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@KaremBarratt

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Milenios antes de que Moisés bajara de la montaña, ya los egipcios sabían que el que pecaba no iba al cielo.

 

Gracias a Hollywood y a Cleopatra, la imagen que tenemos de los egipcios es la de un pueblo inmoral, cruel, esclavizante, de ritos obscuros y demoniacos capaz de resucitar a una malvada momia para amargarle la vida a los inocentes científicos occidentales.  Afortunadamente, historiadores y arqueólogos han avanzado con los tiempos, no solo a nivel científico, si no también  moral y ahora estudian  la civilización egipcia sin tantos prejuicios y tratando de no amoldar sus descubrimientos a los que otros sectores han dado por sentado sobre las gentes del Nilo.

 

Para empezar, el antiguo Egipto fue una de las civilizaciones más prosperas de la historia, en donde la riqueza llegó incluso hasta las clases bajas, así que si bien es cierto que había personas de humildes recursos, su calidad de vida era muy superior a las de otras personas de su misma clase en otras grandes civilizaciones a través del tiempo. Las mujeres, si bien no totalmente liberadas, tenían muchos más derechos sobre  su propiedad y persona que otras féminas en  el mundo antiguo. Culturalmente,  Egipto tuvo la cualidad de tomar lo mejor de sus inmigrantes y conquistadores, influyendo al mismo tiempo a los extranjeros, hasta amalgamarlos al estilo de vida y pensamiento egipcio.

 

Creo que lo que más me llamó la atención fue la religión. En la mitología del antiguo Egipto, existía una especie de sagrada familia, constituida por Osiris (padre), Isis (madre) y Horus (hijo). Isis  concibió a Horus  a través del espíritu de Osiris y durante la infancia de Horus, tuvo que huir con el bebé en brazos porque el malvado Seth quería matarlo para que no ascendiera al trono. Eventualmente Horus vence y con el tiempo se funde con Ra, el sol y dios supremo. Los egipcios imaginaron una vida después de la vida que suena muy familiar, miles de años antes de que los judíos aparecieran en el mapa. En vida, los egipcios tenían una serie de mandamientos que cumplir, que incluían el no mentir, no robar, no asesinar, no envidiar, no fornicar, no insultar a dios, no ser mal agradecido ni refunfuñón, no causar sufrimiento por causas injustas, etc. Así mismo, había ciertas actividades que complacían a los dioses, así que en estelas funerarias reales, los faraones se vanaglorian de haber dado agua al sediento, comida al hambriento, ropa al desnudo, casa al desamparado; de haber sido padre para los huérfanos, esposo para las viudas e hijos para los ancianos. Si bien es cierto que la familia real practicó el incesto cómo una manera de mantener la pureza de la sangre que los unía a los dioses, al parecer la costumbre no se consideraba pecado para la época, no sólo en Egipto, sino en otras partes. Por ejemplo, el patriarca Abraham estaba casado con su media hermana Sara…y Jehová jamás le criticó la cuestión, sino que lo premió con una nación.

 

Una vez muertos, los egipcios pasaban por una especie de purgatorio, una serie de pruebas que debían pasar para llegar mas rápido al juicio y para las cuales se habían preparado en vida. Una vez superadas estas pruebas, el alma en forma de pájaro con la cara del difunto, llegaba a la gran sala de los dioses. Ahí había una balanza y antes de pesar el corazón del difunto este declaraba todo lo bueno que había hecho y la diosa Ma’at, diosa de la verdad, verificaba que sus palabras fueran ciertas. Entonces se colocaba el corazón en la balanza. Si las acciones buenas superaban a las malas, el difunto iba al paraíso. Si no, había un dios bestia que se devoraba al alma y hasta ahí llegaba la persona (nada de castigos eternos en el infierno).

 

Los que iban para el paraíso se encontraba en una versión mejorada del mundo “real”. Recuperaban sus cuerpos (de ahí lo de la momificación) y todos los símbolos y objetos que sus familiares habían dejado en la tumba, como muebles, libros e imágenes de sirvientes talladas en madera, las cuales cobraban vida y servían al difunto. Ahora, este cielo no era unidimensional. Si el difunto quería, podía visitar el mundo de los vivos, para ver como seguía su familia y hasta podía actuar como una especie de ángel de la guarda, mientras parte de su conciencia continuaba en el paraíso.

 

Otro dato curioso es que, una o dos generaciones antes de Moisés, ya los egipcios habían practicado el monoteísmo. El faraón Amenhotep (esposo de la famosa Nefertiti) erradicó el culto de los demás dioses y creo la figura de Atum, simbolizada por el sol, para expresar la creencia en un solo dios, creador de todo el universo. La religión de Atum duró lo que Amenhotep en el poder y cuando este murió, los viejos dioses regresaron, gracias al apoyo de Ramses II, el faraón con la cual de la mayoría de los estudiosos identifican al faraón que se enfrento a Moisés. En vista de esto, y tomando en cuenta que Moisés es un nombre egipcio, que los Mandamientos judíos son casi una copia fiel de los egipcios, y que ha surgido evidencia que sugiere que el culto a Atum continuó en la clandestinidad por décadas después del reinado de Amenhotep,  se está barajando la teoría de que quizás Moisés fue uno de los muchos hijos de Ramses (tuvo unos 100) que se peleó con su padre por seguir al dios único y fue expulsado con un grupo de seguidores de Egipto. Cierto o no, da que pensar. Especialmente cuando algunas personas aseguran que no hay moral sin religión (y por ello normalmente se refieren a las religiones monoteístas)…pero al mismo tiempo están seguros de que nunca existió un dios Ra o Osiris o Horus. ¿Entonces, de donde sacaron los egipcios sus mandamientos?

 

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