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Vogelfink

«En olas de paz infinita nadaba mi respiración. En olas de sueños múltiples de la primera frecuencia. Y el oído y el corazón lo recibían con agrado».

Mensaje:

«Me gustaría ayudarte a encontrar la preciosa alhaja que perdiste hace tiempo y por la que sientes una profunda nostalgia. Todas las cosas parecen tener dos aspectos distintos y diferentes entre sí… Sin embargo, ambos forman parte  de una sola Realidad, del único Manantial del que nacen todos los ríos del Universo. La oscuridad y la luz, la noche y el día, el fin y el inicio, el arriba y el abajo; todos estos aspectos se reflejan el uno en el otro… Estos son los juegos de la mente que se interfiere en el penamiento. Todo es Uno. Nosotros somos una unidad. Esta es la realidad. La dualidad es la Unidad que se divide para manifestarse, pero las dos presuponen siempre una, al igual que tus manos cuando se unen sobre tu pecho en forma de plegaria».

Sugerencia:

«La misma dualidad que podemos observar en la Naturaleza o intuir en los distintos planos de la Creación también se manifiesta de forma evidente incluso en el hombre. Quizá hayas advertido  que, de vez en cuando, sueles experimentar una lucha interior, un contraste entre dos fuerzas opuestas que estorbaban tu mente haciéndote muy difícil encontrar un equilibrio. En estas fuerzas no está, es una el bien y la otra el mal. Ni una es mejor o más poderosa que otra, puesto que ambas son como los platillos de una balanza unidos entre ellos por un eje central que los sostiene a ambos… Y uno no puede hacer nada sin el otro y, en el impulso con el que uno impulsa al otro es dónde reside la búsqueda del equilibrio y de la compensación; es donde se encuentra la búsqueda de la armonía. De hecho, la armonía, donde quiera que se manifieste, es la expresión de ese equilibrio. En la Naturaleza existe una continua revelación y compensación de fuerzas que parecen contrapuestas, pero aquel que sabe observarlas puede llegar a conocer el secreto, porque todo aquello cuanto sucede fuera también sucede dentro de nosotros y cada cosa se halla unida a la otra, al igual que las perlas de un collar, al igual que los círculos que se forman en el agua, cuando arrojamos una piedra, al igual que las ondas que transportan los sonidos… La inspiración y la expiración, lo masculino y lo femenino, el dar y recibir… Todas las cosas han sido creadas en la perfección. El cuerpo del hombre es la reproducción de ese equilibrio, es el libro en el que está escrito el secreto del equilibrio… Cuando el hombre logre poner de acuerdo los opuestos que se agitan en él y consiga equilibrar las fuerzas que parecen querer dividirlo; cuando se dé cuenta de que aquello que percibe como una dualidad, en realidad no es más que una apariencia y, cuando aproximándose al centro de sí mismo, sienta nacer la armonía en él, entonces estará en contacto con el centro de la creación misma, con el manantial del que han nacido todos los ríos del Universo y habrá realizado el trabajo de un gran alquimista… Entonces, podrá reunirse con la Unidad y será un hombre nuevo. Al encontrarse frente a los dos platillos de la balanza, el hombre se ha creído que debía o podía escoger uno de los dos, creando así el desequilibrio que lo ha dividido, que lo ha separado de la Armonía del Universo.

Por ello, ahora, nuestro trabajo debe partir de nuestro centro, de nuestra columna vertebral , por así decirlo. del eje que sostiene las dos mitades de nuestro cuerpo. Y, desde este nuevo punto de vista, podremos observar nuestra… dualidad para comprender que la única búsqueda que debemos realizar es la de unir todo aquello que nos separa de nosotros mismos, de nuestra verdadera esencia. La figura de un hombre con los brazos abiertos es como el símbolo de la balanza, o como el de la cruz, en la que el punto que une la horizontal y la vertical se encuentra en el corazón: el centro de los sentimientos y del amor. Y el amor es la gran fuerza de cohesión, el principio que anula cualquier división, que elimina los confines, que derriba los muros de nuestros límites. El amor es algo que debemos aprender para que, en cada uno de nosotros, pueda llegar a producirse el equilibrio que buscamos con tanto afán y, así podamos llegar a convertirnos en un sonido armonioso, en un verdadero canto de alegría».

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