Etiquetas

, , , , ,

La Vid

Art by John Hays

Hoy comienza, según el calendario arbóreo celta reconstruido por Robert Graves, el mes de la Vid.

La Vid (Vitis) es un arbusto leñoso de la familia de las Vitáceas, de tronco retorcido y ramas nudosas y flexibles. Sus hojas, conocidas como «pámpanos», son grandes y pecioladas, están partidas en cinco lóbulos puntiagudos y son de color verde. Son, además, la parte fundamental de esta planta, cuyo tronco y sarmientos sólo sirven para transportar el agua y los componentes minerales.
Es muy longeva y puede alcanzar el centenar de años, aunque tarda entre tres y cinco en madurar, tiempo durante el cual no produce frutos.

Su fruto es la uva, que nace en racimos de entre seis y trescientas, pudiendo ser negras, moradas, amarillas, doradas, púrpura, rosadas, marrones, anaranjadas o verdes (estas últimas llamadas «uvas blancas» son en realidad una mutación de la uva roja). La uva es muy nutritiva y rica en vitamina C, tiene propiedades laxantes, depurativas y es rica en ácidos orgánicos (tartáricos, málicos, cítricos…).
Seca recibe el nombre de «pasa» o «sultana», aunque en esta forma posee mayor concentración de fibra y azúcares.
Además de su cultivo como fruta se utiliza, principalmente, para la obtención de vinos, cavas, vinagres y derivados.

El sabor del fruto de las vides de cultivo es dulce, por el contrario las vides salvajes o silvestres, no cultivadas, poseen unas hojas más ásperas, y las uvas son pequeñas y de sabor agrio.

Las condiciones de cultivo para esta panta requieren de climas suaves, sin inviernos demasiado fríos y húmedos y veranos cálidos, ni demasiado húmedos ni demasiado secos. Suele prosperar en climas tropicales o sub-tropicales.
La vid permanece aletargada durante el invierno a la espera de que el tiempo mejore para recobrar sus funciones vitales, asi, en marzo comienza el proceso conocido como el ‘lloro’ de la vid. La planta despierta, la savia se pone en movimiento y empiezan a surgir los frutos, al principio verdes y muy pequeños por su gran carga de clorofila. Después el verde del fruto se va perdiendo y pasará a ser rojo, negro, blanco o amarillo. Los ácidos que en ese momento predominan en el fruto irán cediendo terreno a los azúcares debido al proceso de maduración, gracias a lo cual tomará ese característico gusto dulzón.

El cultivo de la vid es una de las actividades agrícolas más antiguas. Los orígenes de la planta se remontan al Terciario y se encuentran en Asia Menor y oriente Próximo, mientras que las referencias a los primeros cultivos nos hablan de China, donde hace 4000 años ya se conocía el proceso de fermentación de la uva y de los antiguos Mesopotamia y Egipto, desde donde se exportaron a Grecia y Roma y por ende a toda la Europa mediterránea aunque existe una teoría según la cual la vid no habría sido exportada desde Grecia y Roma al resto de Europa sino que su cultivo habría surgido al mismo tiempo en diversos lugares del continente.

Existen unas 6.800 especies de vid, aunque sólo una minoría (aproximadamente un centenar de ellas) son utilizadas para elaboración de vinos, el resto a menudo son utilizadas como portainjertos o patrón de las viníferas para evitar que las raíces sean atacadas por la Phylloxera Vastatrix, la famosa plaga que arrasó todo el viñedo europeo en el siglo XIX. Las especies más importantes para la agricultura son «Vitis Labrusca» (natural de Estados Unidos y Canadá) , «Vitis Rupestres», «Vitis Riparia» (natural de Norteamérica, desde donde se extendió a Quebec) y «Vitis Vinífera», siendo esta última la tradicionalmente cultivada en Europa y Asia Central.

En todas las civilizaciones antiguas el cutivo de la vid tuvo gran repercusión en la religión (probablemente por las propiedades intoxicantes de su fruto fermentado, que en la antigüedad, muy a menudo se utilizaban con propósitos místicos y religiosos, además de festivos).

El vino es considerado desde antiguo un potente afrodisiaco, de hecho su nombre latín «vinum» procede del griego «oïvoç» y del sánscrito «vana» que significa «amor», y es raíz de las palabras «Venus» y «Venerea», lo cual prueba su importancia y su estrecha relación con las diosas y dioses de la fertilidad de la mayoría de las culturas antiguas.

Una inscripción sumeria menciona a la diosa «Gestín», cuyo nombre significa «madre cepa» y que fue llamada «Geshtinnana» por los acadios, siendo una diosa del vino y la fertilidad. Posteriormente encontramos en la misma civilización a dos diosas del vino más tardías «Paget» y «Siduri», esta última aparece en la «Epopeya de Gilgamesh» cuidando un viñedo cuyo fruto da de beber al rey y héroe épico.
Otro dios sumerio del vino recibía el nombre de «Pa-Gestin-Dug» («Buena Cepa»), cuya esposa era «Nin-kasi» («Dama del Fruto Embriagador»).

