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Odin, King of Gods Nordic Mythology

En entradas anteriores comentando un poco sobre las runas, dijimos que su creación es adjudicada al dios Odín, llamado también Wotan, o Woden entre los germanos, que llevaba el nombre de Grim, el encapuchado.

El nombre de Odín tiene la misma raíz que las palabras viento y espíritu y representaba la naturaleza indómita. En la divinidad del mundo subterráneo de los escandinavos, de los bosques oscuros del Norte, señor de los muertos y de los hombres, de los demonios y del mundo de los espíritus esclarecidos.

En su forma humana, Odín era representado como un guerrero que llevaba armadura de malla y escudo, lanza y espada listas para entrar en batalla. También era un caminante que cualquier persona podía encontrar por el camino, vestido con una larga capa oscura, un sombrero de alas anchas para ocultar que le faltaba un ojo, y los cabellos encanecidos, largos hasta los hombros. Se decía que su mirada con el ojo que le quedaba, de un color celeste profundo, penetraba agudamente en el alma de quien se le cruzara. Sacrificó su otro ojo a cambio de la sabiduría que obtuvo de la fuente de Mimir.

Odín iba siempre acompañado de su caballo de ocho patas llamado Sleipnir, de dos cuervos y dos lobos. Su palacio era llamado el Valhala y era el sitio adonde iban los héroes que habían muerto con honor en la batalla.

Para obtener el conocimiento de las runas, Odín hizo un ritual de autosacrificio. En primer lugar, se abrió el cuerpo con la punta de su lanza y luego se ató a Yggdrasil (el árbol de la vida). Durante nueve días no probó bocado ni bebió una gota de líquido. De esta manera se adentró en las entrañas de Yggdrasil y vislumbró las runas. Con un grito de dolor llegó hasta el fondo y las cogió, luego, se desmayó.

En el siguiente poema rúnico se narra la odisea de Odín:

Atestiguo que del árbol ventoso
pendí mecido durante nueve noches,
herido por un lanzazo que sufrí,
por Odín ensangrentado.
Yo mismo como ofrenda para mi, atado a ese árbol
que quien no se sabe hasta dónde llegan sus raíces.

De nadie un mendrugo recibí,
tampoco bebida me ofrecieron,
a las oscuridades profundas,
fui a arrebatar las runas
que con recio alarido conseguí
para caer luego anonadado.

Mi bienestar así adquirí y también sabiduría,
con felicidad y gozo crecí de palabra en palabra,
y el poder entero bebí, al hecho en hecho convertí.

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