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@KaremBarratt

sol invictus

Para la fecha de escritura de este articulo, ya se han celebrado dos fiestas de luz en la espiritualidad universal: Diwali, en la tradición hindú y Januca en la tradición judía. En menos de un mes tendremos tres más:  el nacimiento del Iluminado (Buda); el Solsticio de Invierno/Yule/ Luz de Arturo y Navidad. A primera vista pareciera coincidencia que existan fiestas tan seguidas que celebren de alguna manera la idea de la «luz.» Pero para una nueva disciplina conocida como astroteología, la cuestión tiene perfecto sentido, porque presume que dichas tradiciones se basaron, inicialmente en los cielos para inspirarse en las celebraciones.

La astroteología tiene como premisa que la gran mayoría de los mitologías mundiales (si no todas) están basadas en la observación del aparente movimiento de las estrellas en el firmamento. No hay que confundirla a la astroteología con la astrología, puesto la primera no cree que los astros tengan ningún tipo de influencia sobre la vida de los humanos. Lo que la astroteología propone es algo más o menos así: en los primeros tiempos de la humanidad, la cuidadosa observación de la naturaleza era vital para asegurar la sobrevivencia de la especie humana. Esto se hizo particularmente cierto cuando el hombre cambio la vida de cazador-recolector a la de agricultor. El poder saber cuando se acercaba el tiempo de lluvias, de siembra, de cosecha, de frio, de calor, de inundación era primordial si se iba a tener éxito. Y el gran calendario de la humanidad eran los cielos y las observaciones astronómicas.

Según la astroteología, para el hombre antiguo las estrellas no eran solo luces en el cielo de la noche. Eran seres vivos, pensantes y determinantes (dioses) que parecían moverse en la bóveda celestial en un eterna drama cósmico. En parte como interpretación espiritual de dicho drama, y en parte como manera práctica de trasmitir el conocimiento, el hombre creó historia en base a los diseños y movimientos que percibió en el universo. De dichas historias nacieron los mitos y eventualmente de los mitos, nacieron las religiones. Esto explicaría elementos comunes en religiones antiguas y presentes: la idea de la virgen madre, los 12 seguidores, el dios que muere y renace, la traición, el héroe que lleva a cabo un viaje transformativo. La astrología de hoy fue el semillero de las religiones de ayer. Con el tiempo, lo que inicialmente fue una observación practica para medir el tiempo y adorar a los dioses, dio paso a las escuelas de los misterios, donde los dioses ya no están lejos en el cielo, si no que de alguna manera comulgan con los humanos y traen la promesa de una vida más allá de esta vida.

Uno de esos elementos comunes relacionados con la astronomía,  es la luz y el nacimiento de un dios. Quizás es difícil de imaginar para alguien que vive en un país sub-tropical. Pero en el norte, por estas fechas, el sol apenas sube por el cielo: no llega nunca a estar sobre «nuestra cabeza» al mediodía, si no más bien esta a nivel de los ojos, a veces más abajo. Para el observador agudo, los tres días antes del 21 de diciembre (solsticio de invierno) el sol apenas cambia de posición en su zenit. Pareciera estático -o muerto. Pero a partir del 21, el sol sube un poquito cada día mas -aunque para el desapercibido esto no se nota, ya que todavía quedan dos meses de frio y oscuridad. El hombre antiguo tomó estos tres días previos al solsticio como la muerte del dios sol (o, en el caso de los celtas, para quien el dios muere un mes antes, el anuncio de su pronta reaparición) y el 21 como el nacimiento del dios y con él, el renacimiento de la esperanza, del retorno de la luz física y espiritual y con la luz, el retorno de la vida misma. Los romanos llamaron a la fiesta el día del Sol Invicto y la celebraron el 25 de diciembre, día del natalicio del también dios persa Mirthas.

Originalmente los cristianos no celebraban el nacimiento de Jesús. Para ellos el día verdaderamente importante era el Domingo de Pascua. Algunos creen que esto demuestra que, inicialmente, Jesús era reverenciado como un maestro o profeta y no venerado como un dios. Esto explicaría el porque nadie se tomó el trabajo de escribir  su fecha de nacimiento. Para la astroteología, fue cuando cambiaron las creencias, unos cuantos siglos después, y se vio a Jesús como a un dios,  que su nacimiento cobró importancia y los cristianos adoptaron el 25 de diciembre como fecha de nacimiento de su dios. Algunos astro teólogos, sin embargo, van mas allá, y dicen que, aunque quizás si hubo un profeta itinerante llamado Jesús,  gran parte de su historia está basada en la astroteología y por ello contiene esos elementos comunes que ya mencionamos, como los 12 apóstoles (los doce signos), alusiones a cambios de era (de tauro a piscas), los sabios o magos y demás. Esto se debería no tanto a una necesidad de medir tiempo, si no a la de crear una escuela de los misterios judía.

Independientemente si la astroteología tiene razón, es obvio que los cristianos encontraron ecos de la idea del regreso de la luz en el solsticio de invierno, con la de Jesús como la «luz del mundo.» En un sentido práctico, a la hora de evangelizar era fácil presentar a Jesús como otro dios nacido en la fecha sagrada. Pruebas arqueológicas están demostrando que muchos cristianos iniciales era politeístas y unían a Jesús a su panteón personal. Así que no debe haber sido muy difícil celebrar el 25 como el día del Sol Invicto/Nacimiento de Jesús  y, eventualmente, aceptar a la dios sol y a Jesús como sinónimos.

En cualquier caso, creo que lo importante es enfocarse en la idea del nacimiento de la luz y la esperanza que ello conlleva. Cada fiesta de luz es una invitación a comenzar de nuevo, a renacer, a llenarse de fuerzas y planes, a encontrar inspiración en el nacimiento de lo sagrado, a mantener a raya la parte oscura de la oscuridad, a agradecer la vida que esta ahí, aunque a veces no lo parezca, a comprometernos a traer paz, alegría y bondad al mundo y a hermanarnos, cada vez más, bajo la bandera de la «buena voluntad.»

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