En el antiguo Egipto encontramos a la diosa del vino y las serpientes, Renen-Utet, mientras que un antiguo manuscrito nos presenta a Osiris, dios de la fertilidad y la agricultura, como introductor del cultivo del viñedo.

En las civiliazaciones griega, fenicia y romana el cultivo de la vid gozó de gran importancia.
Los fenicios imprimían en algunas de sus monedas un racimo de uvas, mientras que griegos y romanos tenían dioses asociados a esta planta y al vino: el griego Dionisos (aunque su culto era importado, probablemente desde Anatolia, razón que explicaría la leyenda según la cual el dios había inventado el cultivo de la vid, ya que fue desde Oriente Próximo desde donde el cultivo de esta planta llegó a Grecia) era un dios de la fertilidad, el vino y la embriaguez, que fue asimilado por los romanos como Baco (quien sustituyó al antiguo dios de la fertilidad, el vino y el delirio místico Liber Pater) ; también Príapo, un dios menor de la fertilidad, estaba asociado al vino y los productos de la huerta.
Tanto Dioniso como Baco cuentan, entre sus atributos, con los pámapanos (hojas de la vid), con los que suele representárseles coronados.
La mitología griega nos cuenta que en su juventud, Dioniso encontró un frágil tallo de parra, sin pámpanos, racimos o fruto alguno; como le gustó, decidió hacer algo para preservarlo: en primer lugar, lo introdujo en un huesecillo de pájaro, dentro del cual el tallo siguió creciendo hasta que Dioniso tuvo que trasplantarlo al interior de un hueso de león. Posteriormente, hubo de pasarlo a un hueso de asno, de mayor tamaño. Al tiempo, el tallo se convirtió en una parra y dio su fruto. Entonces descubrió Dioniso las propiedades de su zumo fermentado. En esta leyenda encontramos una metáfora acerca de los estados que el vino produce en quien lo bebe, a través de los diferentes huesos a los que la parra fue trasplantada: bebido con moderación el vino infunde vitalidad (el pájaro), un poco más otorga bravura y osadía (el león), mientras que demasiada cantidad anula nuestros sentidos, fuerza e inteligencia (el burro).

Otra leyenda nos cuenta que fueron Eneo y el hijo de Ariadna y Dionisos, Estáfilo, quienes descubrieron el vino. Estafilo era pastor del rey Eneo de Calidón y un dia, al ver que una de sus cabras tardaba más que ninguna en volver al redil y que cuando regresaba lo hacía más contenta, decidió seguirla. Así descubrió como la cabra comía el fruto de un arbusto nudoso, la uva, y tomando un racimo lo llevó a su rey , Eneo (de cuyo nombre deriva precisamente el nombre de la ciencia que estudia el vino, la Enología) quien elaboró el primer vino.

Tanto Dionisos/Baco como su culto representan el desenfreno y el misticismo dentro de las mitologías griega y romana. Encontramos en este sentido en la mitología griega a las Ménades y en la romana a las Bacantes, dos grupos similares (aunque no deben confundirse) de mujeres que rendían culto a Dioniso/Baco con rituales llenos de desenfreno para potenciar su propia fertilidad y la de la tierra y entrar en contacto con los dioses. Según algunos mitos Dioniso/Baco, vivía dentro de cada vid, así, su festividad era celebrada dos veces al año, una durante la cosecha (en la cual el dios «moría» al ser recolectadas y estrujadas las uvas para extraer el vino) y otra al descubar el vino (durante la cual el dios volvía a renacer). Encontramos en estas festividades el tradicional ciclo vida-muerte del «rey sagrado», que también podemos ver en la figura del egipcio Osiris.

Según la tradición cristiana el vino habría sido descubierto por el patriarca Noé, que tras el diluvio planto una vid, con cuyo fruto selló su alianza con Dios. De hecho para los cristianos el vino está íntimamente relacionado con sus ritos religiosos, siendo el símbolo de la sangre de su dios hecho carne en la eucaristía.

Para los celtas Branwen, hermana de Bran el Bendito y diosa de la fertilidad y el amor, estaba asociada al vino. Otras divinidades asociadas al vino fueron Etain y el pueblo divino de los Tuatha De Dánann.

El cultivo del viñedo y el vino llegaron a la Galia celta y a los germanos a través de Roma y allí se popularizó, llegando a ser la bebida predilecta de los dirigentes, jefes tribales y reyes y destinada a los nobles y personas de prestigio, ya que el pueblo celta continuó bebiendo la «corma», cerveza de trigo mezclada con miel.
Pronto los habitantes de la galia central aclimataron el viñedo y para sorpresa de los romanos, que no pensaban que pudiese dar fruto en tan altas latitudes, llegaron a conseguir tan buenas vides y vinos que ellos mismos se convirtieron en sus mejores clientes.
Los romanos también introdujeron el viñedo en Britania, pero alli, los enfriamientos posteriores forzaron su desaparición.

