno de manera congénita. Ahora es cuando se empiezan a investigar aquellas cosas que ya eran conocidas por tribus desde hace muchas décadas y a las que nosotros tenemos un acceso evidente. Igualmente podemos acceder a los tonos y melodías de las personas que las emiten de corazón. Detectamos intuitivamente a qué persona y en qué etapa de su desarrollo la tenemos ante nosotros. La respetamos  como a un hermano o hermana, aunque aún esté atrapado en su propio mundo y aún no domine o experimente la libertad de sus emociones y sentimientos.  Nuestro sentir es muy profundo y nuestro espíritu muy abierto.  Ahora se abren de nuevo las puertas, y el conocimiento original regresa de nuevo.

A  continuación te regalo un ejercicio que libera la corriente vital de tus sentimientos. Con frecuencia hay cosas  que solo entendemos con la cabeza, sin querer dar paso a nuestras sensaciones y permitir expresarlas. De esta manera no llegamos a tratar un mensaje en su profundidad. Libera todo el espectro de tu vida sentimental. Elige un espacio y un momento en el que disfrutes de paz y silencio. Concéntrate en la parte de tu cuerpo que ocupan tus sentimientos. Es la parte del cuerpo  que más se dilata, y antes de que tu razón haya captado y seleccionado tu mensaje, este ya lo  ha procesado. ¿En qué lugar se encuentra el centro de tus sentimientos? ¿Qué sientes ahora, en  este momento? Desidia, frustración, abatimiento, miedo, son sentimientos de la carencia. Te demuestran que estás desconectado de tu fuente.  Recorre mentalmente todo tu cuerpo. ¿Dónde sientes tensiones, zonas insensibles o dolor? Simplemente limítate a percibir. Una vez que hayas chequeado tu cuerpo, relájate. Concéntrate en  tu sentir. Percíbelo como si se tratara de unas aguas. ¿Se trata de un lago, de un río, de una  pequeña corriente de agua o de un mar u océano? Deja que ocurra lo que venga. ¿Estas aguas fluyen, están estancadas, son limpias o están contaminadas? ¿Hay animales, plantas u otras cosas  en su interior? Cuando las aguas se te muestren en toda su plenitud, deja que actúe su imagen.  ¿Qué irradiación produce? ¿Qué sentimientos desencadena en ti?  Si la imagen no te gusta, comienza a cambiarla. Utiliza la riqueza de tu imaginación y de tu  fantasía: destapa por ejemplo, un tapón. Deja que el agua corra y que se renueve. Conéctala a  un manantial que emana eternamente, Purifícalo con luz vital dorada. Ponlo en movimiento, provoca una corriente o haz que vuelva a la calma y que se vea su claridad. Deja que la corriente  de la vida fluya de nuevo. Transfórmala en un agua con fuerza y que emane vitalidad.  Cuando tú naciste, estabas unido al gran manantial o fuente de la vida.  Emanaba ininterrumpidamente. Observa a los niños y mira cómo perciben de manera rápida e intuitiva situaciones, deberes, sonidos, ruidos, etc. A lo largo de tu vida, esa energía te ha sido  usurpada por medio de prohibiciones, reglas, bloqueos, episodios de conmoción.  Tus aguas internas te muestran tu estado actual. Trabaja durante un tiempo con ello. Observa en  qué situaciones tus aguas resultan contaminadas, cuándo tu energía es bloqueada y qué es lo que  lo provoca. Al poco tiempo podrás experimentar un cambio en tu interior. Medita con aguas que  fluyen, trabaja con agua.  Vive tus sentimientos. Al finalizar di esta pequeña oración de afirmación y luz: “Mis sentimientos son una corriente pura de vida, unas aguas que emanan vida.  La fuerza de mi corazón me guía en el momento adecuado a los acontecimientos correctos y me  sitúa en el lugar acertado. Así sea.”

Anuncios