Durante el mes tiene lugar la festividad o Sabbat de Mabon o Alban Efed, el Equinoccio de Otoño.

A pesar de que no se trata estrictamente de un árbol la vid ocupa el décimo lugar en el calendario arbóreo celta reconstruído por Robert Graves, abarcando del 2 al 29 de Septiembre.
De hecho se trata del único «árbol» que no podemos encontrar entre las especies autóctonas de Irlanda o las Islas Británicas hecho que podría explicarse o bien porque, como Robert Graves nos dice, el Ogham fue también importado del continente en épocas muy primitivas o bien porque en un principio este mes estaba asociado con un árbol originario de las islas (probablemente la zarzamora, de la cual también se extraía un vino, aunque mucho más tóxico que el de la vid) que posteriormente y por similitud, habría sido sustituído por la vid.

En el alfabeto Ogham recibe el nombre de Muinn y se asocia a la letra «M», aunque al ser la importación de la vid posterior a la creación del Ogham, se cree que en un principio Muinn estaba asociada a el arbusto de la zarzamora con cuyo fruto también se elaboraba un vino ritual.

Según las leyendas celtas fueron los Tuatha de Dánann («Gente de la Diosa Danu», pueblo divinizado, quinto grupo de habitantes de Irlanda según el «Lebor Gabala Érenn» o «Libro de las Invasiones») los que introdujeron la vid en Irlanda, auque esta no prosperó.

Pese a que el vino, tras ser introducido por los romanos, se hizo muy popular, algunos pueblos celtas no lo bebían ya que consideraban que pertenecía al pueblo de las hadas.
Los celtas bebían el vino sin diluir, a diferencia de griegos y romanos, lo cual horrorizó a los comerciantes y reforzó la idea de los celtas como pueblo «bárbaro».

Para los celtas la vid simbolizaba la iniciación y el conocimiento sagrado, sus ramas entrelazadas y nudosas simbolizan la dualidad y la oposición, el equilibrio entre los opuestos: la vida-muerte, lo mortal-inmortal. La vid representa el poder de la tierra, que otorga la vida, la muerte y la resurrección. Su aparente “muerte” en el invierno para “resucitar” en la primavera es el símbolo perfecto de la muerte y renacimiento del dios, que completa el ciclo agrícola.
El vino era un líquido «sagrado» que para muchos pueblos antiguos, entre ellos los celtas, simbolizaba la sangre de los sacrificios.

La vid y el vino también son símbolo y fuente de inspiración de los poetas y bardos, representan el despertar de los sentidos y su exhaltación.
La vid y el vino se asocian a la felicidad, la vitalidad y la alegría.
El vino posee también propiedades afrodisíacas que hicieron que estuviese asociado a los dioses y diosas de la fertilidad en la mayoría de las culturas antiguas..

Los nacidos durante el Mes de la Vid se dividen en dos grupos (como ocurre en todos los meses arbóreos celtas): los individuos de la «Luna Nueva», nacidos en las dos primeras semanas del mes, y los de la «Luna Llena», nacidos en la segunda quincena.

En general los nativos del mes de la Vid son personas autoritarias y con un carácter fuerte, aunque tras su dura apariencia encontramos una gran vulnerabilidad y romanticismo, aunque son bastante reacios a expresar sus sentimientos.

Los nativos de la vid suelen mostrar un carácter y características duales y sus emociones son bastante fluctuantes a pesar de su apariencia tranquila y de que parecen tener siempre todo bajo control.

Poseen gran creatividad, habilidades sociales y de liderazgo, aunque la ambición no es una de sus características principales y tienden a ser bastante indulgentes, tanto con los demás como consigo mismos.
A la hora de alcanzar sus objetivos tienden demasiado a aplazar lo que deben hacer y a menudo se decepcionan cuando no alcanzan sus propósitos…es por ello que una de las lecciones más importantes que deben aprender estos individuos es a equilibrar sus ambiciones, la «siembra» y la «cosecha» y no esperar resultados cuando no han realizado ningún esfuerzo.

De naturaleza sensual los nacidos en el mes de la Vid también deben aprender a equilibrar sus emociones, pues el autocontrol con el que se muestran de cara a los demás a menudo resulta dañino para ellos mismos.

Los nativos de la Luna Nueva son más abiertos y propensos a demostrar sus emociones, entusiastas por naturaleza, son buenos compañeros a la hora de prestar apoyo aunque a menudo sufren mas acentuadamente problemas de aceptación consigo mismos y su vida.
Los nativos de la Luna Llena son más sensuales y preocupados por disfrutar de los placeres de la vida, poseen una gran compasión e indulgencia que a menudo se extiende demasiado a ellos mismos.

Anuncios